Una ni帽a en un mundo de dictadura —sepia, uniforme, doctrinal— vio aparecer un ser de otra l贸gica, otra sensibilidad, otra biolog铆a.
Era Otro. De fuera de este mundo.
Revolucionario, m谩s a煤n en un ambiente tan opresivo como el espa帽ol.
Ah铆 empez贸 todo.
En un territorio saturado de dogma apareci贸 Spock con una ceja levemente alzada.
Encarnaba un sue帽o dentro de un contexto dram谩tico.
Mientras todo empujaba en una direcci贸n, la ni帽a aprend铆a a esquivar la corriente.
Una cr铆a que vio irrumpir la racionalidad dej贸 de ser c贸mplice de artificios y falsos valores.
M谩s adelante, aquello le cost贸 alguna expulsi贸n temporal del colegio.
No hab铆a m谩s certidumbre que sus dudas.
Pensar racionalmente era su 煤nica salida: una forma de libertad.
Y esa libertad resultaba insoportable.
Hasta su padre intervino: sus silencios merec铆an una “lecci贸n de humildad”.
¿Qu茅 es eso?
La vida estaba atrapada en formas fijas, dentro de normas inm贸viles, sostenidas por un orden tambi茅n preso del tiempo.
La educaci贸n impon铆a a un hombre que nunca llegaba: un personaje sobrenatural, cautivo en estampas, estatuas y textos antiguos. Inm贸vil.
Hab铆a que creer que ven铆a a salvarnos.
¿De qu茅?
Eso legitim贸 a la ni帽a para creer en otra cosa:
que Spock no era solo un personaje de televisi贸n.
Era una grieta.
Una salida de emergencia.
—
Ahora me parece incre铆ble. Y hermoso.
Fue una circunstancia en mi historia donde la fortaleza del ensue帽o prevaleci贸 sobre todo lo dem谩s: pas茅 el resto de mi infancia huyendo.
No fui una fan m谩s.
Fue emancipaci贸n.
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