Cada vez que me dispongo a escribir, sobre según qué tema, he de pensar en las fuentes. Porque, ¿sabéis?, cada frase ha de aguantar el peso que le coloco encima, sobre todo tratándose de asuntos de Memoria Histórica.
Hoy no podía dejar escapar a cierto colaborador con la mendacidad que es la encarnación de una deformidad moral construida a base de conveniencia. Un operador político maestro del servilismo, a través del cual se ha hecho una inmensa fortuna, implicando en ello a toda su familia. Mintió al decir que su partido se desligaba del franquismo. Mintió en la foto de las Azores. Mintió con el atentado de Atocha. Y miente por ocultación cuando amenaza públicamente a todo aquel que relacione su nombre y a su persona con el mayor depredador sexual y pederasta conocido de la historia. Y miente cuando vaticina que España está en vías de destrucción por causa de un gobierno progresista.
Empecemos por donde él mismo empezó.
El 1 de julio de 1969, con dieciséis años, escribió a la revista falangista SP defendiendo a los "falangistas independientes" frente a un lector que los acusaba de cómodos. No necesitó impostar nada: explicó que, con un apellido de peso político, con familiares en los cargos más altos de la Nación y un historial falangista propio, podría haberse ido derecho al Movimiento. Eligió, dijo, el camino más difícil. Da pudor decirlo, pero a los dieciséis años todo el mundo cree que el camino difícil es el suyo. Solo unos pocos, además, llegan a la presidencia del Gobierno sin haber cambiado de acera.
La memoria no me falla. Lo recuerdo en la pantalla, treinta años más tarde, pidiendo a los españoles que dejaran de tener miedo: su partido, decía, ya no era el franquismo. No fue una frase suelta. Fue el cierre de un guion que el PP venía ensayando desde 1989, cuando Alianza Popular —fundada por seis ministros de Franco— se refundó bajo otro nombre y otra cara. El objetivo no era la memoria, era el centro: ganarle a Felipe González el espacio donde se decide una elección. González había hecho antes el mismo movimiento con el marxismo, dimisión y vuelta incluidas. Aznar lo haría al revés: nunca dimitió de nada, porque nunca hubo nada de qué dimitir. Solo necesitaba que la palabra dejara de presionar.
Y funcionó. En 1996 el PP completó su "viaje al centro". Pero un viaje de imagen no es una cuenta saldada. Cuando en noviembre de 2002, con mayoría absoluta, el Congreso tuvo ocasión de cerrarla de verdad, lo que aprobó —solo en comisión, no en el pleno— condenaba el golpe de Estado sin nombrar, ni una vez, a Franco. Desde entonces el PP usa esa resolución como salvoconducto retórico, mientras evitaba —seis veces contadas— pronunciarse contra la dictadura que dijo haber superado.
Y la fortuna no llegó sola. En mayo de 2004, dos meses después de dejar Moncloa, fundó con Ana Botella la sociedad Famaztella para facturar sus libros y conferencias al 25% de Impuesto de Sociedades en lugar del tipo, mucho más alto, que les habría correspondido por IRPF. Hacienda tardó una década en mirarlo de cerca, pero cuando lo hizo, en 2016, llegó la multa: 70.403 euros, más una liquidación complementaria de 346.317 euros por dos ejercicios de tributación irregular. Mientras tanto, en 2015, su hijo se sentaba en el consejo de la empresa que gestionaba viviendas de protección oficial en Torrejón de Ardoz, justo cuando esas mismas casas pasaban, a través de una filial de Goldman Sachs domiciliada en Delaware, a la banca de inversión que las compró a la Comunidad de Madrid. Nadie tuvo que pedirle nada a nadie: la familia ya estaba sentada a la mesa donde se repartía.
Y si quedaba alguna duda de si aquel guion de los noventa fue estrategia o convicción, él mismo la despejó cincuenta años después de la muerte de Franco. En noviembre de 2025, preguntado en esRadio, no ofreció matices: dijo que no iba a condenar algo en lo que participó su padre*. No habló del sistema. Habló de sangre.
Y meses después, en febrero de 2026, llegó la ocultación. Los archivos desclasificados de Jeffrey Epstein revelaron dos envíos: uno a "Presidente y Ana Aznar, Complejo de La Moncloa" en 2003, otro a la sede de FAES en 2004, con la dirección facilitada, según los correos, por su propio hijo. El entorno dijo no conocer a Epstein. FAES y el susodicho fueron más lejos: anunciaron que considerarían calumnia, y por tanto delito, cualquier intento de vincularlo con las actividades del depredador. Traducción al román paladino: no habrá una respuesta, sino una amenaza dirigida a cualquiera que pregunte.
Hay un mapa de las falsedades, enunciadas cada vez con la misma argucia de pretender convertir una cuenta pendiente en una pregunta indebida. En otras palabras: su estrategia consiste en la censura por intimidación; porque él no aclara la mentira, pero sí hace que tú te sientas culpable por haberla mencionado.
Recapitulación de las mentiras en el tiempo:
En los noventa: Dijo que su partido no era aquello (franquismo).
En 2002: Dejó en el Congreso que una resolución a medias hiciera el trabajo de una condena entera.
En 2025: Admitió que sí era franquista, pero solo como herencia de sangre, nunca como responsabilidad política.
En 2026: Convirtió la pregunta legítima en amenaza judicial.
Y la última mentira: que España está siendo destruida por un Gobierno progresista. Pero esto ya no es un hecho sobre el que se pueda o no mentir. Es una apuesta para los oyentes, para todos. Y las apuestas, solo se hacen; y ahí no cabe la mentira sino la fábula, su esperanza.
El capitán del buque insignia con más casos de corrupción judicializados de la historia de la democracia española, parece querer decir: "destruyo para luego reconstruir y quedar como héroe salvador".
* Manuel Aznar Acedo no fue militar de carrera ni mando de la Falange, como se ha dicho a veces. Periodista de oficio, enamorado de la radio desde niño en Cuba, fue uno de los siete civiles reclutados en 1936 para la compañía de propaganda del bando sublevado, encuadrado como alférez honorario de ingenieros. Su misión: tomar emisoras de los pueblos ocupados y emitir desde ellas. Terminada la guerra, esa misma vocación lo llevó a la SER y, después, a dirigir RNE, donde creó el Carrusel Deportivo. "Tres años de guerra", como dijo su hijo en esRadio, es exacto. "Oficial destacado", como han repetido algunos medios, no lo es.
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