
He descubierto que se puede dejar de querer a una persona, involuntariamente.
Nunca hablo del amor, es cierto, porque no he encontrado las suficientes palabras en las que me cuajen todos los sentimientos. Hay quien tiene mucha facilidad o sensibilidad, lo reconozco, o mucho acumulado y, generosamente, lo va soltando mientras camina.
Se deja de querer por muchos motivos; pero en mi caso ha sido por realizar alguien un acto malicioso contra otra persona, a quien por cierto no conozco, y su intención es para mí incomprensible. ¡Y presumía de ello, con orgullo! Pues sí; se puede dejar de querer porque, aún conocidos el motivo y empeño que empujaban su actuación, por más que me esfuerce, no los comprendo.
A veces pienso que somos mendigos del amor. Digo mendigos por la forma en que lo buscamos, tan desesperadamente... que su falta muchas veces conduce a la muerte, como si nos faltase el alimento más básico. Como mendigos podemos pedir comida, compañía, amor... somos animales de sangre caliente, es lógico; y cada vez necesitamos más para sobrevivir.
Quisiera encontrar una palabra que contenga esa ausencia del no-querer. Debería existir una expresión contraria a querer que no tenga que ver con el odio, la indiferencia ni comparta raíz siquiera. Si lo contrario de maldad es bondad, lo contrario de malicia será buenicia. Y para no-querer.... preciso de una palabra -una metáfora quizá- que me sirva para nombrar esa... “cosa”.
Creo que la corona a la mendicidad humana se la voy a poner a la comprensión: comprender a otros y ser comprendidos.
No pido pan. No pido amor. Solo pido Comprensión. Hoy es mi reina.
Fotografía: web