
Hacia la Ecumené. Unificación del mundo.
Éste es el título con el empieza un epígrafe en el libro de texto (árido, y me quedo corta) que tengo entre manos, sobre Alejandro Magno. No sé si sería capaz de expresar las sensaciones y emociones que he experimentado mientras leía el capítulo. Me ha sorprendido, por otra parte, el apasionamiento al que se ha entregado la profesora que lo ha escrito, Pilar Fenández Uriel.
Creo que empiezo a comprender la fascinación que produce su figura.
Cuatro figuras históricas, de momento, han quedado varadas en mi orilla: Leónidas de Esparta, Alejandro Magno, Aníbal Barca y Atila, el rey de los Hunos. Y he conseguido hacer invisible el matiz hostil que representan, para dejarme mecer por los sueños que recreaba cada uno. Diferían en su objetivo y, seguramente, algún experto sabrá encontrarles la convergencia; yo no he podido -tadavía- ni sé si lo conseguiré.
A la vida se la puede vencer, pero no a un sueño; por eso me atrae la figura de Alejandro Magno: en su sueño existía una fórmula que pertenecía al futuro, pues en la metáfora de sus números aún brilla una idea: Libertad.
Saludos estelares para todos.