30 nov 2008

Faros de Destellos



A lo largo del día, entre una tarea y otra, de éstas que se nos imponen y nos imponemos voluntariamente, me llegan fugaces pensamientos que no alcanzo a desarrollar plenamente por falta de tiempo. Son ideas que surgen como los destellos de luz de un faro, saltando en la oscuridad.
El ritmo de luz de un faro se denomina característica, y ésta se compone de un baile de unos segundos de luz entre otros de oscuridad. Cuando los intervalos de tiempo que dura la luz son más largos que los intervalos de oscuridad, se dice que es un faro de ocultaciones; y cuando sucede a la inversa, se dice que es de destellos. En resumidas cuentas, en la brevedad está el valor. En relación con lo que vivimos, ¿sucederá así también?
¿Qué somos los humanos, faros de destellos o de ocultaciones?
Los genios de la física hablan de la “idea feliz”, como algo que surge en un instante: de repente, son heridos por unos segundos de luz certera entre dos oscuridades monumentales. Después, por lo general y salvo excepciones, el mundo de los humanos progresa.
Eudald Carbonell opina que todavía no somos plenamente humanos porque, según él, el proceso evolutivo de humanización todavía no ha concluido. Estoy totalmente de acuerdo. La verdad, pensándolo bien, no sé muy bien donde estamos, si al principio del proceso o hacia la mitad. Pero parece que el final está muy lejos todavía.
Si hay algo que me resulta molesto es lo previsibles que somos. Me pregunto desde cuándo somos así. Nuestra vida está tan rematadamente estructurada que queda poco sitio para las sorpresas. Una sorpresa para mí es, por ejemplo, una idea nueva. Las buenas ideas suelen ser pequeñas y hay que trabajarlas, desarrollarlas e incorporarlas a la vida de uno; así es como se mantienen a flote, porque de no hacerlo suelen caer en un fondo de olvido.
Estoy convencida de que para pescar algo valioso hay que echar unas redes de agujero pequeño en las profundidades de la mente. Es un ir por la vida rescatando pequeñas porciones de lo que somos, que nos irán conformando como más humanos a medida que las vayamos encontrando.
¿Quién se esconde dentro del genoma humano?
Las buenas ideas, aquellas que surgen como breves destellos de luz entre grandes oscuridades, bien podrían ser “apariciones” fugaces de un potencial nuestro, pequeñas intuiciones del futuro o la visita del sueño de una humanidad más hecha, más madura.
Fotografía: Google imágenes.

23 nov 2008

Tarde de Temporal

He perdido la cuenta de los días que llevo sin ver el sol. Y de postre, acaba de entrar un temporal. No cunda el pánico. Es el momento de traer algo agradable que levante la moral, con poesía y música.

Una de Antonio Machado:


Tal vez la mano, en sueños,
del sembrador de estrellas,
hizo sonar la música olvidada
como una nota de la lira inmensa,
y la ola humilde a nuestros labios vino
de unas pocas palabras verdaderas.

Y otra de country: Waylon Jennings and Jessi Colter, con Suspicious Minds


16 nov 2008

Rompecabezas


"Algún día, alguien pulsará un botón y enviará una señal a un satélite que, a su vez, iluminará cinco millones de pantallas desde Albania hasta Zanzíbar. Existe el hardware necesario, sólo hay que programarlo. Si exceptuamoso un pequeño detalle. ¿Qué hay del software? ¿Qué pondremos en todas esas pantallas? ¿Quién lo escribirá? ¿Quién lo dirigirá? ¿Quién lo intepretará? Hay quién está intentando suplantar el factor humano, sustituir el cerebro y el corazón humanos por microchips. Gadgets mecánicos que pueden simular emociones, sueños, risas, lágrimas. Hasta ahora no lo han conseguido. Así que tranquilicémonos. No somos prescindibles. En realidad cuanto más crecen más imprescindibles nos hacemos. Puede que suyo sea el reino, pero nuestros son el poder y la gloria."
(Billy Wilder)
Fotografía: Google Imágenes

8 nov 2008

Las Manos


Las manos son todo un ejemplo de abnegación y encierran una preciosa historia.
Como todo lo que apreciamos en la Naturaleza, no fueron como ahora las vemos sino que se fueron transformando a lo largo del tiempo hasta alcanzar -quizá no definitivamente- su forma actual. Se fueron adaptando a las nuevas necesidades de supervivencia: si la naturaleza cambiaba, nosotros y nuestras manos también lo íbamos haciendo.
Esta mañana, mientras pensaba, tenía la mirada concentrada en las manos. Y por esa deliciosa afición que tiene la mente a vagar dando saltos de una idea a otra, quizá por una u otra cosa que se nos cruza ante los ojos, he acabado pensando en ellas. Generalmente miramos nuestras manos sin ver que en su interior guardan una larguísima trayectoria, y que tuvieron que esperar durante mucho tiempo para quedar liberadas de la locomoción a cuatro patas y conseguir el mejor de los oficios: algo que hacer y que decir.

Las manos han realizado un largo viaje desde que iniciaron su andadura hace algo más de dos millones de años. En cuanto fueron capaces de pinzar con eficacia, el futuro del mundo quedó decidido y su conquista ya solo sería una cuestión de tiempo. Con motivo algunos antropólogos afirman que el “nuevo uso” de las manos nos hizo inteligentes. Y desde muy temprano debieron de tener su importancia; no hay más que ver la gran cantidad de improntas de manos estampadas en las paredes de muchas cuevas prehistóricas.
Además del servicio que prestan a la extraña forma de supervivencia de la que ya somos expertos, contando con los lenguajes fabricados a propósito para entenderse en circunstancias excepcionales, las manos hablan constantemente con sus movimientos involuntarios. Son un eterno elemento parlante, una prolongación de nuestra mente. Entre ellas reposan nuestro corazón cuando acariciamos a alguien, o el odio cuando las impactamos violentamente en su contra. También nuestro futuro, en este extraordinario Planeta, está en nuestras manos.




A Esteve

2 nov 2008

Mártires Hojas

Uvas, granadas, dátiles,
doradas, rojas, rojos,
hierbabuena del alma,
azafrán de los poros.
Uvas como tu frente,
uvas como tus ojos.
Granadas con la herida
de tu florido asombro,
dátiles con tu esbelta
ternura sin retorno,
azafrán, hierbabuena
llueve a grandes chorros
sobre la mesa pobre,
gastada, del otoño,
muerto que te derramas,
muerto que yo conozco,
muerto frutal, caído
con octubre en los hombros.

Poema de Miguel Hernández



He encontrado todas las fotografías en sitios que ofrece Google Imágenes.

31 oct 2008

Meditaciones



He descubierto que se puede dejar de querer a una persona, involuntariamente.
Nunca hablo del amor, es cierto, porque no he encontrado las suficientes palabras en las que me cuajen todos los sentimientos. Hay quien tiene mucha facilidad o sensibilidad, lo reconozco, o mucho acumulado y, generosamente, lo va soltando mientras camina.
Se deja de querer por muchos motivos; pero en mi caso ha sido por realizar alguien un acto malicioso contra otra persona, a quien por cierto no conozco, y su intención es para mí incomprensible. ¡Y presumía de ello, con orgullo! Pues sí; se puede dejar de querer porque, aún conocidos el motivo y empeño que empujaban su actuación, por más que me esfuerce, no los comprendo.

A veces pienso que somos mendigos del amor. Digo mendigos por la forma en que lo buscamos, tan desesperadamente... que su falta muchas veces conduce a la muerte, como si nos faltase el alimento más básico. Como mendigos podemos pedir comida, compañía, amor... somos animales de sangre caliente, es lógico; y cada vez necesitamos más para sobrevivir.

Quisiera encontrar una palabra que contenga esa ausencia del no-querer. Debería existir una expresión contraria a querer que no tenga que ver con el odio, la indiferencia ni comparta raíz siquiera. Si lo contrario de maldad es bondad, lo contrario de malicia será buenicia. Y para no-querer.... preciso de una palabra -una metáfora quizá- que me sirva para nombrar esa... “cosa”.

Creo que la corona a la mendicidad humana se la voy a poner a la comprensión: comprender a otros y ser comprendidos.
No pido pan. No pido amor. Solo pido Comprensión. Hoy es mi reina.
Fotografía: web

28 oct 2008

Lecturas Mediterráneas


"Mi primera obra literaria fue una descripción de "un día de campo", tema de examen de mi tercer año de estudios en el colegio de los Jesuítas de Orihuela. Gané el primer premio, una medalla de plata.- Al siguiente curso, el P. Bernal comentando el anterior me dijo que no me vanagloriase de aquella recompensa porque se me había concedido por equivocación.

No sé cuál de mis libros prefiero, todavía está muy cerca de mí el último..."


Así se expresaba Gabriel Miró en su autobiografía, un hombre para quien cada día era el primer día de su vida de escritor, y cada cuartilla la primera que escribía.
De salud delicada, sensible y minucioso, introvertido y melancólico, innovador y original, este escritor alicantino que afirmaba "al empezar un libro no me propongo nada" era un mago de las palabras.
Sus obras se caracterizan por un riquísimo léxico y sorprendente adjetivación. Para él las palabras no tenían que decirlo todo sino "contenerlo todo".
Entre todas sus obras, elijo "Las Cerezas del Cementerio", novela con la que según los expertos entró en la madurez literaria, "Nómada", historia en la que (cómo no) aparece un Faro y "Libro de Sigüenza".

De las Cerezas del Cementerio traigo un evocador paisaje, para mí muy familiar:

"Los berruecos, oteros y gargantas de los cercanos montes hacían umbrías, y su misterio bajaba torvadamente sumiendo el princpio de los llanos. El riego de sol penetraba en el humo de las tinieblas, y bajo la quieta blancura producíase un alborozo de oro que resucitaba el verdor de los árboles y prados; muy remota, brillaba tendida la grandiosa espada de mar.

Imagen: Google imágenes.

22 oct 2008

Evolucionismo Trasnochado

Encontrábame esta tarde estudiando, cuando en uno de los textos aconsejados por la Facultad para una asignatura me he topado con un fragmento que, si al principio ha despertado mi sorpresa, al final me ha hecho estallar en carcajadas.
El capítulo en cuestión trata de dar una visión histórica de las investigaciones en el Arte Prehistórico y analiza el contexto ideológico de una época determinada en España.

He puesto el fragmento prácticamente entero pues me parece que no tiene desperdicio.


"En 1875, durante la Segunda Cuestión Universitaria, Augusto González de Linares, traductor de Darwin e introductor del darwinismo en España, fue separado por el marqués de Orovio de su cátedra de la Universidad de Santiago tras una fuerte polémica con los sectores más integristas de la ciudad.
Estas posiciones fundamentalistas no desaparecieron con el siglo XIX. Curiosamente, aún después de la aceptación “oficial” de Altamira (1902) los estudios sobre Prehistoria antediluviana estaban “mal vistos” en los ambientes más conservadores por su supuesta interferencia con la narración bíblica. Incluso en 1923 una mediación del equipo investigador que se encontraba trabajando en la famosa cueva de Santillana del Mar, que integraba o contaba con el apoyo tanto de sacerdotes (H. Breuil, H. Obermaier) como miembros de la nobleza de reconocida ideología católica (conde de la Vega del Sella, duque de Alba), evitó una condena expresa del evolucionismo por parte la Santa Sede, condena que, a no dudarlo, hubiera influido negativamente en la posterior implantación de la Prehistoria en España.
Sin embargo, ni siquiera todos los religiosos estuvieron a salvo de represalias: en 1924 Jose Miguel de Barandiarán vio relegada su labor en el Seminario de Vitoria tanto por cuestiones ideológicas, en las que se reflejaba la actitud de una parte de la jerarquía religiosa crítica ante el hombre prehistórico, como por la actitud de una clase política que sesgadamente ligaba el estudio del pasado vasco con el separatismo. Como consecuencia de una prohibición expresa de sus superiores, la sede de Eusko-Folklore debió dejar el seminario para instalarse en la Escuela de Arte y Oficios de la capital alavesa.
Pese a la dedicación al Paleolítico de profesionales tan poco sospechosos de heterodoxia política como Julio Martínez Santa-Olalla, la posguerra española no llegó a superar el miedo al “mono” y tanto en los textos como en las exposiciones académicas se pasaba de puntillas sobre cualquier tema que pudiera rozar, por remotamente que fuera, el discurso creacionista (Moure Romanillo, 1996a).
Cuando en los años 70 ejercíamos la ardua labor de doctorado y “penenariaje”, el órgano de expresión de un grupo político no precisamente progresista expresaba aún su más que vehemente escándalo e indignación porque desde la Universidad se explicase el “evolucionismo trasnochado y ateo”. Personalmente sé lo que es un ateo trasnochador, un evolucionista trasnochador, un trasnochador evolucionista y un ateo, pero lo del evolucionismo trasnochado y ateo nunca he llegado a entenderlo en la profundidad que sin duda merece. He de reconocer, sin embargo, que a algunos de los actuales catedráticos de Prehistoria, el tema proporcionó materia para muchas risas durante los merecidos descansos en nuestras excavaciones en las cuevas cantábricas y que, sin duda, aquellos ratos y otros mejores contribuyeron a nuestra recta educación y crianza. (...)."




Acostumbrada a la seriedad o la objetividad o la asepsia (o como quiera que se llame) de esta clase de libros, encontrar esto, como digo, me ha sorprendido gratamente.
Hasta el próximo eterrizaje.

Dato bibliográfico: Arqueología del Arte Prehistórico en la Península Ibérica, de Alfonso Moure Romanillo. Proyecto Editorial: Arqueología Prehistórica. Editorial Síntesis. 1999. Fragmento: Páginas 37, 38 y 39.

14 oct 2008

El Fundamento Ideal de la Vida

Hoy es el primer día del curso. Mañana empezaré a estudiar y, quizá, ya solo podré Bailar con Lobos.
Estaba organizando la estantería de las asignaturas, cuando he encontrado un librito que perteneció a mi padre sobre comentarios de textos históricos. Como ya no me va a hacer falta, me he decidido a retirarlo, no sin antes acariciar por última vez alguna de sus páginas. En la ochenta, abierta prácticamente al azar, he encontrado: "Costumbres de los pueblos norteños", de Estrabón. Y he picado, claro.
Dice así:

"Las mujeres cultivan la tierra; apenas han dado a luz ceden el lecho a sus maridos y los cuidan. Con frecuencia paren en plena labor, y lavan al recién nacido, inclinándose sobre la corriente de un arroyo, envolviéndolo luego.
Tales rasgos denotan cierto salvajismo en sus costumbres; más otros, sin ser propiamente civilizados, no son, sin embargo, salvajes. Así, entre los cántabros es el hombre quien dota a la mujer y son las mujeres las que se preocupan de casar a sus hermanos. Esto constituye una especie de ginecocracia, régimen que nos es ciertamente civilizado."

Me ha hecho gracia. Estrabón, se fijó en las "extrañas" costumbres de los indígenas de la Penísula Ibérica y destacó lo más chocante respecto a sus propias costumbres y mentalidad. Pero después he pensado sobre las diferencias entre unos pueblos y otros, y esa mala constumbre que tenemos de distinguir a unos de otros, como más o menos civilizados. En concreto, el término salvaje, referido desde la civilización, es el que me resulta molesto.

La idea que tenemos ahora de lo que se hacía y consentía hace unos treinta y cinco años en nuestro propio territorio, es decir, casi ayer y aquí mismo, nos parece una barbaridad, una "salvajada impropia de seres civilizados". Dentro de otros tantos años, cosas que ahora parecen "normales" y que se consienten, recibirán la misma calificación. Los más jóvenes quizá están exentos de apreciar esto; pero cuando se lleva cincuenta años sobre la faz de la tierra, o más, y una/o se resiste a adoptar modelos estándar de pensamiento y obra, tiene la sensación de que se va avanzando, sí, pero con marcha de caracol.

He encontrado, en otro libro, un fragmento que subrayé cuando lo leí. (En casa me reprenden por marcar los libros, pero me resulta muy útil y lo sigo haciendo). Es de Erwin Schödinger, de su obra "Ciencia y Humanismo", y está aplicado "a cualquier profesor de universidad, es más: a cualquier escuela del mundo". Me gusta especialmente:

"No perdáis nunca de vista el papel que vuestra disciplina particular tiene en la gran representación de la tragicomedia de la vida humana; mantened el contacto con la vida, no tanto con la vida práctica como con el fundamento ideal de la vida, que siempre es mucho más importante; y mantened a la vida en contacto con vosotros. Si no podéis -andando el tiempo- decir a cualquiera, lo que habéis estado haciendo, vuestro trabajo ha sido inútil".

(Y, ahora, voy a buscar una fotografía).

Es de la Nasa.

Saludos, desde la Enterprise.

12 oct 2008

Inquietudes



Parto de la idea de que la simple observación de una cosa puede alterarla. Es el Principo de Incertidumbre, enunciado por la Física: medir implica interactuar, lo cual impone una (cierta) alteración.

Me siento a gusto con la idea de incertidumbre, y de momento sigo pensando que se puede convivir con ella sin que duela. La incertidumbre, algo tan inmaterial presidiendo la realidad, resulta tan tangible que nos conduce a inventar un consuelo, también inmaterial, que lo compense: la esperanza. Los humanos no nos enfrentamos a la incertidumbre; nos defendemos de ella, cosechando esperanzas.

Constantemente, me pregunto: ¿por qué esa necesidad de atesorar seguridades? ¿Lo hemos aprendido sistemáticamente o lo llevamos en nuestros genes? ¿No serán invenciones que se nos están volviendo en contra? ¿Qué valor de supervivencia encontró la evolución en las seguridades? ¿Son una solución evolutiva (una intuición) todavía a medio camino?

Confieso que concibo la tan famosa esperanza como un proyecto al que nos hemos acostumbrado. Puede encontrarse o perderse. Merece la pena buscarla, pues puede albergar un sueño que habrá de encajar en nuestros deseos. Nos sentimos obligados a conservarla, aún sin saber qué rostro va a tener. La esperanza es, por ejemplo, un eficaz salvavidas: cuando lo hemos perdido todo, solo nos queda ella. Puede vestirse de múltiples maneras ya que es un tesoro versátil que copulará con nuestros anhelos. Y en un futuro inspirado por la realidad, dependiendo de nuestro empeño o de la fortuna, la esperanza dará sus frutos. Mantenerla siempre cerca parece ser un saludable ejercicio de higiene emocional.

La esperanza, me parece a mí, no deja de ser un pedazo de futuro al que accedemos de forma semi-inconsciente, creyendo merecerlo. A medida que se van cumpliendo los deseos, las esperanzas van modificando su campo de acción según las nuevas necesidades que vamos adquiriendo.
En definitiva, la esperanza va asociada al bien propio, a que las cosas nos salgan “bien”, según aquello con lo que nos comprometemos. Con esperanzas bajo el brazo, ya más tranquilos, nos sentamos en el mundo como con el pan "casi asegurado" y convencidos de que permanecemos activos.
Sin embargo, no puedo olvidar que la esperanza es uno más entre los proyectos de futuro que pueden ser infieles a mi sueño. Porque, dentro de la dinámica universal, un sueño es solo una bella construcción imaginativa que juega al escondite, mientras mantiene sus raíces hundidas en el presente .
Fotografía: de Google imágenes (seguramente tiene autor, pero no lo recuerdo).

7 oct 2008

Devoradores de Estrellas

Hoy es uno de esos días. Un día reflexivo. A veces pienso que la mente tiene recursos para impedir que sigan entrando los datos de la experiencia diaria. Y no es un mal día: el paisaje está contagiado del color de las nubes; a pesar de ello, es un día luminoso.

Recuerdo una noticia de hace unos pocos meses, en la que el presidente de una organización en favor de la caza dijo que ésta era necesaria y beneficiosa porque contribuía a mantener el equilibrio demográfico de determinadas especies. Aunque parezca increíble, mucha gente aplaude esta "brillante" afirmación. Reconozco que me invadió la rabia: hemos atropellado el planeta de manera salvaje, el espacio que ha quedado es ridículo y hablan de “equilibrio”. ¿Qué equilibrio?

Me quedé estupefacta el día que escuché que los toros de lidia se crían y están “diseñados” para la plaza y por ello no sufren. Otra perla: que de no ser por las corridas de toros no existiría la raza. ¡La Raza! El Toro de Lidia: la Raza Preparada para ser Torturada hasta Morir. Cuando oigo estas cosas, inevitablemente, me acuerdo de Nerón por cuya mente quizá también cruzó la idea de criar y adiestrar cristianos para el espectáculo de Roma. Me pregunto: ¿dónde está el límite al sufrimiento ajeno, ya sea animal o humano? Lo peor -me parece a mí- es que en estas actitudes hay “normalidad” y “folklore”; “institución irracional”, al fin y al cabo, cuando se afirma que otro ser, humano, toro o ciervo puede estar diseñado para el disfrute de particulares y masas a través del sufrimiento, la indignidad y la muerte. Preciosos elefantes con colmillos de marfil; infortunados visón, oso, zorro, chinchilla, foca, ciervo... que adornan los cuerpos humanos y sus casas. ¿Acaso un abuso de fuerza no se califica como cobardía?
Palabras en alza: adornos, lujos, presunción, "necesidad"....
Palabras a la baja: compasión, reflexión, respeto...

No hace mucho asistí a un entierro. Desde el principio de la ceremonia, el silencio dentro del cementerio resultó sobrecogedor. Creí sinceramente que las mentes de los allí presentes se hallaban sincronizadas en un un mismo pensamiento, o sentimiento. Pero, nada más oírse rascar la losa al cerrar la tumba, cesó el trance y me sobresaltó un alboroto: uno que grita, ¡vamos a tomar los vinos!, avisa a Fulano, que vamos delante. Y otro, ¡aquí al lado hay romería y reparten un plato de fabada gratis....! Entre tanto, quizá ajenos al fracaso humano del momento, los desconsolados aparecían y desaparecían entre el alegre ramaje vestido de domingo. Estoy segura de que los infelices luchaban por huir.
De regreso a casa, pese al intenso sol y los veintiséis grados de temperatura, me oprimía el frío.

Llueve mansamente; como si al caer, las gotas de agua se fueran durmiendo. No, no es un mal día..., mientras pienso que sufrimos un contagio y nos hemos sincronizado para hacer prosperar un peligroso absurdo, también mansamente, hasta quedar plácidamente dormidos en él.

Dama Durmiente



Dama Durmiente, de Hal Saflieni. Malta.

5 oct 2008

La Angustia del Rey Salomón.

Desde Venus

Hace un par de días me llevé una grata sorpresa: encontré recién editada la última obra escrita por Emile Ajar, el pseudónimo de Romain Gary, uno de mis autores favoritos.
Como de costumbre, no me resistí a la tentación de comprarla.
La lectura del libro va a ser compartida con un buen amigo que vive a casi mil kilómetros de aquí, quien ha tenido que encargar su ejemplar por no encontrarlo todavía disponible. De modo que no puedo empezar a leer el libro. Reconozco que he hecho un poco de trampa, y anoche leí hasta la página treinta y cinco.
Pero fue una lectura muy rápida, quizá no se note...
La Angustia del Rey Salomón, escrita en 1979, es una historia de amor y soledad.
La novela, centrada en la figura de un anciano -Salomón- de más de ochenta años, muestra el combate de un hombre ante las percepciones de su cercano final. Es un hombre que nunca ha perdido a nadie y, por ello, Salomón colecciona vidas.
El narrador es un joven e inocente taxista que, al conocer casualmente al anciano, se verá implicado en el debate con el que inevitablemente se manifiesta la existencia.
No faltarán los guiños del autor a sus propios compromisos y luchas personales con la naturaleza, la ciencia, la historia o la injusticia, sazonándolo todo con unas dosis de humor.
Creo que Gary debió de estar muy atento a las clases de la vida. Me produce calma, por esto me gusta tanto. Transmite una paz soñada; la que, pese a todo lo que nos afecta y acecha, no debemos perder nunca.
Como no puedo seguir leyendo, tampoco puedo decir mucho más. Bueno, sí; si puedo decir algo: Gary es, en efecto, un autor de contrarios. Analiza y expone la tragedia sin hundir al lector en la desesperación. Introduce en las inquietudes y es un hábil transmisor de entusiasmo.

17 sept 2008

Mente en Construcción.

Un modo de preparar el futuro es -quizá- poner algo de orden en lo que nos rodea. Esto es, precisamente, a lo que me dedico estos días, antes de que vuelva a empezar la actividad de invierno. He empezado por organizar los libros y no puedo evitar detenerme cada poco: cada título me abre otros mundos. A este paso, no terminaré nunca.

Desde hace mucho he defendido la idea de ir por la vida con mentalidad de principiante, por lo menos en lo que a mí concierne. Cuando era una adolescente, la palabra principiante era algo así como un insulto, porque señalaba a la inexperiencia o a la ignorancia. Unos años después, ya fuera del dominio familiar y con la vida asegurada, fue todo un descubrimiento. A partir de entonces siempre me he definido como una principiante; así, con divertido orgullo.

Hace un par de días, sin embargo, durante la expedición librera de andar por casa que me propuse, como decía, para "poner orden", hice parada y fonda en un librito de Bruguera que compré en el ochenta y cuatro, cuando vivía en Madrid. Dentro estaba la ficha de compra, sujeta con clip ya roñoso: Librería Nebli, Serrano 80, pesetas 325. ¿Seguirá existiendo?

Es un obra de T.S.Eliot, "Notas para la definición de la cultura". En esa época, el título me daba igual. Evidentemente, lo que me atrajo fue el nombre del autor. No lo leí entonces; ni siquiera lo ojeé. Me limité a colocarlo en la librería, como un tesoro, por supuesto, pero nada más. El caso es que no salía de casa sin echar en el capazo un libro, porque dentro de mi recién estrenada mentalidad de principiante habitaban ya el amor y culto por los libros. Ahora, las doloridas cervicales no me permiten llevar bolso; de modo que el libro lo llevo en la mano. O en el corazón, que también vale.

Bueno, a lo que iba. No me puedo despegar del libro. Tiene sentido, porque como ahora estoy estudiando culturas me ha hecho el tilín que no me hizo en el 84.

El capítulo 3 empieza así:

"Un tema constante en este ensayo es que un pueblo, para que florezca su cultura, no tiene que estar ni demasiado unido ni demasiado dividido. Un exceso de unidad puede deberse a la barbarie y desembocar en la tiranía; un exceso de división puede deberse a la decadencia y desembocar igualmente en la tiranía: ambos excesos obstaculizarán el desarrollo de la cultura."

La introducción del libro empieza con una cita de Lord Acton, (ya he ivestigado un poco sobe él):

"Creo que nuestros estudios deberían carecer de cualquier cosa menos de propósito. Uno tiene que aplicarse a ellos con castidad, como a las matemáticas".

No voy a entrar en si estoy de acuerdo o no lo estoy. Tampoco me quedo únicamente con la sensación de entender el fragmento. Incidiré, sin embargo, en que me satisface que me interese; por lo tanto, a la idea "mentalidad de principiante" he de añadir un nuevo matiz: " en construcción".

Mentalidad de principiante en construcción.(Y ahora que venga un filósofo y me lo explique).

14 sept 2008

Cuaderno de Bitácora

¡Cuánto tiempo!

El estudio me absorbe por completo y los meses caen sin darme cuenta. Parece que el estado de ánimo permanece ajeno al tiempo, lo que no viene tan mal porque tampoco hay tanto. Es cierto que sufro en época de exámenes, pero estoy disfrutando muchísimo.


Durante los breves descansos que me tomo -cuando hace bueno salgo fuera y si llueve miro a través de la ventana- observo la vida desenvolverse al margen de las calles, los coches y las personas atareadas, para vagar mentalmente entre las hazañas humanas que me tienen ocupada todo el día. Esta es una de las muchas ventajas de vivir en el campo: la vida urbana pasa a formar parte de un ligero recuerdo para entrar de lleno en la ficción. El estudio de la prehistoria no es menos responsable, pues desborda la imaginación y multiplica la sensación.


Estoy haciendo muchos descubrimientos y me están sirviendo para abundar en lo antes aprendido con la Física, la Filosofía o la Literatura (y la experiencia, claro). Son como variaciones sobre el mismo tema; hay que volver a empezar para ir integrando lo nuevo y llegar a una mayor profundidad. Así, las mismas ideas se me van redondeando y completando.
Y lo que me anima es que esto parece no tener fin. Una vez más me confirmo a mí misma que no hay verdades absolutas. Que la verdad es una idea que se persigue durante toda la vida, pues cambia constantemente: no hay tiempo suficiente más que para una soñada cercanía, si esto es posible.


Puede parecer que estoy muy segura de lo que afirmo aquí, pero no es cierto. Las ideas son productos humanos y los seres humanos estamos sometidos a constantes transformaciones. De modo que tengo en cuenta que solo son seguridades útiles y puntuales, que solo pueden funcionar durante algún tiempo.


Hace muchos años apunté una frase que me llamó mucho la atención, aunque no cuajó del todo; qué cosas, ahora me viene a la cabeza cargada de sentido. La escribió Kafka en su Diario:

“Cuando me pongo a escribir después de un cierto tiempo, atrapo las palabras como si las sacase del aire vacío. Cuando consigo una, solo la tengo a ella y todo el trabajo empieza de nuevo desde el principio”.

Saludos desde la Enterprise.


8 may 2008

Ser natural: una pose demasiado difícil.



La Tierra es insultada y ofrece sus flores como respuesta.
(R. Tagore)


La Naturaleza está repleta de pensamientos que no tuvo nunca la experiencia.
(L. da Vinci)


Ser natural es una pose demasiado difícil.
(O. Wilde)


En la Naturaleza, la mejor política es ser lo más conservador posible.
(Werner Heisenberg)

Fotografía :Web

25 abr 2008

Hermano mío


El ser humano lleva años buscando vida extraterrestre, o soñando con encontrar seres inteligentes humanoides con quienes comunicarse, intercambiar inpresiones o tecnología. Supongo que habrá una parte de curiosidad y otra de no se me ocurré qué. Cuando nos los pintan como vistantes de nuestro planeta, siempre son mucho más avanzados que nosotros; lógico, puesto que han podido llegar hasta la Tierra.
Sin embargo, no hace falta ir tan lejos para conocer a otra especie diferente -humana, para más señas- que, en un momento muy largo de la historia, ha sido contemporánea nuestra: Neandertal (Homo Sapiens Neandertalensis). Siempre estuvieron junto a nosotros.
Años atrás se los calificó casi como bestias, por esa maldita constumbre humana de comparar todo y a todos con un patrón estándar. Habría que ver el estado de desarrollo que tenía Homo Sapiens a secas, hace entre 200.000 y 28.000 años. (A juzgar por lo traviesos que somos ahora, imagino que éramos unos impresentables).
Nuestro hermano Neandertal no vivió lo suficiente para demostrarnos su inteligencia, su mundo simbólico o sus capacidades abstractas. Ahora, su rastro -un tesoro- lo pone a nuestro lado en tiempo, espacio y dignidad. Ya no es una especie desprestigiada. Hoy es una especie apreciada y especialmente mimada por los arqueólogos.
Traigo aquí un reportaje fotográfico precioso del País Semanal.


Dejo también el enlace a un artículo muy bueno (País Semanal) que, aunque es un poco largo, a los más interesados en el tema les podría gustar. (También estoy pensando en aquellos a los que se les escapó el artículo, como me pasó a mí; tiene fecha de del 13 de abril y me enteré varios días después).


Artículo

Saludos estelares.

24 abr 2008

Nombre Propio: Si


Si


Si yo fuese la brisa gritaría al aire, ¡no pares!, con voz de cachorro.
Al árbol -le diría-, no te vayas tan deprisa;
a la vida, no te retuerzas.
Y al huracán: ¿no quieres llevarte más flores?


Si fuese bacteria me multiplicaría dividiéndome.
Si fuese un mundo cojo..., a la vida pido que tartamudee
Y si fuese e elevado a x, me sería indiferente integrarme.
.
Si la noche fuera un traje,
suplicaría al mar que no vista a la senda de la Luna.
Aunque, si yo estuviera en la noche,
a las niñas del cielo pondría motor,
¡y que jueguen en los alojamientos del polvo y la arena!
Pero, si habito un hijo del Universo,
a su Parodia -exijo-, ¡que me invente más sueños!


Fotografía: procede de Internet, (el mundo de Ki).

23 abr 2008

Poemario Estelar

Fotografía de Serge Brumier


209


LA MÚSICA


En la noche tranquila

eres agua, melodía pura,

que tiene frescas -como nardos

en un vaso insondable- las estrellas.


Juan Ramón Jiménez
( Piedra y Cielo, 1917-1918)

Don Juan Ramón tenía sus rarezas; tal es así que cuando Zenobia Camprubí, su mujer, recibía en casa a otros poetas de la Generación del 27, que iban a buscarlo, si no le apetecía ver a nadie, él pasaba por delante de la puerta abierta portando un biombo tras el que se escondía para evitar ser visto.

21 abr 2008

Ecumené: un sueño invencible.


Hacia la Ecumené. Unificación del mundo.

Éste es el título con el empieza un epígrafe en el libro de texto (árido, y me quedo corta) que tengo entre manos, sobre Alejandro Magno. No sé si sería capaz de expresar las sensaciones y emociones que he experimentado mientras leía el capítulo. Me ha sorprendido, por otra parte, el apasionamiento al que se ha entregado la profesora que lo ha escrito, Pilar Fenández Uriel.
Creo que empiezo a comprender la fascinación que produce su figura.

Cuatro figuras históricas, de momento, han quedado varadas en mi orilla: Leónidas de Esparta, Alejandro Magno, Aníbal Barca y Atila, el rey de los Hunos. Y he conseguido hacer invisible el matiz hostil que representan, para dejarme mecer por los sueños que recreaba cada uno. Diferían en su objetivo y, seguramente, algún experto sabrá encontrarles la convergencia; yo no he podido -tadavía- ni sé si lo conseguiré.

A la vida se la puede vencer, pero no a un sueño; por eso me atrae la figura de Alejandro Magno: en su sueño existía una fórmula que pertenecía al futuro, pues en la metáfora de sus números aún brilla una idea: Libertad.
Saludos estelares para todos.

20 mar 2008

Saludos Estelares

Hago un descansito para asomarme por aquí.
Los exámenes me fueron muy bien.
Aprobé todo pese a los muchos nervios y a que la memoria ya no acompaña tanto como antaño.
En mi travesía he encontrado a un colega y no he podido resistirme a traer la fotografía.
Y ahora me vuelvo con los libros, apuntes, resúmenes y demás histerias.
Un saludo desde la Enterprise.Fotografía: Nasa

27 ene 2008

Cuaderno de Bitácora


Fecha estelar: final del primer cuatrimestre. Época de exámenes.
No he contado que este año me he matriculado en la Universidad, en la carrera de Historia.
Acostumbrada como estaba a las asignaturas de ciencias, no podía imaginar que el estudio de la Historia ocupase tanto tiempo. Desde que empezó el curso no he levantado cabeza; aunque, la verdad, estoy disfrutando de lo lindo.
Me despierto por la mañana y la primera palabra que me viene a la cabeza es el nombre de un rey mittanio, una batalla o un yacimiento del Magdaleniense.
Queda una semana todavía; después haré un aterrizaje por Alicante, que ya me lo voy mereciendo.
Agradezco mucho vuestras visitas.
Un abrazo desde la Enterprise.

18 nov 2007

Ponerse a Cubierto

Como de costumbre lo único que enturbia la apacible vida en el campo es la actividad humana.
El otoño, desde que ha entrado, se está mostrando benévolo. Este año los días nublados y las lluvias brillan por su ausencia. Pese al frío intenso de las horas que rodean la noche, aquéllas en las que domina el sol son una verdadera delicia.
Una se pasa la semana inmersa en sus obligaciones, y a duras penas consigue arrancar quince o veinte minutos a la sobremesa para tomar, al sol, un cafelito en los bancos del jardín. No pido más, aunque espero con ansia el fin de semana para caminar a mis anchas por la pequeña finca, leer en uno de sus rincones y disfrutar de la naturaleza. Y con las "nuevas bondades otoñales" no pesan tanto los años, no duele un solo hueso. Además, parece necesario acumular algo de sol en el cuerpo en previsión del invierno que llega. Mis mascotas -compañeros en casa y de planeta- también lo hacen, toman el sol todo lo que pueden. No sé si he contado alguna vez que tengo dos gatos -Galileo y el jovencísimo Plank- y una perrita, Luna.
Sin embargo, cuando llega el sábado empieza el calvario. Los sonidos amables y relajantes acariciados por el calorcito del sol, todo un ambiente bucólico, apacible y feliz, se deshace bruscamente al romperse el clima con un infernal disparo de escopeta. Las pobres aves migratorias que revoloteaban hace un instante, blanquísimas y brillantes, alzan el vuelo sin rumbo, a merced del terror. Una de ellas -una magnífica zancuda- ha caído lentamente, quedando en el aire unas cuantas plumas recién desprendidas que volaban como pétalos perdidos.
Los gatos han corrido a refugiarse en la casa; la perra, aullando de terror, en mi busca, mientras los llamo a todos para comprobar que no están heridos.
Otro disparo. Y otro más... y veo llover unos cuantos perdigones brillantes que, ya flojos, dan fe de su fallo.

Así ha transcurrido todo el fin de semana; un constante salir y entrar del refugio, bajo el fuego cruzado de un DEPORTE, que no es otra cosa que matar por diversión.
Mientras los cazadores disfrutan legalmente de su brutal afición, los míos y yo debemos ponernos a cubierto.

11 nov 2007

Asomarse al futuro

He marcado rumbo a las Pléyades y el viaje es largo y solitario. De modo que me he puesto a dar vueltas a las cosas de la Tierra y he acabado pensando en que el ser humano, a lo largo de su existencia, no ha hecho otra cosa que asomarse al futuro.
Cuando los padres posan la primera mirada cargada de amor sobre su hijo recién nacido, en sus mentes empiezan a surgir unos deseos de futuro que acunarán junto al niño, sueños que se irán formando con el tiempo hasta concretarse en la realidad. (Aunque, cuando los deseos de futuro se alejan de los sueños se convierten en proyectos reglados; éste es el futuro de catálogo, el que viene impuesto por la costumbre y que tanto me disgusta. Pero ésta es otra historia)

A mí me parece que el futuro está hecho de ideas flotantes y se teje con un humo capaz de cristalizar. Cuando pienso en esto me suelo acordar de las películas de ciencia ficción antiguas, porque en su devenir cronológico se fueron retratando épocas del futuro que ya hemos sobrepasado; y es curioso que el futuro puntual que estas películas representaban no ha coincidido con lo que hemos vivido hasta ahora. Por ejemplo: en las películas, mientras los ordenadores del tercer milenio eran auténticas patatas, los coches podían volar.
No pretendo restar mérito a la imaginación humana; al contrario, me parece que es uno de los mejores logros de la mente, después de que la inteligencia se asomase a nuestra frente. Pero creo que tenemos una forma de celebrar los acontecimientos un poco limitada, y distribuimos los méritos de los triunfos alcanzados de forma muy caprichosa.
Creo que asomarse al futuro es un impulso irrefrenable, es estar en el convencimiento de que “se es capaz de hacer algo” y comprobar que “se puede hacer”. Es toda una Aventura; precisamente, en esto he acabado pensando, sobre las aventuras en la rueda del tiempo.

Cuando hace muchísimo tiempo el primer ser humano salió de África, llevaba entre sus manos el futuro del mundo. Seguramente, el instinto de supervivencia le condujo tras las manadas de animales que le estaban sirviendo de alimento. Éste fue, sin duda, el Primer Gran Paso. Con el tiempo, este novato pionero se extendería por toda Eurasia. Atención al detalle: no sabía dónde se encontraba.

Mucho tiempo después, algunas patrullas de exploradores humanos se aventuraron por el estrecho de Bering y se extendieron de norte a sur por todo el continente americano. No es que sea un grandioso paso, pero algo es algo. Ojo al dato: tampoco sabían dónde se encontraban.

Después, Erik El Rojo llegó navegando hasta Groenlandia y, más tarde, su hijo, Leif Eriksson, hasta Canadá. Seguramente no identificaron el continente y no supieron dónde estaban.

Luego, Cristóbal Colón, buscando una nueva ruta hacia las Indias, llegó a un “continente nuevo” y redescubrió América, por pura casualidad. De modo que como Colón creyó que había llegado a Las Indias, en realidad, no sabía dónde estaba. Este ha sido, sorprendentemente, uno de los “logros” más celebrados; sin embargo, no considero que la campaña a ciegas de Colón fuese un paso tan grande, sobre todo teniendo en cuenta la anterior visita de los vikingos.
No obstante, una vez identificado el continente por Vespuccio y tras su conquista por lo europeos, hay que reconocer que el planeta pareció quedar a nuestro alcance.

El 20 de julio de 1969, Neil Armstrong, comandante del Módulo Lunar Apolo 11, se convirtió en el primer ser humano que pisó la Luna. ¡La Luna!: esencia de los dioses y responsable de gracias y desgracias. La gran inspiradora de poetas, científicos y otros soñadores. La Luna, el testigo mudo e imperturbable de nuestra existencia, gracias a la Ley de Newton quedaba a nuestro alcance. El ser humano se lanzó a una aventura, con el mayor desafío que le había dictado su imaginación. Y logró un sueño: salir de esta enorme y bellísima piedra para pisar otro territorio. Pero esta vez no había sido empujado por el instinto de supervivencia, o por una necesidad comercial; ahora sabía perfectamente hacia dónde se dirigía y por qué. En esta ocasión, el ser humano quiso demostrarse así mismo que podía conocer en persona a la protagonista de sus sueños ancestrales. Y cuando lo consiguió, desde allí observó por primera vez lo preciosa que es la Tierra. Y supo donde se encontraba. Por esto considero que es el paso más grande que ha dado la humanidad y lamento que no se celebre más. Fue un proyecto de futuro bonito e ingenioso, que nos abrió la puerta a un más allá diferente y nos alejaría definitivamente de las verdades incuestionables y de los mitos.

Pongo el warp 5, dejando a mi paso sobre esta preciosa roca un puñado de estelas con buenos deseos.

25 oct 2007

La mejor imagen del mundo: un sueño

Escribo estas líneas a pesar de que no sé qué va a suceder en el minuto siguiente.
Mientras espero a que mis ideas se desgranen voy buscando un término general que me deje satisfecha.
El mundo no me gusta y me gusta. Contradictorio. Unamuno dijo una vez que quien no se contradice… malo. Estoy de acuerdo: entre dos ideas opuestas se establece la duda. (¿O, quizá no?). Si se establece la duda es que ha habido observación, y después aparecen las preguntas, el pensamiento… algo de interés que decir.
¿Qué está sucediendo? ¡Allá hacia donde me vuelvo hay gresca! Existe una lucha continua y agotadora en, prácticamente, todos los ámbitos de la vida. El sistema tiene sus normas, sus leyes; pero no es perfecto. Y al incumplir las normas se multiplica su imperfección.

Me sereno mientras escribo.
El término general que esperaba desde que he empezado a escribir es ENTRAR.




Todos nos merecemos “entrar” en el mundo con paz y tranquilidad. ¿Tan difícil es concebir la idea de que la inteligencia y la sensibilidad no exhiben un color ni una apariencia determinados? A todos nos asiste la razón de nuestras libertades, y cuando ésta duele es porque ha intervenido una injusticia. La mejor definición de injusticia debería ser duele tener razón.
Es increíble. ¡¡¡Todavía hay quien calcula la humanidad de las personas por sus rasgos!!!
Tengo la impresión de que la historia se rescribe, porque se repite una y otra vez. Puede que la clase de mundo que hemos creado transcurra como una sinusoide que va fabricando ciclos, ciclos cerrados. Si hay una medida para todos los actos, el resultado de esta medida, desgraciadamente, muchas veces suele traducirse de esta forma: en tanto unos se exceden, otros están obligados a soportar.
Lo cierto es que estamos limitados, tanto que nuestra voluntad solo puede ejercer en las cosas pequeñas. Porque, ¿qué determina nuestra presencia o en qué afecta dentro del orden universal? En teoría podemos escoger la clase de existencia que deseamos llevar, aunque hay seres humanos que ven sacudirse su integridad, sabiéndose merecedores de una existencia digna.
Siendo conscientes de la insignificancia que representamos, es realmente sorprendente que todavía no se haya conseguido derrotar a la mísera creencia de la desigualdad, la abominable idea que conduce al racismo.
Me hubiera gustado saber cómo sería vivir en un mundo sin creencias, o sin las creencias de éste.
Hay motivos para la tristeza y, por ello, últimamente pienso que la mejor imagen del mundo es un sueño.

14 oct 2007

Algo se Mueve


"Mi mente tiene un objetivo máximo: suprimir las diferencias.
Mi último descubrimiento: la teoría del campo unitario.
Todas las ciencias se resumen a una sola fórmula.
En lenguaje sencillo diría:
Algo se mueve."
(Entrevista con Einstein,
de Giovanni Papini)

11 oct 2007

La Flaca

Eran las dos de la madrugada, Flaca.
Tus ojos crecieron primero, y se llovieron después, cuando viniste a decirme. Me vuelvo a casa.
La penumbra de la pieza se durmió en el aire.
Luego, un rumor, por tu insistencia: el corazón golpeaba en su fragua y los nervios te salpicaron la garganta. Como un trago mal dado.

Tu voz se arrugó, desapareció. El silencio ganó la batalla.

Regresabas a la tierra que te puso límites, que te robó la juventud. Por una rara fidelidad al destino.

Cada día, el sol se prodigaba. Flaca, llovían ascuas.
Todo el verano para conseguir tu pasaje. Heredaste una imagen: La Plata. Allá. Muy lejos.
La brisa, perezosa y caliente, no sacó de los aleros un solo pájaro que se hundiera en el vacío. Ni una mosca rendida por la abundancia.


Flaca, me pareció fruncido el tiempo. Porque todo vino rodado: los preparativos, el equipaje, los silencios, tus lágrimas, tu bondad, nuestra camaradería.
El futuro estalló de pronto en una inmensa tregua. De ternura.

Cuando te fuiste las veladas quedaron vacías, Flaca. Como los nidos en invierno.

3 oct 2007

No todo es oro...





La imagen que nos ha llegado de Albert Einstein, además de la de genio, es la de un hombre amable, pacifista y solidario. Pero no es oro todo lo que reluce.
A continuación voy a transcribir las condiciones que Albert impuso a su esposa Mileva, por escrito, en 1914, para continuar viviendo en el domicilio familiar.
He aquí una prueba de desamor, o de amor a sí mismo.


A. Debes asegurarte de:
1) que mi ropa, limpia y por lavar, se mantenga en buen orden y arreglada
2) que recibo mis tres comidas de manera regular en mi habitación
3) que mi habitación y despacho se mantienen siempre limpios, y, en particular, que mi mesa esté dispuesta siempre para mí.

B. Renuncias a todas las relaciones personales conmigo en tanto no sea absolutamente necesario mantenerlas por razones sociales. Específicamente debes renunciar:
1) a que me siente en casa contigo
2) a que salga o viaje contigo.

C. En tus relaciones conmigo debes aceptar explícitamente adherirte a los siguientes puntos:
1) no debes esperar de mí intimidad ni reprocharme en forma alguna
2) debes desistir inmediatamente de dirigirte a mí si te lo pido
3) debes abandonar inmediatamente mi habitación o despacho sin protestar si te lo pido.

D. Aceptas no menospreciarme ni de palabra ni de hecho delante de mis hijos.


Mileva Marić era matemática y fue la primera mujer de Albert Einstein. Compañera, colega y confidente tuvo tres hijos con él, de los cuales, el primero (una niña) nació antes de celebrarse el matrimonio; se cree que fue dada en adopción. Todavía se discute el grado de participación de Mileva en los descubrimientos de Einstein.



"Los Científicos También son Humanos"
de La Ciencia a Través de la Historia
Autor: José Manuel Sanchez Ron

25 sept 2007

Dejarse Llevar

Esta tarde he estado saboreando viejas sensaciones de la mano de Leonard Cohen. ¡Malditos recuerdos! Siento una vez más que pertenezco a una generación difícil. No, difícil no es la palabra… Una generación, ¿única? –quizá tampoco es ésta la palabra-; una generación que, sin remedio, se ha convertido en vagabunda.
Tienen su atractivo los vagabundos, su aquél, porque junto a ellos parecen caminar codo con codo el descontento por la vida y los sueños.

No soy especialmente nostálgica; no me atraen en exceso los recuerdos. Creo que conozco a demasiados supervivientes de los recuerdos; se me antojan como moribundos deambulando por un cementerio de instantes gloriosos clausurados.
Al nacer nos empieza a envolver una tupida red de frágil memoria, que las agujas del tiempo van tejiendo. Los recuerdos son piezas ansiosas por vivir una segunda vida; los percibo como un legado que nos impone la vida, y, también, como revisiones con pretensiones de certeza y eternidad. Quizá los recuerdos no sean más que una condena disfrazada de aventura.

Los que nacimos en la década de los cincuenta somos como crujientes y quebradizos rollitos de primavera, rellenos con un desmenuzado popurrí de verduras frescas. Crecimos al lado de una esperanza consecuente con el descontento.

Simplificando mucho, somos un montón de hechos ordenados por fechas. El asunto se complica cuando invertimos en emociones; el sabor lo pone el sentimiento, afortunadamente, y esto es lo atractivo del asunto.
Quizá sin recuerdos no hay sensación de esperanza, y por ello en nuestro interior se cobijan unas cuantas interpretaciones infantiles, donde surgen todas las tentativas de vida aderezadas con bellísimos sueños.

La culpa de todo esto la tiene Leonard Cohen. Ayer bajé del árbol para ver un documental en el que le hacían un homenaje: I´m your Man. También me he acercado hasta la Isla de Wigh, para recuperar la dulce melancolía de los años 69 y 70. Of course, he pasado la tarde y la noche escuchándole. Y he sucumbido de nuevo a su música y su tristeza, a nuestra tristeza de antaño, cuando el joven pensamiento estaba dispuesto a luchar por las promesas vacías.






No puedo permanecer indiferente al atractivo de Leonard Cohen, aunque por su edad podría ser mi padre.
Me ha costado elegir una canción: todas me parecen la mejor. De modo que he seleccionado dos. La que he colgado aquí es Dance me to the End of Love.
La segunda os la recomiendo; la ha colgado La Navaja de Ockham en su blog. Se trata de una versión del Hallelujah de L. Cohen, interpretada por un grupo noruego en un festival benéfico. ¡Impresionante!

Abrazos muy otoñales.

16 jul 2007

Vacaciones de Realidad

Queridos amigos:
Necesito tomarme unas vacaciones para reconfigurar mis circuitos.
Os dejo con Yusuf Islam (Cat Stevens).
Un abrazo desde la Enterprise.


6 jul 2007

Elefantes

Sobre los elefantes estuve ayer hablando a un amigo. Y, hoy, continuando con la lectura de Naturaleza Humana (que por cierto ya la estoy acabando) he encontrado que Mosterín habla de ciertas cualidades que hacen del elefante uno de los seres terrestres más especiales y entrañables. El autor se centra únicamente en su forma de reaccionar ante la muerte; frente a la muerte de un individuo toda la manada se preocupa y su actividad normal se ve transformada por su presencia. Lo que comenta en su libro lo hemos visto cientos de veces en los documentales, además de otros muchos comportamientos tan característicos que nos hacen calificarlos como un animal muy sentimental, solidario y de una nobleza extraordinaria.

Para mí, Elefantes, además de evocar a un simpático animal, cuyo enemigo más peligroso es el ser humano, es una Idea. Una Idea, cuya cristalización tuvo lugar cuando leí la novela Las Ríces del Cielo, que añadió una singular forma de percepcibir el mundo y que afectó definitivamente a mi vida: Elefantes.
Ya he hablado varias veces de Las Raíces del Cielo, aunque considero que son pocas si tengo en cuenta el inmenso favor que me hizo su lectura. Lo cierto es que si no hablo más es porque no quiero cansar. Soy consciente de que cada cual sintoniza sus frecuencias personales con las ideas que le convencen; es el modo de encontrar su virtud. Ortega diría al respecto que cuando alguien encuentra una idea que coincide consigo mismo la asume como verdad. (A esto de “verdad” le añadiría algún otro matiz, pero como generalidad la palabra me parece clara, me vale perfectamente.)

Sobre Las Raíces del Cielo oí hablar (en realidad, leí) por primera vez en una correspondencia publicada entre Änaís Nin y Henry Miller, hace ya más de dos décadas. Todo lo que se decían acerca de la intención del autor y sobre el libro era excelente. Por supuesto, me compré el libro; pero no fui capaz de avanzar en su lectura más allá de las cincuenta primeras páginas. Evidentemente, no estaba en sintonía con su virtud, quizá por falta de tiempo o, lo más probable, de madurez.

Es una novela con Elefantes. El autor fue un hombre que sintonizó con la virtud de estos magníficos seres, e imagino que por este motivo los eligió como protagonistas.
Romain Gary, desde luego, tenía Elefantes.

Contaré algo a grandes rasgos.

El protagonista, Morel, durante la Segunda Guerra Mundial cae prisionero junto a cuatro o cinco soldados más y es recluido en un campo de concentración. Para sobrevivir física y emocionalmente al horror, Morel y sus compañeros hacen “prácticas de libertad” disfrutando con la presencia de una simple mariposa que vuela delante de ellos.
Un soldado nazi, al percatarse de que se están tejiendo un nido de felicidad, caza la mariposa, la pisotea con su bota y fulmina el sueño de libertad que los distanciaba de la muerte. Con el fin de arruinar el ansia de libertad que mantine a los cinco soldados unidos y aún con ilusión, son confinados en un minúsculo recinto insalubre, sin apenas luz, sin jergones ni mantas y con escasos alimentos. Los carceleros acababan de asegurarles una agonía lenta que los conduciría a hasta el fin. Pero los prisioneros, para no sucumbir ante semejante suplicio, una vez más inician un ejercicio mental consistente en imaginar las siluetas de los elefantes, detenidas sobre una suave loma y recortadas sobre las rojizas luces del atardecer africano.
Con la imagen de los elefantes anclada en sus corazones, el sueño de libertad se convirtirá en su única realidad.
Al acabar la guerra, sólo uno de ellos no había podido soportar la tortura y acabó muriendo. Morel, una vez libre, se da cuenta de que está en deuda con los elefantes: les debe la vida. De modo que decide consagrar el resto de su existencia a defenderlos de las horribles matanzas a las que estaban siendo sometidos para comerciar con sus colmillos. Se instala en el corazón de África, donde el protagonista no atenderá a ninguna otra causa. Morel solo tiene Elefantes.

(Nota: Gary en alguna de sus otras novelas hace un guiño intencionado a los Elefantes, nombrándolos fuera de su contexto normal.)


1 jul 2007

Costumbres del Corazón

Está muy delgado y tiene la piel amojamada. De aquélla fuerza suya tan solo queda un hilo de sudor en la memoria del pueblo. Ahora ya no habla con sus paisanos. Incluso parece que tampoco ve, excepto cuando hay una botella cerca que la olfatea con el corazón de lo tierno que la mira.
El tío Mon canturrea sin cesar y a ratos lloriquea de felicidad. Y así está él, ajeno al mundo y a sus horas, con una sonrisa a medias que le sirve tanto para reír como para llorar.
Está casado con la tía Carmen; pero no tienen hijos porque –a decir de todos- la tía nunca le ha dejado…
Una noche soñé que el tío Mon se subía al tejado para colocar unas tejas que un viento terrible había levantado, y que se caía; y al chocar contra el suelo se partía la crisma contra la piedra tallada del corral donde se sienta el abuelo. Dentro de mi sueño yo veneraba la piedra manchada de sangre, como si el tío hubiera dejado en esa mancha su eterna sonrisa. Y cuando veía al abuelo sentarse sufría porque pensaba que aplastaba el alma del tío Mon. Solo fue un sueño, aunque así supe lo mucho que le quería.

Todas las noches, cuando regresa del vía crucis de tabernas, camina despacio por el borde de la estrecha carretera, inclinado como un barco vencido por el viento. El cuerpo torcido del tío Mon sabe luchar contra la dificultad por la costumbre; cuando sus ojos aguados se encogen automáticamente al cruzarse con los faros de algún coche, que tiene que hacer un quiebro brusco para esquivarlo; entonces, sin pensar, levanta un brazo hasta la altura de la frente y entona un discurso. O cuando por una grieta del techo de nubes se escapa un rayo de luna, que el tío vuelve el sermón hacia ella, y la mira con ternura como si tuviese una cara amiga en un retrato, y se le queja por tomar los prados al asalto y dejarlos divididos con su afilada luz de metal. Después, se detiene sorprendido a escuchar el eco de sus palabras, convencido de que la voz está cayendo del cielo.

En cuanto la tía Carmen lo siente entrar en la casa, estalla de oficio hecha una furia y lo sacude con gritos y tortas. El pobre tío pide perdón de memoria, por el retraso, mientras sale entre balanceos o a gatas, por la curda y los golpes, a dormir al corral, con las pasiones amarradas por el vino; ahí fuera, con la voz empalagosa y las risas, continúa el discurso inspirado en su verdad y en la eternidad de la mente anestesiada.

Sus paisanos se le quedan mirando haciendo el gesto de no tiene remedio; aprietan los labios, levantan los hombros y se miran unos a otros sin decirlo. Todo el mundo en el pueblo lo mira y él no mira a nadie, aunque ningún cristiano le niega el vino al tío Mon.

30 jun 2007

Nuevo Hallazgo.

Queridos amigos y compañeros de blog, no puedo pasar por alto esta noticia:
"Los yacimientos prehistóricos de Atapuerca han vuelto a ofrecer un nuevo y extraordinario hallazgo. El yacimiento de la Cueva de la Sima del Elefante, en la Trinchera del Ferrocarril, había dado ya pruebas de un poblamiento humano de Europa de hace más de 1,2 millones de años. Por el momento se habían encontrado herramientas de sílex en un nivel muy antiguo de este yacimiento. Pero estas pruebas indirectas han sido confirmadas por el hallazgo de un diente fósil del homínido que fabricó estas herramientas. Con este sensacional hallazgo tenemos ya las pruebas científicas de la presencia humana en el continente europeo antes de un millón de años. Los primeros análisis nos permiten aventurar que se trata de un ancestro del Homo Antecessor, especie descubierta en el yacimiento de Gran Dolina, también en la Sierra de Atapuerca".


Os dejo el enlace a la página Fundación Atapuerca , por si estáis interesados en el tema.
Por mi parte, ¡estoy contentísima!
¿Quienes somos? ¿De dónde venimos? ¿Qué pintamos aquí? ¿Hacia dónde vamos?... ¿Nos estamos acercando?...

Un abrazo desde la Enterprise.

28 jun 2007

Sencilla Historia de Amor

Los peces y las estrellas

Isidro...

Carmina: un día se marchó.
Yo no comprendí. Quizá mi carácter dócil y manso la fue irritando. Poco a poco empezó a salir y faltar del hogar. Un día, ya no volvió.
Al principio anduve desconcertado y me invadió una angustia infinita. Pero después pensé que si la Carmina lo había querido así sería porque no se pudo hacer otra cosa.
La pequeña Andrea estaba conmigo, solo por eso me sentía contento. Me dediqué por entero a criar a la niña que crecía libremente, igual que me crié yo y también su abuelo, hermanada con cuanto descubría a su alrededor.
Muy pronto pude llevarla conmigo a la Roca. Le enseñé los manejos de la caña, a buscar carnada entre las pozas y a desenterrar lombrices bajo la hierba de los prados: se estaba muy atenta a todo. Luego, con la mañana bien entrada, íbamos a vender la pesca, haciendo el recorrido por las casonas. Andrea, a veces, se quedaba jugando con niños mientras yo me acercaba al mercado para vaciar del todo la cesta y comprarle algo de ropa. Muchas tardes caminábamos hasta la playa llevando ella el cesto de la ropa seca, cargándolo yo a la vuelta con la ropa recién lavada. Casi siempre descansábamos a la entrada del bosque, bajo los árboles; nos fabricábamos un colchón con helechos y hojas secas, y nos echábamos o nos apoyábamos contra un tronco, siempre mirando hacia el mar.
Las noches lunares, en plena primavera, salíamos a pasear por los prados; y era frecuente ver gruesas hebras de niebla reptando por el acantilado. Nos deteníamos a escuchar, en medio de las sombras, el ronroneo monótono de los motores de los barcos de pesca que pasaban frente a la costa; junto a ellos había un rastro de pequeñas luces, como estrellas caídas que hubieran quedado flotando sobre la negrura del agua.

Así transcurrió nuestra vida, sin empeños. Andrea creció mucho. Se convirtió en una moza preciosa; su piel y sus sentidos estaban hechos a los elementos del campo, y los ojos le azuleaban de tanto mar delante. Como yo, y como su abuelo, tenía un carácter sencillo.

Alrededor de Andrea raposeaban algunos mozos sin conseguir marearla. Con miedo esperaba yo el “momento”; porque tendría que llegar. Dentro de mí se movían y apretaban los recuerdos de la Carmina. Pobre de mí que se me encogía el corazón, porque en el mal recuerdo se me clavaba un oscuro presentimiento.
Andrea se casó. Mi yerno se instaló en nuestra casa; era bruto y resabiado, pero a pesar de ello se entendía de maravilla con mi hija. Una tarde en la que el cielo se había cargado con un raro añil, el yerno regresó borracho, violento, escupiendo toda la hiel de que era capaz aquél carácter. El bruto me detestaba. Yo soportaba y Andrea, sencilla y dócil, como su padre y como su abuelo, presenciaba y enmudecía.

Un día, cuando regresaba después de haber vendido el pescado, pasé delante de la casa como si ya no fuese mía. Y no entré nunca más. Pasé de largo, mientras reparaba en la fachada y en el tejado de la casa que hice para la Carmina. Caminé con ese paso monótono que da el hacer el mismo camino todos los días, a la misma hora. Me sentí viejo; se acercaban las horas de soledad, pero el alma es elástica y pronto se acostumbra.


Las Estrellas

Andrea...

Entre la maleza puedo distinguir su figura encorvada, alto, flaco, con la caña al hombro y la cesta de los peces. Le sigo hasta la Roca, y se sienta.
Todos los días, lo mismo. La figura encorvada e inmóvil, como una roca de no ser por que de vez en cuando se mueve para cambiar el aparejo.
Él me enseñó, como a él le enseñó su padre, a respirar este aliento, y a contar las estrellas del agua en las noches de luna.


Míralo, hijo; todas las mañanas lo encuentro a ahí, posado sobre la Roca, como una roca acurrucada y dormida a punto de despertarse. No hay pájaro o insecto que no conozca, a fuerza de verlos y mirarlos y dejarlos acercarse. Y sabe hablar con las luces y el viento.

26 jun 2007

Maravilloso Encuentro


He pasado una semana en Alicante. Ya era hora. Necesitaba ver el sol, días completos de sol. La ciudad estaba en fiestas; podéis imaginar, un caos: mascletás, petardos, bandas de música, barracas y ninots; lo normal en Hogueras de San Juan.
No hemos participado activamente en las fiestas, no nos atrae el bullicio. Sin embargo hemos aprovechado para ver cosas nuevas, como visitar en el MARQ una exposición sobre Mesopotamia traída desde el British Museum, el Oceanográfico de Valencia y el yacimiento arqueológico de los Baños de la Reina, donde se encuentran las ruinas de varios asentamientos sucesivos, pertenecientes a la Edad del Bronce, a los íberos y a los romanos. También nos acercamos hasta Santa Pola –Portus Ilicitanus- para ver unas ruinas y mosaicos romanos del siglo IV d. C.
Tengo fotografías de todo. Ya os iré contando.


Además de pasar buenos ratos con la familia, compartimos unas tardes fantásticas con Epicuro.

Resultó muy emocionante el tan esperado encuentro con dos blogueros de Libro de Arena, Rubén y Miguel, en la Chocolatería Valor de El Campello, donde habíamos quedado.

Después de diez horas de viaje (con lluvia, para no variar), llegamos a Alicante a la seis de la tarde; lógicamente, había que descargar los equipajes y sacudirse el ambiente de cautiverio del coche. El aparcamiento en El Campello fue un problema; era sábado y el pueblo estaba atestado de coches: los nervios fueron en aumento. La furgoneta en la que íbamos es un armatoste difícil de acoplar en cualquier hueco. Tras varias y desesperantes vueltas, conseguimos aparcar.
Frente al Mediterráneo, sobre el cual yo había puesto a volar los ojos mientras nos acercábamos, está la chocolatería. Teníamos que localizarnos abriendonos paso entre una multitud de paseantes. La contraseña de reconocimiento era que uno de nosotros cojearía al irnos acercando al lugar de encuentro. Llegado el momento cada uno le decía al otro que cojeara pero ninguno estaba dispuesto a hacerlo. Sin saber muy bien cómo, el radar funcionó y nos reconocimos al instante: estábamos muy contentos, nerviosos y no podíamos dejar de hablar. Hicimos un intercambio de presentes. Libros, naturalmente; aunque los de ellos son unos libros muy especiales.
Es una situación muy curiosa. Esto de conocerse por Internet tiene una fama extraña, ¿verdad? Todo lo que diga sobre Rubén y Miguel es poco: son fantásticos y no puedo dejar de dar las gracias por haberlos conocido.

Al día siguiente volvimos a reunirnos y Epicuro nos llevó de excursión al monte de Busot, un lugar de pinos viejos cuyas copas se reúnen en las alturas, y al mirarlas se puede imaginar que hablan… o que sueñan con el pasado.



Excepto Galatea, que está haciendo la foto, aquí aparecemos todo el grupo de blogueros. De derecha a izquierda, Epicuro, Miguel, Orrorin, una servidora, Ockham y Rubén. Al fondo podéis ver la Suttle (lanzadera), que es la "furgo" que nos lleva y nos trae. El nombre viene de fábrica; de verdad, es pura coincidencia.

Nos pusimos de caminata y subimos hasta una peña desde la que se dominaba toda la Playa de San Juan y la Serra Grossa. Y a lo lejos, por la carretera de Madrid, entre unos bancos de bruma emergían las cimas de varios montes, una de las cuales parecía un volcán. Una maravilla de espectáculo. ¿Cómo he podido vivir aquí veinte años sin conocer este sitio?



En Alicante el campo encierra el aliento del pino y del romero; y en los jardines se turnan el jazmín y la madreselva para abrir en el aire sendas aromáticas por las calles, a cualquier hora de día.


Clavelinas silvestres.

A la vuelta solo he encontrado lluvia y frío.
Esta tarde os vistaré. Llevo mucho retraso.
Un abrazo desde la Enterprise.

15 jun 2007

Obsequio


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Las hortensias que cultivo en la Enterprise.






"Delicadeza: el tiempo que el gusano
espera en el umbral del vuelo"


Selección de Horas y Uvas.
Aguaclara (2007)



¡¡Feliz fin de semana!!


Fotografía: Galatea (enlace)
Poema: Jose Luis Vidal (enlace)