10 jun. 2007

La Redención de la Naturaleza


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Fotografía: Galatea


No me gusta leer noticias y nunca lo hago. Pero, por casualidad, he encontrado ésta:
Bush aborta el posible pacto para fijar límites a la emisión de gases de efecto invernadero.

Y, también, ésta otra:
Cientos de millones de personas se verán afectadas por el deshielo y la disminución de glaciares y cubiertas de nieve como consecuencia del cambio climático, según ha advertido el Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUMA) en un nuevo informe.

La Naturaleza se nos muere.

Huir de las noticias es muy difícil, porque de lo malo siempre te acabas enterando. Hoy me he desanimado y he empezado a pensar. No he conocido el mundo sin guerras, conflictos o problemas. Encima la Historia ilustra de lo lindo: entran unas ganas de dejar de leer… Pero no es posible, al menos para mí.
Nací el año en que se murió Einstein. Fui uno de esos cachorros con patas largas y pies grandes que no produjo cambios a su alrededor, exceptuando el volumen desalojado en el espacio y las consecuencias normales de su existencia. Lo recuerdo todo en color sepia: luz a ciento veinticinco voltios, televisión con transformador y con la casa de Pepito íaaa, íaaa, hoó, dentro. Casi todas las personas con las que hablo, que son de la misma quinta, tienen recuerdos en sepia, como yo. Una época fea y triste. Teníamos poco y nos conformábamos porque no había mucho más. No había otra cosa. Cuando al crecer fui comprendiendo un poco soñé con un futuro más luminoso y alegre. Estrenábamos la palabra libertad. El futuro consistió en abordar una transición personal que viajaba con más rapidez que el río que nos llevaba, el cual, a su vez, también estaba mutando. La situación, pese a la lucha y las esperanzas que lograba concebir, era agotadora, incómoda. Un día se desvanecieron las esperanzas. Así, de golpe. Tendría ya unos treinta y pico. Por primera vez presenciaba conscientemente desatarse una guerra, desde el principio. La Guerra del Golfo. No como antes, que cuando tenía conocimiento de ella llevaba tiempo el conflicto. La esperanza pasó entonces a ser un acto de fe, una plegaria, cualquier cosa, irreal. Dejé de usarla.
Ahora resulta que el planeta se está muriendo desde hace mucho tiempo. En definitiva, que no he tenido tiempo para apreciar las bondades del mundo. Si las ha habido han estado dispersas, han sido pequeñas o han permanecido ocultas por los desmanes humanos. A veces parece que vivir es como ascender por una duna; tras la dificultad, en la cima se cierne la gran amenaza: nos quedamos sin planeta, sin casa.
Coincidiendo con las manifestaciones del cambio climático, mi jardín ha experimentado un crecimiento espectacular, alarmante por lo rápido y raro. Me da pena. Porque, cada vez que lo miro me doy perfecta cuenta de lo que está sucediendo. He nacido en un mundo hostil e incómodo, donde me siento echando las últimas miradas; porque la belleza que hoy observo, quizá no volveré a verla nunca más. Al contemplar lo que queda siempre pido el mismo deseo: que la memoria me acompañe hasta el final.

El escritor lituano, Romain Gary, (1914-1980) a través de su novela Las Raíces del Cielo denunció que “el cielo ha plantado en la Tierra unas raíces que nadie tiene derecho a arrancar.”
Y antes, el florentino, Giovanni Papini, (1881-1956) en la Redención de la Naturaleza escribió:
“La Naturaleza espera y gime esperando la imposible redención, la reconquista de la reluciente belleza del principio.
Esperan en aquella fúnebre paz los tallos floridos, esperan los manantiales polvorientos, esperan el fruto escarchado y el animal herido, esperan las minas de los cerros, los vedes caminos de los ríos, los áspides de los pedregales, las palomas asombradas, las vacas tumbadas en los establos, esperan todos los animales creados y humillados, los que han caído junto al hombre, por culpa del hombre, y que esperan del hombre reintegración y alivio.
La Naturaleza anhela y espera en esa sumisa estagnación su perdón y su triunfo”.

Ya sé que la escasez de sol produce melancolía. Pero llevamos ya varios días teniendo unas horas de sol. Quizá quede una dulce resaca. O quizá solo esté intentando consolarme de los malas noticias y los oscuros presagios echando la culpa a la ausencia de luz, porque se acostumbra la sangre al cortejo de su música.

18 comentarios:

Mireya dijo...

Hola ,es mi primera vez aquí y me gustó mucho tu blog, yo también tuve esa sensación por estos días, frente a tanto presagio de destrucción y tanto cinismo de los gobernantes empezando por Bush...me sorprendí pensando a donde me gustaría viajar para no dejar de conocer tal o cual lugar antes de que desaparezca!! no será demasiado? creo que lo del cambio climático es cierto, pero no creo que la tierra muera, en todo caso lo hará la humanidad, para el caso da igual , bueno ,creo que hoy no estoy muy optimista ;) saludos y apreovechemos mientras dure, ya me voy a la azotea a tomar sol de otoño!!

Carz dijo...

Existe mucho de egocentrismo en la concepción del cambio climático. Eso no significa que no exista –que existe- sino que la transcendencia del mismo es relativa si sobrepasamos la escala humana. O mejor, sólo es significativa en dicha escala.

Estudios sobre la diversidad del ADN mitocondrial de los humanos que sobreviven (que sólo se hereda vía materna y cuya variabilidad depende de mutaciones aleatorias), demuestran que no provenimos de un tronco común de un millón de años de antigüedad sino, que tal diversidad, sólo explica un punto común de unos ochenta mil años, lo cual, era desconcertante.

La explicación llegó de la colaboración (creo que recordar que un tanto casual) multidisciplinar.

Hace unos 74.000 se produjo la última gran súper erupción: el volcán Toba, en Sumatra, cubrió de cenizas el planeta, las temperaturas variaron hasta veinte grados centígrados, y se estima que las tres cuartas partes de las especies vegetales perecieron.

Y también los humanos estuvimos a punto de perecer como especie: el resto de ramas que se remontaban hasta el millón de años se perdieron. El árbol genealógico humano quedó con sólo una rama, por lo que se explica la escasa diversidad del ADN en las mitocondrias.

Existen pruebas geológicas de que las súper erupciones se vienen produciendo con un periodo medio de unos 600.000 años, pero claro, la varianza del periodo apenas puede estimarse, por lo que la próxima podría ocurrir dentro de un año. El candidato a la siguiente súper erupción es el parque de Yellowstone (mal lo va a pasar el oso Yogui de tus dibujos en blanco y negro) y cubriría de una capa de un metro de cenizas la práctica totalidad de América del Norte. Y vete a saber la variación de las temperaturas que se producirían.

Que el cambio climático producido por el hombre va a ser catastrófico, eso no lo dudo. Que no lo vamos a saber evitar, tampoco lo dudo. Pero se limitará a un cambio socio-cultural dramático (moriremos muchos de nosotros, pero con un poco de suerte espero que sobrevivan grupos humanos con una concepción del mundo más hermanada con la tierra).

Habrá vida en la tierra mientras el Sol lo permita. Y me proporciona una cierta tranquilidad el saber que ni los humanos podremos impedirlo.

Saludos.

Miguel Schweiz dijo...

Hipatia, siento exactamente lo mismo... No pondría ni sacaría niguna una frase. Quizás una palabra y todo lo que conlleva: impotencia. Porque a pesar de actuar continuamente, de no quedarse esperando, de insistir con las ideas, con la actitud y la acción, todo parece indicar un rumbo que difiere a los sueño por un planeta sano, que no diera lugar a la melancolía por lo que fue. Pero todo se transforma, nos queda esperar que ese cambio sea un producto originado por el mismo universo, para evolucionar y cambiar en el beneficio de la Totalidad.

Pescador dijo...

Sabes que el gran problema, somos nosotros el verdadero virus de esta tierra y lamentablemente nos quedamos callados, permitimos que nuestro hogar lo matemos...no hemos aprendido nada aún, somos una mutación perfectamente deboradora que no entregamos nada a cambio, ni siquiera armonía.
Que decepción.

RA dijo...

La verdad que a veces lees el periódico y todo son malas noticias, ¿dónde estan las buenas?. En cuanto al cambio climático, es algo latente y parece que no hay voluntad de pararlo o por lo menos relentizarlo. Algún día nos lamentaremos y será demasiado tarde. Yo por mi parte, intentaré hacer lo que este en mi mano.

Saludos,
RA

Petrusdom dijo...

Al parecer las especies tienen por término medio una duración de once millones de años. Yo confío en que la humana llegue por lo menos a la mitad.
Saludos

RA dijo...

Por cierto hipatia, como te dije he puesto en mi blog el viaje a Escocia.

Saludos,
RA

Hilvanes Y Retales dijo...

Ultimamente pienso que vivimos una época que ni siquiera pasará a la historia. Es destrucción aunque también creación. Pero nos quedan tantas cosas por las que luchar y sobretodo vivir....

escriptorum54 dijo...

Me uno a los que sienten esa impotencia ante lo que ocurre y ocurrirá y aquellos que tienen en sus manos hacer algo de verdad, se sientan, charlan y lo dejan todo hasta el 2050.

Me asusta lo que estamos dejando a nuestros hijos.

gabriel dijo...

Hay un proverbio indio que dice: "La Tierra no es una herencia de nuestros padres, sino un préstamo de nuestros hijos".

Lo de la Tierra es un problema grande, pero creo que al final a todos estos políticos no les quedará más remedio que actuar. Cuando el problema esté delante de sus narices y la Tierra empiece a fallar mucho más seriamente, se pondrán las pilas. Esperemos que no sea demasiado tarde, y hagamos lo que podamos para amortiguar el golpe.

Que Dios nos coja confesaos.

Javier Villegas Ortiz dijo...

También siento esa impotencia, esto me hace pensar, ¿en que contribuyo no arrancando una flor?, si empresas papeleras, constructoras de vivienda y grandes edificios entre otras acaban con los bosques para sus beneficios, ¿de que sirve transportarse en bicicleta? si cada día millones de autos y empresas contaminan el mundo. ¿Que gano cuidando un solo animal si cada día el humano se encarga de maltratarlos y llevarlos a la extinción

Escéptico dijo...

Sí, no me cabe duda de que la situación es preocupante. Pero leer a Carz (¡qué gran tipo!) me ha alegrado. No por el panorama que pinta, sino por recordar que la imbecilidad humana no es definitiva.

FRAC dijo...

En definitiva es una cuestión de vanidad: el hombre se ubicado tan cerca de lo divino...

Pero fíjate que cierta vez, hace un montón de años, murieron los dinosaurios y no se extinguió la vida, la misma vida que habían iniciado las bacterias y que después, a pesar de todo, ha evolucionado hasta conseguir la diversidad de nuestros días. Lo siento, pero no me dejo abrumar, aunque veo la realidad y conozco la problemática del tema medioambiental, y actúo en consecuencia, aunque veo más que probable la desaparición de nuestra especie. Pero la vida es muy corta -creo que tb es hermosa-, yo casi la perdí en una ocasión, o sea que no al pesimismo, gracias, quiero convivir con las florecillas silvestres, el sol, los pájaros, las estrellas, el mar... por lo menos mientras pueda! Mis hijos han escuchado estas palabras un montón de veces...
.

fiorella dijo...

Me encanta esta reflexiòn que hacès respecto a la naturaleza. Me quedo pensando en lo que fuimos y somos.UN beso

Jesús Miramón dijo...

Hola, Hipatia,

es cierto que los seres humanos estamos alterando el equilibrio de nuestro planeta, pero también es verdad que formamos parte de su naturaleza, nuestros actos son una prolongación de ella, por perversos e ignorantes que resulten.

Yo también soy de los que piensan que, lo mismo que los sistemas solares con sus estrellas y sus planetas, estamos condenados a la extinción, sea por nuestros propios actos o por las antiguas fuerzas del mundo. Mientras tanto tenemos el privilegio de estar aquí un instante, formando parte de todo esto, y, en el caso de tener la suerte de haber nacido en una época y un lugar propicios, poder echar un vistazo y explorar, y aprender, disfrutar, querer, ser queridos, etcétera. Nada más. Nada menos.

Carlos dijo...

Hipatia, no se si hemos sido privilegiados o castigados por vivir en esta época de cambios tan rotundos, especialmente concernientes a Gaia.
En todos los siglos hubo guerras, pestes y catástrofes naturales. Hubo milenios de aniquilación y exterminio de toda especie animal, pero…siempre, Hipatia, SIEMPRE, fueron producidos por agentes externos.
Ahora es cuando nosotros mismos nos estamos aniquilando…y sabes? afectamos al perfecto equilibrio universal.
Me gustaría ser Cosmócrator (seguro lo recuerdas)para ver si pudiera dar una mano a esta pobre humanidad, pero como es imposible, ojala me lleves en la Enterprice para ver de lejos el caos…a mi parecer, inevitable…

Te saludo desde Gaia.

Dani Moscugat dijo...

Aún tenemos el privilegio de disfrutar de lo que nos rodea, mas si aplicamos sencillas ecuaciones a los denominadores que afectan a nuestro entorno, el resultado es claro y ya parece más que evidente.
Estoy seguro de que las futuras generaciones preguntarán, al verlas en fotografías, qué son las flores, los árboles, las ardillas, los linces, los hipopótamos...
Viviremos en burbujas de cristal, en constante aislamiento del sol, de la intemperie,...
Tal vez sea pesimista, yo prefiero mirar las cosas como siempre las miro: siendo realista. No podemos depender de que los intereses políticos puedan solucionar algo de lo que todos ya sabemos, porque la política sólo ve números, estadísticas, intereses... La cuestión del calentamiento global y sus consecuencias nace en nosotros mismos, y somos nosotros mismos quienes debemos hacerlo extensivo a los políticos... y si no sirven los que tenemos, sean los que sean o quienes sean, somos NOSOTROS quienes tenemos la decisión de poder derrocarles democráticamente.
Uff, esto da para mucho. Pero insisto, creo que ciertas cuestiones, como las que aquí nos atañen, tienen más de cuestión moral que de cualquier otra cosa. Recuerdo ahora que hasta el mismo Al Gore lo recalca en su documental.
Saludos moscugaéticos.

Dani Moscugat dijo...

Por cierto, recomiéndote este blog por si quieres echarle un vistazo.

http://vicente1064.blogspot.com/