2 mar. 2007

Maestro en existir.


Cuando el ser humano provoca una catástrofe con fatales consecuencias se enuncia la fórmula general, “el hombre es su peor enemigo". Cuando esta concepción se individualiza, uno puede decirse a sí mismo: soy mi peor enemigo.
La frase conduce a reflexión y me inclino a pensar que es un sentimiento sano y lúcido que nos mantine buscando nuevos sentidos a nuestra existencia.
Los humanos contamos con la facultad de la interiorización, tenemos la sensación de “llevarnos puestos”. Tenemos conciencia de nosotros mismos. Y el tener capacidad de pensar en nosotros mismos hace que topemos con unos límites naturales. La supervivencia nos obliga al trabajo, necesitamos desesperadamente la convivencia con los demás, etc.
Además, existen otros tipos de limitaciones adquiridas, que nos oprimen como fajas y que nos arrebatan la paz. Son actos, criterios, reflexiones, modos de vida, etc., basados en usos convencionales, que la fuerza de la costumbre -ver, hacer y ver hacer- nos impide analizar e identificar. No deberíamos tener reparos para reconocer que hacemos muchas cosas sin saber por qué las hacemos. Vivir no es fácil para nadie.

En definitiva, el ser humano sabe que existe, “cree” que todo esto tiene un propósito y es el único animal que sabe a ciencia cierta que va a morir. Quizá sean estos los motivos principales por los que entra en conflicto con tanta facilidad y frecuencia, a lo largo de su vida.
Está claro que cada persona tiene su forma de ser y se encuentra avalada por el conjunto de sus experiencias. Pero tarde o temprano, aquélla que es inquieta y exigente entra en crisis; no se conforma con las cosas tal y como están, ni tan siquiera consigo misma.
Creo que no hay ningún método concluyente para superar las crisis. Sin embargo, la felicidad está a la venta. Nos venden libros para ser más felices, nos venden psicología, disciplinas físicas, músicas, etc. Y se nos intenta vender todo esto porque lo verdaderamente cierto es que la insatisfacción está a la orden del día, es la nota común. En realidad, lo que la mayoría de las personas quiere son remedios fáciles y rápidos para poder permanecer a gusto y sin sufrir dentro de la cárcel en la que están inmersos. Esto, se ha convertido ya en "lo normal".
Los modos corrientes de encontrar calma son solo parches para disfrazar el desencanto; son paliativos que producen alivio temporal. Sus efectos caducan porque lo que se busca es “escapar”y no llegar al fondo de las cosas. Hay mucha prisa por adquirir la felicidad, aunque ésta sea postiza: felicidad artificial.
Comprender quiénes somos es una tarea para toda la vida; es una labor que requiere un esfuerzo diario. No se es maestro en existir. Estamos cambiando constantemente. Cada día que nos levantamos somos un novato que ha de afrontar cambios. Si los cambios son muy pequeños, la lección que aprendimos ayer, si no somos exigentes, todavía nos podría valer hoy. Pero la inevitable intromisión de un parámetro diferente, por muy pequeño que sea, alterará el resultado y afectará a nuestro grado de satisfacción. Podemos resolver muchos problemas de física de un determinado tipo y decir, “todos son iguales”. Y en realidad no es así. Puesto que cada problema incluirá una pequeña variación, tendremos que abordarlo con los mismos conocimientos necesarios para resolverlo, pero como si fuera la primera vez que lo vemos, como un problema único. En la vida no sucede de forma diferente; tenemos referencias que ayudan y debemos pararnos a pensar cada poco, porque cada instante es único.
Nadie sabe más de nosotros, que nosotros mismos. Pero hay que armarse de paciencia y valor para hacerse las preguntas correctas.

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