10 may. 2007

El modo de sentir

Entro de puntillas para opinar, con una meditación avalada por un poco de experiencia. Me apetece hablar del sentimiento, en concreto, del amor.
Allá donde me dirijo por la Web encuentro cosas sobre el amor, de lo más diversas. Y tengo la impresión de que todas las formas creadas para hablar y escribir sobre el amor son un modo de transitar a través de sus tesoros, mediante el necesario y delicado saqueo de los significados de la palabra. La verdad es que todos estos modos de usar las palabras contribuyen a mi propósito de caer más hondo en la reflexión.
No puedo evitar la idea de que cada opinión sobre el tema del amor está apoyada en el modo personal de experimentar el sentimiento. Tampoco puedo abandonarme al experimento de amar y dejarme arrastrar sin más: quiero comprender. Por ello tiendo a reducir el subjetivismo e intento buscar otros sembrados desde los que poder analizar su vinculación a la belleza y al desastre.
Entre todos los sentimientos que experimenta el ser humano al encontrarse en el mundo, el amor es uno de ellos: un tema atractivo por innumerables motivos.
Se nos ha enseñado a apreciar las cosas desde lo pequeño, a parcelar las situaciones para facilitar su dominio, con el pretexto de valorarlas y acceder a su comprensión. Tiene lógica: vivir es un experimento de laboratorio donde cada componente es un rey. Pero no se nos adiestra para analizar con rigor esos componentes de la vida por temor a que pierdan el encanto del misterio. Parece que solo interesa tener dominio a través de unas recetas o hábitos que son de utilidad para salvar las situaciones. Y, también, que sin misterio no hay entusiasmo, como si únicamente fuésemos seres propensos a la pasión y punto.

Me doy cuenta de que las circunstancias nos moldean; el mundo que nos rodea nos afecta provocándonos sentimientos y, por lo tanto, entran en la dimensión de la experiencia. El sentimiento es una respuesta del organismo, un modo de evaluar lo que percibe cuando entra en contacto con el entorno. Las percepciones placer/sufrimiento, atractivo/repulsión, bueno/malo, etc., son respuestas a lo real y están relacionadas con nuestra capacidad de conocer, de tal modo que hemos abierto una dimensión efectiva que se traduce en expresiones universales como, por ejemplo, el llanto ante el dolor.
El sentimiento nos arranca una forma de expresión universal –el miedo- y nos incita a un comportamiento -la huída-. Pero la realidad sólo nos promueve el sentimiento, no lo determina; porque tenemos voluntad, con ciertos límites, desde luego, de hacer y de cambiar el estado de las cosas. Es decir, podemos llevar la contraria al comportamiento que nos propone el sentimiento y controlarlo, dejando de huir ante la situación de miedo.

¿Es razonable sentir pánico ante una simple araña?
Nos han enseñado a colocar en una balanza la realidad aun lado, la emoción a otro y sopesar. Para responder a la pregunta, habrá que buscar una correspondencia entre la realidad y el sentimiento que ésta nos provoca, y ver si guardan una proporción exagerada o no. La conclusión parece clara: el sentimiento puede educarse y cabría hablar de los hábitos sentimentales, que es precisamente a donde quería llegar.

Ya en este punto -los hábitos sentimentales- me pregunto qué grado de pureza tiene el amor que siento por los demás y cuánto encierra de préstamo educativo. Porque, como todo el mundo, persigo sentir y comprender la naturaleza del amor ya sea fraterno, solidario, errático, romántico, etc.

Con la literatura y la poesía se ha conseguido liberar a las formas de su sola imagen y se las ha rescatado del silencio. El arte es una excelente manera de medir y ahondar en el asunto de las emociones; así que me pregunto cómo o qué siente en realidad el poeta cuando, tímidamente, solo intuyo que se deja mecer por el sentimiento hasta llegar a un cierto estado de intimidad donde incubar la realidad, que luego eclosionará en bellísimas metáforas.
Aunque no lo parezca, la operación de inspirarse es una acción vigorosa; no sólo es pensamiento lo que fluye sobre el papel: las palabras son un barco y el poeta el navegante que habrá de liberar las emociones que custodia el corazón.
¿Hay alguien que guarde algún otro secreto?


¡Ay, ay, ay, lo que da de sí navegar con la Enterprise!
Saludos inter galácticos.

13 comentarios:

Esceptico dijo...

Veamos, por partes, que este artículo tiene su miga:

No creo que la realidad sea quien promueve sentimientos como el que habías puesto de ejemplo: el del miedo. La realidad sólo nos presenta elementos. El proceso mental que hacemos de los mismos es quien promueve esos sentimientos. Yo, por ejemplo, he aprendido hace poco a coger arañas o avispas cuidadosamente con la mano. Y disfruto enseñándoles a mis hijos a hacerlo.

Nuestros sentimientos están terriblemente contaminados por el concepto freudiano del "super-yo". De alguna manera existen multitud de parámetros externos que los condicionan. Y así el no amar a tu hermano es algo reprobable en esta sociedad.

Hace poco rescaté la entrevista que le hicieron en RTVE a Julio Cortázar (una joya). Allí, al volverla a ver, he descubierto muchas cosas sobre qué ocurre en el corazón y en la cabeza del escritor durante el proceso creativo. Es un documento que me permito recomendarte, caso de que no lo hubieras visto. Puedes acceder a través de mi blog a él, o bien buscarlo en "Youtube".
Un saludo,

Joan.

Adrianófanes dijo...

Hola!!! Primera vez que entro y la verdad que sí...que el tema de los sentimientos presenta algo muy subjetivo pero a la vez común a muchos. Yo también navego por la red y veo infinidad de consideraciones al respecto, seguramente desde la experiencia personal de quienes han tenido su oportunidad. De cualquier manera, también hay un aprendizaje en el ejercicio de ver lo que a otros les sucede. A mí me pasa...Y me dejan pensando mucho tus reflexiones al respecto. Un abrazo.

FRAC dijo...

Hola Hipatia,

Te preguntas qué siente el poeta, ¿extravío?, ¿desorientación?, ¿conflicto? Inquietud, casi con toda certeza. El proceso creativo es incómodo. La satisfacción por lo creado viene después, al contemplar la obra finalizada. Es probable que el artista vocacional no la llegue a sentir nunca, inmerso como está en una búsqueda constante.

Intento aceptar el amor tal como viene. Sin acotaciones, con generosidad, cuestión mas cualitativa que cuantitativa. Con las dosis de olvido necesarias. Y de perdón.

Un gesto de amor puede ser suficiente para creer en él.
Tema potente, atractivo. Para no terminar nunca de comentar.

Buen fin de semana!

Dani Moscugat dijo...

Toda reacción responde a un estímulo... Esto lo leí hace tiempo en uno de los innumerables tratados sobre sicología. Desde aquí partiría en base a comentarte que, en efecto, aprendemos consciente o inconscientemente: vamos estimulando sensaciones infinitas a lo largo de la vida y reaccionamos NUNCA del mismo modo, aun siendo aparentemente el mismo estímulo, probablemente por el conocimiento o la experiencia adquirida.
En lo único que tal vez tenga que diferir en cuanto a lo expuesto aquí, mi querida hipatia, es llegado al punto donde "Las percepciones placer/sufrimiento, atractivo/repulsión, bueno/malo, son respuestas a lo real y están relacionadas con capacidad de conocer, de tal modo que hemos abierto una dimensión efectiva que se traduce en expresiones universales como, por ejemplo, el llanto ante el dolor": debido a nuestra voluntaria y/o involuntaria capacidad de aprendizaje, respondemos circunstancialmente al momento; el llanto ante el dolor, por ejemplo, se traduce como reflejo, como respuesta o mecanismo de autodefensa que se activa para aliviar del sufrimiento o como medio de expresión del mismo, así como la risa responde a un estimulo acumulado en otro lugar distinto del cerebro pero de similar trascendencia puesto que alivia el estímulo con sonrisa o carcajadas.
Podría estar escribiendo horas y horas.
Me ha gustado mucho tu exposición y creo que, al igual que cuando nos cuentan un chiste y reimos si nos hace gracia, el estimulo que provoca cualquier acto de la vida, por nimio que este sea, el poeta suele atesorarlo introspectivamente hasta que su semilla brota en el verde prado de la imaginación en forma de flor multicolor donde hará las delicias de todo aquel que se atreva a dar un paseo por esa alfombra.
Saludos moscugaéticos. Un abrazo mi condesa.

modes amestoy dijo...

Hola Hipatía, me parece profunda y acertada tu reflexión. Gracias por hacernos pensar. No te corregiré, sólo aportaré la certeza de que a mi alma le ha venido muy expresar las emociones a través de la poesía, como tú subrayas.
Cuánto piensas en la enterprise, no?
Un abrazo y gracias por tus comentarios.

peregrina dijo...

A veces los escritores intelectualizamos demasiado. Es como si quisiera imponerse una tesis y como si la vida fuera una imposición dogmática, cuando en verdad la vida tiene más de divagación, de duda y de conjeturas que de tesis, ¿no? Creo que la falta de una literatura de los sentimientos es lo que diferencia, de alguna manera, la literatura argentina de la de otros países de América latina.

Un abrazo....no sé si me expresé bien, sigo con la maldición gripal de los Borg

Petrusdom dijo...

El modo, la forma, las maneras de sentir es cultural, de costumbres interiorizadas a "golpe" de teatro, poesía, literatura o cine. Hoy este último es el modo en que se está modelando la ceremonia del amor erótico, el otro el de la entrega sin contrapartida, el del afecto desinteresado es esencialmente "visceral", humano.
Recibe un cordial saludo

Lady Zurikat dijo...

Nadie me llamo, lo se, pero vi tu comentario en el blog de Peregrina y oh sorpresa, otra dama Trekker como yo!!!! Por fin una!
Es que por aqui, ha pegado mas fuerte la Guerra de las Galaxias que todo lo que parecia fantasia y despues se hizo realidad en Star Trek. Por suerte no tengo virus borg, se ve que debo venir mestizada con algun klingon....

Galatea dijo...

Hola Hipatia,
Me encanta que nos hagas pensar tanto. Me leí un par de veces tu post y he tenido que madurar la respuesta.
Evidentemente como dice Dani, todo son reacciones ante causas (ya lo decía Newton con su Principio de Acción y Reacción). Creo como tu que hay reacciones innatas en nosotros y otras aprendidas a lo largo de nuestra vida. Tener miedo como bien dices, es innato; todo el mundo (y animales incluídos) tiene miedo pero lo intentamos racionalizar y vencer. En cuanto a las reacciones y sentimientos aprendidos es un tema más complejo. Creo que como mamíferos somos afectivos y sentimos o necesitamos exteriorizarlo de alguna manera. ¿Qué es aprendido y qué innato? No lo sé y no podemos
objetivizarlo para analizarlo. Y nunca podrás, porque siempre que hables de amor, cariño o incluso del odio, hay circunstancias que no te permiten ser objetivo. Cuando conoces a alquien inmediatamente se crea algún tipo de lazo interno (te recuerda a alguien, te parece gracioso, te da mala espina, etc) y no puedes analizar tu relación con esa persona sin que influyan en ti todos esos lazos.
La única manera de ser totalmente objetivo es no tener ningún tipo de contacto con la persona del análisis, no conocerla en absoluto, así, si te es totalmente indiferente podrás evaluar los datos que te aporten (ojo porque los datos también pueden estar contaminados subjetivamente por las personas que te los aporten). Pero, si la persona te es indiferente... ¿Qué sentimiento vas a analizar con respecto a ella?
Sigue pensando desde la Enterprise.
Un abrazo infinito.

seleucus dijo...

Reflexiones interesantes...

Dédalus dijo...

Cada vez que quise comprender el amor, termine desistiendo antes de volverme tarumba.
Siempre senti que era suficiente con dejar que fluyera en mi y aceptar que lo hiciera, igualmente, en los otros.
No concibo entender el amor; parece que fuera un proposito puramente intelectual, cortical. Sin embargo intento aceptarlo, desde el momento en que me siento colonizado por una enorme desgarga de endorfinas, hasta el preciso instante en que sueño y se que no me cabe el corazon en el pecho.
No escribo para comprenderlo porque me supera; escribo para sacarmelo de encima, cuando me pide puerta... y, encantado, se la doy.

Buen comentario, Hipatia. Feliz semana!

Miguel dijo...

Mi idea es que se trata de un proceso importantísimo como tantos otros que crea el organismo. Suelen decir que es químico, pero evidentemente al tratarse de ello interviene la física, la electricidad, la electrónica...

De no efectuarse este proceso, gran parte de las funciones quedarían anuladas.
Pongamos un ejemplo: un científico se entrega por completo a una determinada investigación, ahí se da un proceso de amor, que puede ser directo por la entrega a ese trabajo en sí o indirecto, por amor a la fama, a ser importante.

Otro, que se dedica de pleno, o sea “se entrega”, al mundo de los negocios, puede ser por amor al trabajo, al dinero, al poder.

Y así sucesivamente.... Puse esos ejemplos porque aunque son muy visibles, no se los suele considerar como parte del proceso amoroso, que en definitiva no deja de serlo.

O sea, para mí, sin todos estos estímulos que crean sistemas de entrega, la actividad sería casi nula.

Carz dijo...

La comprensión es, en última instancia, una nueva creencia acerca del conocimiento relativo de las cosas.
En el mundo del Egipto antiguo, todo queda perfectamente estructurado en la figura de sus múltiples deidades, entre las que destacaban Amón y el hijo de Horus, el faraón. Bajo estas creencias se construyó un sistema estable tanto en el ámbito de la cosmovisión como en el de la sociedad. Más de 3000 años de una civilización que consiguió llevar a cabo construcciones que hasta hoy en día constituyen un reto tecnológico: nuestra tecnología ha aumentado, pero nuestras convicciones sociales son radicalmente distintas.
La ilustración y la física preheinsenbergiana, permitían la creencia de que con suficiente información y capacidad de proceso de la misma, podríamos conocer el estado del universo en cualquier instante (incluido el estado mental en un instante arbitrario de seres ya muertos, o hipostasiar otras condiciones de contorno y predecir lo que habrían sentido seres que no han existido).
Ahora todo ello se nos aparece como erróneo, esto es, lo comprendemos como erróneo, pero estamos tan lejos de la comprensión absoluta como lo está un yanomami en el corazón del Amazonas (y emocionalmente aún más alejados porque comprendemos la variabilidad histórica de los estados de la comprensión.
El problema siempre es la comunión entre el conocimiento personal (o sea, la experiencia directa o diferida a través de otros) y la emoción (o sea, la experiencia vívida ). Los procesos psicológicos han evolucionado y nos han permitido incrementar tanto la inteligencia instrumental y como la abstracta: este hecho ha sido un arma evolutiva inestimable. Pero esa misma evolución nos ha llevado a un incremento de las bases emocionales de los primates, tanto por nuestra interrelación directa con el medio social y natural, como por la proyecciones sublimadas de otros (poetas, místicos, escritores, cineastas, etc.) . Y no sólo eso, sino que las ha hecho objeto de nuestra capacidad de expansión abstracta. De todo esto he escrito en blog de Escéptico, y al leer tu comentario, me he acercado hasta aquí. Últimamente estoy retomando los conocimientos atávicos de distintas sociedades o incluso los invento, quizás porque me sean útiles para metabolizar emocionalmente el presente, quizás porque he comprendido una tautología: la felicidad no depende más que de la habilidad de ser feliz.
Demos un salto y asumamos que el insalvable solipsismo es inexistente. Demos otro salto, al estilo de Hume hispanizándolo un poco: “Yo no puedo estar seguro de que esta mesa existe, pero me voy a jugar sobre ella una partida de mus con mis amigos.”