Hay un capítulo de Star Trek: La Nueva Generación, que quizá debería estudiarse en todas las facultades de derecho del mundo. Se titula El tribunal y transcurre en el siglo XXIV, a bordo de una nave que viaja entre estrellas.
Una almirante veterana, respetada, defensora toda su vida de los valores de la Federación, instruye un proceso contra un joven tripulante. Las pruebas son escasas pero abundantes las sospechas. Y la almirante, que no distingue entre las dos cosas, las trata como equivalentes.
Lo que sigue es un mecanismo tan antiguo que sobrevive a todos los siglos que se pretende haber superado. Cada respuesta genera una nueva pregunta. Cada pregunta implica una nueva sospecha. El círculo se cierra sobre el acusado, únicamente porque hay una voluntad de tener a un culpable y la juez se basta para fabricarlo.
El Capitán Picard, al ver lo que está teniendo lugar, interviene y utiliza las palabras del padre de la propia almirante, el juez Aaron Satie, uno de los arquitectos de las libertades de la Federación. Las cita despacio, con la precisión de quien sabe que no necesita añadir nada. Unas pocas palabras que vienen a denunciar que el miedo y la sospecha pueden erosionar las libertades civiles, y defender la federación no justifica adoptar métodos opresivos.
La almirante, al escuchar los principios que ella misma dice defender usados contra su método, pierde el control. La máscara cae. Lo que hay debajo es miedo. Miedo viejo, un miedo que lleva tanto tiempo dentro que ya no se distingue de la convicción.
La Almirante Satie era algo muy inquietante: una creyente. Alguien a quien el miedo había colonizado tan despacio, tan justificadamente, que ya no podía distinguirlo de la lucidez.
La vista acaba bruscamente: nadie ha ganado. Pero todos han visto lo que sucede: en el proceso empieza el castigo.
Picard diría después, solo en su camarote: "con las mejores intenciones, en nombre de la seguridad y la sospecha, comenzó su caza. Y casi nos destruyó".
Ahora me traslado al Siglo XXI y cambio Federación por Democracia. La mecánica es la misma en todas partes. Y en cualquier época. Con la salvedad de que estamos viendo jueces interesados, comprados.
Añado a la reflexión del Capitán que la intolerancia a menudo se disfraza de patriotismo. Incluyo una advertencia: la censura y el fanatismo destruyen la verdad y la libertad.
Y que, hoy, el proceso es el castigo.
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Imagen: Uso Libre