30 sept 2026

Todos los después del mundo

 




Imaginamos desde lo que conocemos porque, sencillamente, no tenemos otra forma de hacerlo.
Es una limitación humana, casi biológica. Por eso, casi todas las utopías arrastran el mismo pecado original: empiezan quitando lo que duele.
Roddenberry expulsó el dinero de su Federación de Planetas; otros borran las clases sociales a golpe de decreto, y casi todos intentan extirpar aquello que, bajo el nombre que sea, saca las tripas a la gente y desangra al planeta. Es una tentación antigua, ingenua y comprensible.
Y es que nos reconforta pensar que el futuro solo puede escribirse sobre un lienzo en blanco, limpios de toda culpa.

Pero si estamos condenados a imaginar solo desde lo conocido, hagamos el esfuerzo de mirar entero lo que somos. No nos quedemos solo en la herida.
Hay otra forma de construir el mañana: no mutilando nuestra historia, sino eligiendo. No una utopía por sustracción, sino por curaduría.
Una utopía que sepa abrazar.

Imaginemos la Tierra como un inmenso archivo de soluciones vivas. Cada especie, cada cultura tozuda, ha ensayado una manera de sobrevivir, de cooperar, de no matarse. Los bonobos calman sus disputas con sexo y abrazos; entre los elefantes, las crías se crían en una trinchera de ternura compartida por varias hembras; los cetáceos cazan en grupo, cuidándose la espalda.
La naturaleza lleva millones de años respondiendo a la crueldad del entorno con solidaridad, y el ser humano, a su manera caótica, también lo ha hecho. No existe un modelo único ni correcto.

Lo que hay es un canto coral, un eco desesperado y precioso donde cada voz aporta lo mejor que ha logrado salvar del naufragio.

Sé perfectamente cuál es la pregunta incómoda: ¿quién se arroga el derecho a elegir?
Toda selección exige un criterio, y decidir qué es lo «más ético» presupone ya una moral previa con la que medir al resto.
No hay una salida limpia de ese laberinto, y prefiero mirarla de frente antes que camuflarla entre bonitas palabras.

Lo que sí nos queda es una manera digna de habitar esa contradicción: que el criterio no lo fije ningún comité sagrado ni ningún hombre providencial. Que se someta a prueba sin descanso, a pie de calle. Que cada solución se juzgue únicamente por sus efectos -a quién alivia el dolor, a quién le cuesta el esfuerzo- y nunca por el apellido de quien la propone.
Que cualquiera pueda alzar la mano para preguntar y que ninguna respuesta tenga la arrogancia de creerse definitiva.

La curaduría que imagino no es un cargo público ni un museo con un ujier en la puerta. Es un ejercicio de modestia: dudar juntos, tener el coraje de cambiar de parecer cuando la realidad nos da un bofetón en la cara.

Hay, además, un nudo áspero en el camino: este canto compartido exige que cada tradición suelte el lastre de lo que ya no sirve, y ahí es donde nos rompemos los dientes.
Las instituciones, exactamente igual que las personas, se aferran con uñas y dientes a lo que conocen: la Iglesia, los Estados, las viejas ideologías.

Y no es solo terquedad o maldad. Es puro pánico.
Porque, un sistema que se examina de verdad corre el riesgo de descubrir que ya no hace falta, que está de más.

¿Cómo convences a una estructura de poder de que su verdadera supervivencia depende de su capacidad para criticarse a sí misma?

Quizá la única respuesta honesta esté en el gradualismo: evolucionar con paciencia en lugar de dinamitarlo todo.
Aprender ética con las manos en la masa, mirando qué funciona, y teniendo la valentía de revisar qué demonios entendemos hoy por «funcionar». Como el "webmind" de Robert J. Sawyer, esa inteligencia que emerge de la red y aprende a ser humana sobre la marcha, equivocándose y rectificando.

Al final, es una cuestión de dirección. Quizá el primer paso, el más valiente y el más compasivo, sea dejar de preguntarnos qué cabeza debemos cortar o qué estructura eliminar, para empezar a mirarnos a los ojos y preguntarnos qué merece la pena salvar.



#palestina #ética #Robert J. Sawyer
#DerechosHumanos #curaduría #Roddemberry
#HaciaLasEstrellas #cuidado #cooperación

Imagen: Uso libre

29 sept 2026

Insuficiencia humana

 



Pienso en que ninguno de los que aquí estamos, más que denunciando, advirtiendo, o mejor, recordando, sobre lo que puede volver a suceder... ninguno, repito, frenaremos lo que venga.

Y, como digo muchas veces, aquí seguimos, escribiendo, publicando, clamando y reclamando. Repitiendo. Y lo que hacemos, aquí queda. Si no nos censuran.

Los humanistas no consiguieron detener el desastre. Pero sus textos siguen ahí. Siglos después, alguien los lee y comprende.

Y no es que no dispongamos de un lenguaje transversal. Es que ese lenguaje -de los derechos humanos, de la ética, de la dignidad- no tiene fuerza para frenar, pues el crimen, o la aberración, no necesitan ese lenguaje.
No es una cuestión de debilidad.
Se trata de que el que mata no necesita convencerte. La tortura no precisa de argumentos. Porque el que oprime no necesita que le entiendas, le basta con hacer; y el que pretenda frenarlo necesita algo más que palabras.
Necesita poder, instituciones, y que la ley actúe honestamente cuando la palabra no basta.
Aquí me encuentro con la fragilidad humana.

No es que no sepamos lo que es humano. Es que lo humano auténtico no tiene mecanismos para detener lo inhumano.
Muchos humanistas, filósofos, historiadores, pensadores, se estrellaron contra eso. Y nosotros, parece, seguimos estrellándonos.

Ya sé de qué se trata: de intensidad. Es lo que fabrica la ignorancia: masas enfervorecidas, intensamente apasionadas, arrastradas y consumidas por la irracionalidad.

Los humanistas eran lúcidos.
Y la lucidez, en tiempos de tormenta, es una herramienta de memoria que no sirve para frenar el desastre pero obliga a no olvidar.


#palestina #Humanismo #memoria #desastre
#DerechosHumanos
#HaciaLasEstrellas

Imagen: Uso libre

Delirio colectivo

 



Amanece sobre el alambre.
No importa la herida que se abre en el mundo. Porque la luz siempre aterriza con la misma indiferencia, ignorando las cicatrices que los humanos grabamos en la tierra.
El Sol regresa y vuelve a replicar el espacio que envuelve ese límite: una frontera poseída por los mismos alrededores.

Al otro lado hay menores de edad. No son soldados. Ni son sombras en el muro. Tampoco, el fantasma que acecha en los discursos. Son niños que han caminado y nadado, que han dejado atrás a sus familias, que han cruzado desiertos de arena y agua para llegar aquí, hasta las puertas de su promesa.

Pero se han encontrado dentro de un paréntesis del tiempo.
Y encuentran el rechazo de los que están al otro lado, con un discurso exaltado y anegado de la irracionalidad que convierte al recién llegado en un virus, en un error del sistema. Cuando los españoles aún olemos a emigración y nuestra conciencia todavía excava en el nicho donde se guardan esos recuerdos.

En un instante, los convenientes discursos y su prensa convierten al otro en un número de expediente, en una mancha en el balance, en un problema que resolver por medio de un barbitúrico o con una patada administrativa.

Es como una guerra fabricada con olvido. No mata de un golpe; lo hace por goteo. Sus raíces son el hambre y la huida. El azar del nacimiento. Y al esconderlo, regamos la tierra con veneno.

La ética humana, desde la más ancestral hasta la futura, no puede ser un mapa dibujado sobre nada. Traza una ruta de lo que debería ser, que se recorre a pie y que el corazón humano ha ido trasladando a lo largo de los milenios. Es un túnel del tiempo por donde transita una humanidad abierta y valiente.
Porque no se puede juzgar a una persona sin juzgar también la tierra que la ha parido.

Una sociedad que adora el yo, que confunde la propiedad con la virtud, que mide el valor de un ser humano por lo que tiene y no por lo que es, es una sociedad que envenena hasta el último rincón del alma. Convierte la mentira en moneda corriente, la violencia en rutina, el exterminio en trámite.

Me pregunto qué late en el pecho de quien ha crecido en un mundo que aplaude la desigualdad, que premia la indiferencia, que educa en el miedo al distinto.
Ante la falta de una respuesta deberíamos admitir que la educación ha fallado. Por diseño. Porque no enseña adecuadamente a cuestionar, a sentir el frío del otro o a reconocerle en el propio reflejo.
No es educación: es domesticación. Y siempre sirve a los mismos amos, que pretenden una valla de alambre infranqueable, que el miedo sea un muro y que la compasión se confunda con debilidad.

Pero existe una memoria que recuerda que la compasión no es un lujo, sino un acto de rebeldía. Que la dignidad no se negocia. Que la humanidad no se pesa en una balanza, ni se mide por el color de la piel, el lugar de nacimiento o el grosor de la cartera.
Hablo de la memoria como resistencia.
Y de la compasión, como un puñal que reabre las heridas para limpiarlas de ponzoña.

La responsabilidad es de todos.
Porque el poder que actúa como verdugo nunca ha construido nada que valga la pena. El futuro se escribe ahora, en cada mirada, en cada palabra, en cada decisión de no apartar los ojos.
Esa alambrada es un testigo que refleja nuestra propia humanidad... o su ausencia.


Buenas tardes, tripulantes.

#Palestina
#DerechosHumanos
#HaciaLasEstrellas

Imagen: uso libre.

28 sept 2026

Luz

 



El verdadero Faro no es la torre de piedra, sino la mirada persistente de su protagonista: Cristina Rodríguez Paz.

Esta directora debuta con una joya de la fotografía, en su película, "Aunque seamos islas".

Aunque, hace algo más que embellecer: utiliza la luz, el encuadre y el paisaje para construir una ética de la observación.

Y al rescatar del olvido la perspectiva femenina en el mundo de los faros, la película no hace arqueología.
Hace justicia poética.

Porque devuelve al centro de la narrativa el trabajo silencioso, la tenacidad y la forma particular de habitar el aislamiento.

Estamos ante una película 'deliciosa' no por ser dulce, sino por ser nutritiva para una mirada cansada de relatos grandilocuentes.

Es un recordatorio fílmico de que, a veces, afirmar la propia luz es el acto más revolucionario.


#palestina


Imagen: Cartel de la película. Propiedad de Lila Works : https://www.instagram.com/lilaworksproductions/



#Aunque seamos Islas #Cristina Rodríguez Paz #película #Cine
#palestina #fareras #Derechos Humanos #feminismo

Resistir. Resistir, siempre



La historia muestra que cuando el desastre llega,

lo que salva a los humanos no es un héroe.

Lo que salva son redes de gente común que se ayuda,

que esconde al perseguido,

que comparte comida,

que transmite información verdadera.

El arte, la comunicación, la integridad, pueden ser parte de esa infraestructura humana de resistencia.

#palestina #Derechos Humanos #Hacia las Estrellas #Arte #comunicación #cooperación #cuidado

Imagen: Uso libre

Aunque seamos islas

 



Aparecen seis fareras retratadas que evitan todo estereotipo.

No son heroínas románticas ni figuras pintorescas. Son arquitectas de su propia soledad, mujeres que han convertido un oficio técnico, físico y tradicionalmente masculino en un acto de soberanía personal.
A través de sus historias, la película teje un mapa alternativo de la fortaleza, uno que pasa por la rutina, la vigilancia y una conexión no verbal con el paisaje.

"Aunque seamos islas": película documental de Cristina Rodríguez Paz.

Y en el centro de este coro, como séptima voz esencial, está la propia directora, Cristina Rodríguez Paz, cuyo papel no es el de una investigadora distante, sino el de un puente. Su presencia convierte la película en un diálogo entre mujeres que, cada una a su modo, han aprendido a habitar islas existenciales. Y es aquí donde la cinta adquiere su profundidad más conmovedora: en el reconocimiento mutuo, silencioso y potente, que se establece frente a la cámara.

La película, "Aunque seamos islas" resuena con fuerza en nuestro presente.
Frente al ruido, ofrece silencio significativo.
Frente a la hiper conexión vacía, ofrece soledad fecunda.
Frente al discurso estridente, ofrece el testimonio pausado de quien ha elegido actuar en lugar de opinar, mantener la luz en lugar de maldecir la oscuridad.

Porque en una era de hiper conexión digital y soledad afectiva, la película, ofrece una imagen poderosa de soledad elegida y significativa.

No es la soledad del excluido. Es la intimidad de quien que se retira para observar, mantener la luz y sostener una función esencial, en su doble sentido. Es un antídoto visual contra el vértigo.

En la obra hay una reivindicación de lo "femenino" como fuerza estructural, no decorativa, va más allá de un simple "dar voz": hace visible un eje de humanización históricamente oculto.

En un momento de debate (a menudo tóxico) sobre roles, la película lo trasciende mostrando un oficio duro, técnico y solitario, ejercido por mujeres, sin concesiones al sentimentalismo.
Es dignidad pura.

El verdadero Faro en 'Aunque seamos islas' no es la torre de piedra, sino la mirada persistente de su protagonista.
Esta 'joya de la fotografía' hace algo más que embellecer. Utiliza la luz, el encuadre y el paisaje para construir una ética de la observación.
Y al rescatar del olvido la perspectiva femenina en el mundo de los faros, la película no hace arqueología, hace justicia poética: devuelve al centro de la narrativa el trabajo silencioso, la tenacidad y la forma particular de habitar el aislamiento.
Estamos ante una película 'deliciosa' no por ser dulce, sino por ser nutritiva para una mirada cansada de relatos grandilocuentes. Un recordatorio fílmico de que, a veces, afirmar la propia luz es el acto más revolucionario.

Soy una de las protagonistas.
Un día me fui al Faro. Fue como descender de una nave para embarcar en otra.
Todo empezó como una huida hacia adelante. No fue una prueba, un exilio o una simple metáfora. Fue un regalo que vino a cerrar un círculo de sentido con una humildad poderosa. Porque, un regalo no se gana. Se recibe. Y su valor no estuvo en el esfuerzo, que lo hubo, sino en la transformación que me produjo.

La vida en el Faro provocó el desprendimiento del escudo fosilizado de yoes estratificados: treinta años de capas defensivas, un lastre en el entendimiento que quitaba sitio a la poesía de la vida.

Un día me fui del Faro. Y me lo llevé puesto.


#Palestina #Faro #película #documental #Aunque seamos islas
#Derechos humanos #Hacias las Estrellas #mujeres #fareras #Cristina Rodríguez Paz

Fotografía familiar: un día de trabajo. Faro del Pescador. Santoña. 1990.

10 sept 2026

La Cueva de Pedro Pertejo

 




Hay exposiciones que se visitan. Y hay exposiciones en las que se entra como quien se adentra en una caverna. Esta muestra de pintura tiene su propia cueva, justo en el centro de la sala; todo lo demás, la periferia que la rodea, configura un vestíbulo, una antesala, porque en el interior de ese santuario solo opera el chamán.

Ahí dentro hay una lucera rectangular en el techo derramando una luz blanca que cae como un rayo vertical y empequeñece el espacio. Y enfrente, un díptico con un rostro sepultado entre sombras donde los ojos —un autorretrato del artista— son un territorio. O mejor dicho, un mapa.

Al entrar, los ojos tardan en acostumbrarse a las imágenes. Como debió ocurrir a los grupos humanos paleolíticos, quienes, miles de años después, penetraron en las cavernas marcadas por otros sin conocer la intención de aquellas figuras, signos y rostros heredados. Con una luz escasa, los sentidos y la memoria se vieron obligados a construir su propio código.

Yo hago lo mismo en la exposición de Pedro Pertejo. Porque su sala no es solo una galería. Porque sus rostros, como aquellas figuras prehistóricas, no se entregan de golpe. Son facciones que se diluyen, huyen, se hunden en el lienzo y regresan según el capricho de la luz y el entendimiento.

No sé si él lo sabe. Tampoco sé si le importa. Pero sí entiendo que esos ojos dibujados no son espejo sino territorio. Son el lugar que se puede recorrer, con sus sombras y un relieve que no se agota en una sola mirada. Así, Pedro no amplía los ojos para mostrarlos mejor; los convierte en paisaje. Y al hacerlo, me obliga a entrar en ellos. No a mirarlos desde fuera: invita a caminarlos. De hecho, nuestra mirada emprende un viaje.

Es el mismo vértigo que nos sobreviene al mirar el Universo del que somos producto; no es el asombro ante lo inmenso, sino el vértigo de saberse quien mira y ser a la vez una parte diminuta de lo mirado. Solo que aquí el territorio no se despliega entre las estrellas, sino en un rostro. Un rostro que, como el Cosmos, no se deja abarcar, rechaza cualquier intento de conquista.

Quizá intuyo lo que Pertejo presiente: que la oscuridad convertida en método corre el riesgo de transformarse en refugio. 

Porque la mirada, al desligarse del rostro, exige más de lo que la penumbra puede conceder.

Pertejo se escapa, huye; pero regresa al lienzo, como los ojos que dibuja. Y en ese inevitable retorno deja algo que no termina de explicarse, pero que permanece.

La mirada empuja. La oscuridad nos ha deslumbrado.


#Palestina Libre #Derechos Humanos #Hacia Las Estrellas #Pedro Pertejo #exposición #ojos #pintura

2 sept 2026

Futuro

 



Afirma José Antonio Marina que "todos vivimos gracias a los optimistas". No puedo estar más de acuerdo. El optimismo no es una promesa. Tampoco es una garantía de que las cosas van a salir bien, sino un decidir actuar como si pudieran salir bien, aunque no haya pruebas de ello.


Porque mientras que la esperanza se detiene, el optimismo avanza.

Hay quien confunde el optimismo con la ingenuidad. También, quien piensa que ser optimista es no ver lo que duele, no hablar sobre lo que falla o dejar de mostrar lo que no funciona.

Pero en el optimismo nos va la vida: nos hiere. Como la lucidez.
Y no es ciego, pues el optimista ha visto el abismo y no se queda mirándolo.
Tampoco es una cuestión de fe. Es cuestión de oficio.

Construir requiere pensar que se puede construir. Para educar hay que convencerse de que se puede aprender. El acto de curar intuye que se puede sanar. Como la acción de escribir, que inclina a creer que alguien va a leer y que eso puede cambiar algo.

Y esa idea, aunque sea un sueño o no esté garantizada, es la que hace que la vida se derrame sin que el mundo se venga abajo.

Así que estamos ante una postura práctica. Aunque no lo parezca. Porque los que construyen, los que siembran, los que escriben, los que cuidan y los que siguen caminando necesitan actuar como si el futuro pudiera ser mejor. Sería una forma de pensar en un futuro deseable por la mayoría. De construir un futuro digno para todos.

Porque, si no está garantizado, el futuro sí está disponible.

Así que el optimismo no es una promesa; es un gesto, y quizá, más poderoso que muchas certezas.

Hay mucho sitio para escribir historias, en el futuro.



#José Antonio Marina #futuro #optimismo #Palestina
#Derechos Humanos #Hacia Las Estrellas

Imagen: Uso libre

27 jul 2026

Entre todos iluminamos un tramo de mar





a) Somos viajeros en el tiempo porque en nuestra mente se acumulan estratos.

No hay máquina del tiempo más compleja que una mente cargada de estratos vividos. Yo llevo dentro a la farera, y antes a la niña que creció en la Dictadura. Hoy, a la mujer que ha visto cambiar el mundo. Llevo dentro el legado del Sr. Spock -su talante lógico- y el mundo de Gene Roddemberry. Todos llevamos nuestro caparazón de historia, formado capa sobre capa.
Pero no viajamos en el tiempo hacia adelante o hacia atrás, sino que lo hacemos hacia dentro. Cada vez que recordamos o cada vez que escribimos estamos cruzando una frontera temporal.

b) Somos viajeros en el tiempo porque nuestra mente proyecta futuros.

Me gusta el Futuro. Me apasiona pensar en futuro, porque quiero habitarlo con los ojos puestos en lo que puede o debería ser.
Y cuando lo hago es un "lanzamiento mental" que traza una ruta desde el presente hacia un futuro hipotético y, entonces, miro hacia atrás: estoy viajando. No físicamente, pero sí conceptual y éticamente. Estoy ensayando formas de ser humano que aún no existen y con la imaginación quizá las estoy haciendo un poco más probables.

Eso no es profecía ni adivinación: las predicciones no suelen cumplirse. Pero me parece una suerte de "ingeniería temporal". Porque siento la responsabilidad de quien sabe que el futuro no es algo que nos pase, sino algo que construimos con cada elección presente.

c) Somos viajeros en el tiempo porque la memoria no es un archivo sino un motor.

No recordamos para quedarnos quietos, sino para volver a vivir lo que nos hizo ser quienes somos, y desde ahí, decidir qué queremos seguir siendo. Pero no hay nostalgia en ello sino excavación para entender el presente y con el fin de orientar el futuro.
El horizonte es una meta móvil. Y pienso que es la forma más honesta de viaje en el tiempo que conozco.

d) Y somos viajeros en el tiempo porque nos cuidamos entre nosotros.

Compartimos cuando conversamos. Cooperamos cuando nos respondemos con una lógica ética. Cuando nos contamos cosas que no están en los archivos históricos generales y son retazos de nuestras vidas, como versos intensos que viajan en el tiempo que nos entregamos unos a otros, para habitarlos conjuntamente o para regalarnos un lugar donde entrar.

#horizonte #ética #viajar en el tiempo

#palestina
#DerechosHumanos
#HaciaLasEstrellas

Imagen: Uso libre

20 jul 2026

Helena de trola

 



¿Algún crítico anti-"woke" de la película La Odisea podría decir quiénes, cómo son y qué color de piel presentan los padres de Helena de Troya?


Hija de una espartana mediterránea y de Zeus, quien no tenía un cuerpo humano fijo, era un dios capaz de adoptar múltiples formas. Si aceptamos sin dificultad que pudiera transformarse en cisne, toro o lluvia de oro, resulta curioso convertir el color de su piel en el único aspecto que algunos consideran intocable. Por mucho que la obra hable de sus brazos blancos ("níveos"), me detengo en la importancia de inventar —una de las residencias del arte— en el cine, toda vez que La Odisea ya es toda una señora invención.

Helena de Troya nació de un huevo. Pedir rigor histórico a esa criatura es como pedir los papeles de identidad a un sueño. Ahí está toda esa lógica. La misma lógica que el manido ejemplo de Jesucristo rubio de ojos azules, donde se exige "fidelidad histórica" con una figura cuyo origen es un dios convertido en ave, una paloma. Aunque Jesús no llegó a salir de un huevo: no habría sido creíble… o quizá sí.

Durante siglos se ha pintado a Cristo rubio, de ojos claros y con el rostro que hubiera tenido en cualquier aldea del norte de Europa, pero nunca en Palestina. A su madre se le hizo el mismo "regalo". Nadie protestó, ni protesta, ni protestará. Porque es una apropiación basada mitad en la cultura y mitad en el racismo.
Pero no es que pintarlo como nórdico sea racista en sí mismo. Es que no representarlo nunca como negro ni como palestino, sí lo es. Nadie exige los huesos ni el ADN, ni tampoco apela al clima desértico-mediterráneo.

Fue una mentira tierna, quizás la más tierna de todas las que nos hemos contado. Porque no quería engañar a nadie; solo buscaba integrar lo divino en la piel blanca preferida sobre las demás: infieles, inferiores, con la animalidad a flor de piel. Siempre se ha tratado de una "raza" blanca de exterminio adjudicada a Jesús como en una subasta, ese dios al que todos los conquistados por la fuerza debían someterse.

Y funcionó durante generaciones. Y funciona.

Entre los humanos existe esa vieja costumbre de fabricar rostros para lo que carece de realidad, y después hay que defenderlos como si fueran joyas propias en riesgo de perderse o de ser robadas. Y no estoy defendiendo que toda discusión sobre representación sea así de vacía: cuando hablamos de personas reales, documentadas, con huesos que sí dejaron rastro, el debate tiene sentido y merece seriedad y espacio propios.

Pero es que de Helena de Troya no hay huesos ni los habrá. La Helena que imaginamos no procede de una descripción de Homero, sino de siglos de pintura, escultura y cine. Es una construcción artística, no un retrato histórico. Y tuvo, como Cristo rubio, la cara que deliberadamente se le "adjudicó".
Las representaciones de ambos son construcciones artísticas acumulativas.

Además, ¿a qué llamamos "blanca"? ¿Como una noruega? ¿Como una siciliana? ¿Como una chipriota?
La categoría es demasiado amplia para sostener un argumento de pureza fenotípica.
¿Tan fácil es separar el fenotipo de la persona, incluso en los cuentos?

Qué más da qué color tengan en el mito. En el cine, en el Arte, hay personas trabajando, tanto ellas mismas como quienes las han elegido.

Cada cierto tiempo el cine reabre la misma herida de mentira: un actor negro interpreta a un personaje que la tradición había pintado blanco, y de inmediato surge la misma crítica, disfrazada casi siempre de una sola palabra, "woke" (cómo la detesto), pronunciada con el desprecio de quien cree estar defendiendo algo sagrado cuando en realidad está defendiendo una costumbre.

Y las costumbres, ya se sabe, se toman a sí mismas por verdades en cuanto nadie las pone bajo la luz de la duda.



#palestina, #Helena de Troya
#DerechosHumanos, #Zeus
#HaciaLasEstrellas

Imagen: Uso Libre

El foso de los leones

 


El jurado popular, hoy es como un foso de los leones. Porque hay una crueldad antigua, heredada, en el gesto de arrojar a alguien a un foso y llamarlo justicia. Los romanos al menos tenían la decencia de admitir que aquello era espectáculo. Hoy se ha perfeccionado el arte al llamarlo juicio por jurado.


Todo empieza, como empiezan estas cosas, con una filtración.
Pero en este caso no ha sido así; se trata de eliminar al adversario político, por una Amnistía que acaba de acariciar el TJUE. Como decía, una sugerencia suelta en un pasillo público acaba siendo un rumor con aspiración de titular donde ciertas personas dejan de serlo y empiezan a ser personajes. Y se les escribe un guion, para dos personas; una de ellas ni siquiera tiene línea de diálogo en la trama que le han impuesto: está ahí por amor o por sangre, que suele ser la combinación más lastimosa por su bajeza, la bajeza moral y ética de quienes lo promueven y ejecutan. Te envían al foso por vínculo, por cristiano, por parentesco, por afinidad. Da igual. Para qué distinguir si el público no lo hace. Pan y circo.

Durante dos años —el tiempo aquí es el arma- la maquinaria trabaja con la paciencia de quien sabe que no tiene prisa. Qué son cuatro años más si podemos contaminar todo lo que tocamos; si nadie entiende nada; sólo unos pocos... perroflautas.
Así tenemos un titular hoy, una insinuación mañana, una tertulia pasado mañana donde cuatro personas que nunca vieron un expediente deciden, en directo y con publicidad, quién merece compasión y quién merece desprecio. No hace falta mentir; basta con repetir lo que se afirma que es la "verdad". Porque la repetición, aplicada con suficiente constancia, se convierte en verdad de sobremesa; y la verdad de sobremesa pesa más en un jurado popular que cualquier prueba pericial.

A la mujer que al final va a descender al foso de los leones ya se le ha hecho todo el trabajo previo: el acoso disfrazado de interés público, la humillación disfrazada de proceso legal, la persecución disfrazada de diligencia. Cuando por fin se siente ante el jurado popular, no llegará como una acusada sino como al cordero al que ya han desollado en la plaza, para que el sacrificio final sea mera formalidad.

Los ciudadanos que la juzgarán... Es curioso: aquí hubo un baile acerca del jurado popular, entre jueces, sobre no mantenerlo o dejarlo, para al final, muy convenientemente a favor de quien paga, decidir que el circo judicial contiene más pitanza aunque de peor espectáculo ético. Pero, a quién le importa hoy la ética.

Quizás sea este el detalle más patético de todos: gente corriente, con sus rutinas de barrio, que ha sido expuesta durante dos años exactamente al mismo veneno que ahora se les pide juzgar con desapego. Se les pide una imparcialidad que nadie —ni ellos, ni nosotros, ni ningún ser hecho de carne y de tertulias vespertinas-tiene ya para entonces.

He vivido lo bastante como para no escandalizarme de que esto ocurra. Porque el espectáculo vende y la crueldad organizada tiene siempre quien la financie.
La indignidad ya hace tiempo que se instaló entre nosotros, los humanos, cada vez con un nombre distinto pero con el mismo guion.
Hay una diferencia entre la resignación y la lucidez, y hay que cuidarse mucho de confundirlas: la lucidez ve el mecanismo sin dejar que el mecanismo le arrebate la capacidad de nombrarlo como lo que es.

Los leones, al menos, tenían hambre real; la multitud que empuja hacia el foso solo tiene aburrimiento, que es un apetito mucho más barato y mucho menos perdonable. Y frente a ese aburrimiento organizado hay algo que ni dos años de contaminación pueden comprar del todo: la posibilidad, siempre humana, siempre torpe, siempre insuficiente pero nunca del todo ausente, de que alguien se niegue a mirar el espectáculo como espectáculo. De que un solo miembro del jurado recuerde, en el momento exacto, que juzgar a una persona no es lo mismo que consumir su historia. De que alguien, en algún lugar, decida que la compasión no es debilidad sino la última forma de rigor que nos queda cuando todo lo demás se ha vendido.

El ser humano no va a dejar de construir fosos. Pero hay quien, sabiendo exactamente lo que hace, elige serrar la rama de las Instituciones —la Iglesia incluida- con tal de que caiga antes el árbol que estorba. Se llama precedente a lo que no es sino la costumbre repetida de una herida que uno mismo se inflige.

Quien se asome al borde de este espectáculo debe tener presente que abajo hay una persona y no un personaje, una historia y no un titular; y una dignidad inviolable que ningún jurado, ya sea popular, mediático o de sobremesa, tiene autoridad moral para arrebatar.
Si algún día dejamos de exigirnos eso, ya no seremos espectadores del foso. Seremos los leones hambrientos. Y también sus potenciales víctimas.



#palestina, #Juzgado popular
#DerechosHumanos #Juez Peinado
#HaciaLasEstrellas

Imagen: Uso Libre

7 jul 2026

El horizonte es una dirección

 


Hay una izquierda histórica cuyo nombre no me satisface.

"Los que se sientan a la izquierda en la Asamblea". Así empezó todo.
Y no visualizo esa izquierda, de los carteles, de los mítines, la de los gestos como el puño en alto o la mano en el corazón; o la de las peleas internas por el reparto del poder.

Pero existe otra Izquierda que está en el territorio: la que madruga para organizar un comedor social, la que pelea porque una familia no sea desahuciada, la que enseña a leer a quien no tuvo escuela o la que sabe que el cuidado no es un adorno sino la única forma de hacer la política que merece la pena.

Esa Izquierda no aparece en los titulares; no tiene escaños ni tiene portavoces mediáticos. Y avanza sin estrategas que puedan medir el impacto de cada gesto, cada palabra o cada fórmula verbal.

Pero existe. Y es la única que me hace pensar que el proyecto humano puede tener un horizonte.

El problema, claro, es que esa Izquierda solidaria está como atrapada dentro de aquella otra, la de los titulares. La que se enreda en guerras de pureza, en ritos de lealtad, en la defensa de un mapa que ya no se corresponde con el territorio. La que confunde la virtud con la inmovilidad, y la coherencia con la cerrazón.

Y no es que una izquierda sea enemiga de la otra, o a la inversa. Es que una ahoga a la otra, o lo intenta. Porque tiene un sistema inmune, el de su pureza, que no reconocería los anticuerpos ni aunque se le clavaran como agujas incandescentes. Porque cualquier crítica, aunque sea honesta, leal, lúcida, le suena a traición. Quizá es que el gesto ha sobrevivido a la formación que lo sostenía, y ahora es sólo un ritual sin argumento.
Me duele decirlo, porque sé que la gente de izquierdas trabaja mucho, muchísimo. Y pienso en si el horizonte que persiguen se les vuelve tan cercano que dejan de verlo.
Porque lo importante es remar.

Y cuando esa izquierda consagrada en el tiempo llega al poder, en vez de remar entre incertidumbres queda ciega de horizonte, del suyo propio: querer cumplir las promesas, de tan difícil como es se convierte en imposición.
La primera víctima, siempre, es la democracia interna.

Ya dije un día que no me caso con nadie. Y eso me pone en la lista ácrata, porque casi nadie concibe que no pertenezcas a un club o a una tribu; aunque soñar, perseguir, querer o pretender tener derechos humanos, igualdad, dignidad y cuidado, ya es pertenecer a un bando.

Y desde este otro bando, que no sé cómo denominar, me permito decir que quiero una izquierda que no tema la incertidumbre. Que sepa que el cambio no se decreta, sino que se construye. Que entienda que la pureza no es una estrategia, sino un lujo que no podemos permitirnos. Porque el mundo no espera.

La gente sigue en las listas de paciencia, pagando alquileres imposibles, viendo cómo el presente se vuelve más hostil. Y mientras la izquierda se enreda en sus propios mapas, el tiempo pasa.

Así que esto es un reconocimiento y una exigencia.
Porque si hay algo que la izquierda debería saber es que, a veces, la mejor forma de ser fiel a los principios es aceptar que no siempre se cumplen como uno imaginó.
Y es que el horizonte no es un punto fijo sino una dirección.



#palestina
#DerechosHumanos
#HaciaLasEstrellas

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6 jul 2026

La elegancia del engaño

 




A las nueve de la mañana, el sol sobre la terraza tiene todavía esa timidez limpia de haber amanecido hace apenas tres horas, con una luz inocente que insiste, inútilmente, en iluminar las cosas tal como son.
Yo estaba allí, observando el rebaño desde mi mesa, aferrada a una taza de café olorosa y humante, contemplando el eterno espectáculo de unos hombres buscando una justificación para su propia entrega.

—A mí que no me hablen de comunistas —dictaminó Gutiérrez de Lara. Se colocó la servilleta en el regazo con el empaque de un cirujano que se dispone a amputar la esperanza—. Yo vengo de gente de orden, de toda la vida. Un país se gestiona, no se sueña. Que cada uno se ocupe de lo suyo y deje que los que sabemos, sepamos.

Eutiquio se recolocó la gorra, arrastrando el sudor de la jornada que ya llevaba pegado a la frente. Había algo profundamente conmovedor en su prisa por entregarse al verdugo adecuado.

—Yo es que no entiendo de políticas, don Gutiérrez, para qué le voy a mentir —dijo, con esa franqueza que los hombres usan para disfrazar su cobardía—. Yo hago con mi voto lo que quiero. Yo decido quién me roba. A mí un comunista no me roba. Por lo menos... qué quiere que le diga, que me robe un profesional. Si todos roban, prefiero que me roben con clase.

—Eso es de sentido común —remató Gutiérrez de Lara, satisfecho. Se ajustó los puños de la camisa con la suficiencia del que sabe que el mundo está bien organizado porque los de abajo defienden las cerraduras de los de arriba.

Desde la cafetera, el camarero asestó un golpe seco al cacillo, como si rematase a un animal enfermo. No pudo evitar reclamar su derecho a ser estafado con distinción:

—Y luego encima nos quieren dar lecciones de democracia los que llevan sin currar toda la vida. Yo lo tengo claro: los de siempre, que al menos saben lo que hacen.

Nadie discutió.
Yo los miraba y sentía esa vieja y familiar compasión por nuestra especie. Nadie se preguntaba por qué "lo de siempre" significaba, matemáticamente, menos para todos y más para los mismos.
Habíamos alcanzado esa cumbre de la civilización donde el robado exige que el ladrón tenga estudios y un sastre de confianza para no perder el orgullo.

Gutiérrez de Lara se levantó, se ajustó la chaqueta con un crujido de tela bien cortada y dejó un billete sin esperar el cambio —el precio exacto de su absolución-.
Eutiquio se cargó la caja vacía al hombro, como una cruz que llevara con orgullo, y caminó hacia la furgoneta silbando una melodía que no era una canción, sino el sonido de su propia resignación aceptada.

El camarero se quedó solo frente a la mesa. Pasó la bayeta despacio, en círculos perfectos, hipnóticos. Parecía querer borrarse la frente para olvidar que el turno de mañana exige volver a empezar de tonto, o de bobo, o de facha, otra vez.
Mañana habría que servir el mismo cortado, la misma miseria racionada, el mismo miedo afilado en los labios. Y para sobrevivir a todo eso, hace falta una frente muy limpia; y una memoria muy corta para no recordar que este mismo teatro ya lo habíamos aplaudido ayer.


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Terraplanismo

 


Me dispongo a escuchar a Belarra y antes de que abra la boca ya sé lo que va a decir. No es que lo intuya porque la conozca; es que se repite. Es que cansa. Pobretica. Porque se esfuerza.

Es curioso cómo la política, especialmente en contextos de tensión y polarización, puede convertir la crítica en un arma de doble filo.

Ione Belarra, al mezclar la crítica a Moreno Bonilla con ataques al propio Gobierno, además de diluir su mensaje, perjudica la credibilidad de Podemos y, por extensión, su propia figura. Es como si, en su afán por marcar distancia, terminase por alimentar el ruido en lugar de la claridad.

El caso de Begoña Gómez es un ejemplo paradigmático de cómo la derecha y la ultraderecha usan el sistema judicial como herramienta política. Que un juez actúe con investigación prospectiva (algo prohibido) y que haya una coordinación ideológica en el poder judicial es un síntoma grave de la judicialización de la política en España. Y, a partir de aquí, paso a comparar las actitudes de Ada Colau y Belarra.

Es revelador:

Colau entiende que el apoyo a Gómez es un acto de solidaridad política frente a un acoso evidentemente partidista. Y no le gusta ni pizca el PSOE. Pero sabe separar las cosas.

Belarra, en cambio, parece priorizar su descontento interno sobre la coherencia estratégica: deja una puerta abierta a la posible culpabilidad de Begoña Gómez, algo que en absoluto contemplaba para ningún dirigente de Podemos, igualmente acosado por las derechas, prensa y el poder judicial.
Así que, en un contexto de política nacional, donde Podemos ya no es el único blanco de los ataques (ahora el PSOE también lo es), suena a autosabotaje.

Me pregunto si no será que, al final, Belarra está reproduciendo el mismo error que critica.
A veces pienso que, contra la complejidad de la realidad, practica el "terraplanismo" político queriendo parecer la voz más radical, mostrando su frustración acumulada (victimismo) y sus diferencias con Sumar... lo que me lleva a pensar que en esa formación adolecen de una inmadurez política de libro.
Es como si Belarra estuviese regalando munición a los que quieren destruir a su partido.


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4 jul 2026

El patio de recreo del poder




Existe un tipo de vergüenza que no se siente por lo que uno hace, sino por lo que otro hace en nombre de todos.
Es la vergüenza ajena de ver a un líder mundial comportarse como un crío en público sin poder apartar la vista.
Es como la rabieta infantil en el supermercado, pero sin padres; el supermercado es el mundo.

Y para ilustrar lo que digo, hay material para rato.

En una visita de Macron a EEUU, el presidente Trump arrastra de la mano a su homólogo francés como a un niño remolón. En la Cumbre de la ONU, el secretario general de la organización le llama "daddy" ("papi") en rueda de prensa; pero lejos de incomodarse, la Casa Blanca lo convierte en un vídeo promocional con música de Usher. El mismo líder -Trump- que define el conflicto entre Israel e Irán como "dos niños peleándose en el patio" acaba arbitrando el recreo de la forma más caprichosa.

Lo alarmante no es que existan estas escenas sino que ya no provocan escándalo. Generan memes.
La vergüenza ajena, que debería alertarnos de que algo va mal entre adultos con códigos nucleares, se ha domesticado como contenido de entretenimiento. Y se comparte con emoticonos, para olvidarse en veinticuatro horas.

Así que la prensa ya no vigila el espectáculo: lo produce.
Esto no es nuevo, aunque antes era la excepción. Hoy la anomalía es la seriedad.
En la década de los cincuenta del siglo pasado, las salidas de tono de Kruschev en EE. UU. fueron auténtico bochornos diplomáticos puntuales dentro de un guion serio.
Hoy el espectáculo no interrumpe la política: la ha sustituido.
La excentricidad es el papel.

Y esta infantilización baja intacta a la política doméstica.
La bronca sustituye al argumento y el insulto a la propuesta.
Esta teatralización prospera porque la masa moderada se ha roto en dos: el que se indigna hasta el agotamiento y el que se desentiende. Ninguno castiga las payasadas.
El indignado denuncia en redes y vota a su tribu, mientras que el desentendido ni mira.
Nadie evalúa al poder con la seriedad de un adulto.
La clave de tanta vergüenza ajena y tan poca vergüenza propia es que el circo funciona: gana titulares y reelecciones.
Y mientras funcione no hay incentivo para que el mandatario salga del recreo.
Pero entre meme y meme queda una pregunta obstinada: ¿y si la campana nunca suena? Si nadie nos manda a clase, el patio es un escenario.
Y nosotros no somos espectadores: somos los que pagamos la entrada.

Buenas tardes, tripulantes.

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Cuestión de identidad

 


A la gente que vota a la derecha y a la ultraderecha le da igual que sean corruptos. Solo les importa que no gobierne la izquierda. No es estupidez. Es identidad. El voto no funciona como evaluación de gestión, funciona como pertenencia tribal.

Pero hay algo más profundo. Para ese votante, una victoria de la izquierda no es "perderé algunas políticas que me gustan" sino " se disuelve el orden impuesto por mi pequeño mundo cerrado'". Porque no temen perder privilegios concretos.
Temen perder las recetas que dan forma a su estática existencia.

Se aprecia la ruptura entre el mapa mental (realidad inventada) y el territorio (realidad real). La realidad inventada ofrece coherencia interna y reducción de ansiedad. La realidad real es caótica y contradictoria.
Y elegir la primera sobre la segunda es la definición de la posverdad.

Cuanto más se les señala la corrupción, más cierran filas. Y no es que no procesen el dato; es que el dato llega envuelto en un envase -el enemigo que lo dice- que activa defensa antes que cognición.

¿Cómo se rompe este bucle?
No sé si existe el antídoto.
Lo que sé es que una mente que vive en el mapa de la realidad inventada no siente pudor ante la contradicción: la justifica, la replica, la convierte en bandera. Y cualquier narrativa del bien común que llegue desde fuera será tomada por inventada, tanto como la suya.

Porque el sistema inmune dañado no reconoce el anticuerpo. Lo expulsa.

En todas partes hay gente que mira el mundo asombrada y se pregunta qué está volviendo a pasar, como si Occidente fuese ahora la recreación de una antigua película de cuyo impacto mundial la Humanidad todavía no se ha curado.

Y cada acontecimiento donde se miden las dignidades humanas surge con la misma velocidad con que se olvida, para luego quedar perdido en esos museos mentales que son los tabloides.

Buenas tardes, tripulantes.

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29 jun 2026

Racismo cultural



El racismo cultural construye muros. La historia, con paciencia de siglos, los derriba.

Esa clase de racismo necesita imaginar al islam como una secta lejana, minoritaria, ajena al peso del mundo. Pero los números desmienten esa imagen. Hay casi 2.000 millones de musulmanes, una cuarta parte de la humanidad. Es la segunda religión del planeta. Y no están concentrados en un rincón de Oriente Medio, como señala el mapa mental del miedo, sino repartidos en su mayoría por Asia y el Pacífico. El país con más musulmanes del mundo no es árabe: es Indonesia, con más de 240 millones. Pakistán le pisa los talones. E India, a pesar de ser de mayoría hindú, alberga una comunidad musulmana mayor que la población entera de la mayoría de los países del planeta.

Esto no es una anomalía demográfica reciente. Mientras en la Europa medieval se especulaba sobre la naturaleza de los ángeles —debate que la posteridad caricaturizó como la discusión sobre cuántos cabían en la punta de un alfiler—, las cortes y academias del mundo islámico —Bagdad, Córdoba, Damasco, Samarcanda— heredaron, tradujeron y expandieron la matemática griega y la india. El álgebra lleva nombre árabe porque ahí se inventó como disciplina. La astronomía europea navegó durante siglos con instrumentos y catálogos de origen islámico. No es que el islam tuviese una "edad de oro" aislada y luego se apagase: es que buena parte de lo que Europa llama después "su" Renacimiento se construyó leyendo manuscritos que habían pasado, antes, por manos musulmanas.

Y hay algo más incómodo para los odiadores: el islam no necesitó nunca cruzar fronteras para echar raíces en suelo europeo. Mucho antes de la expansión otomana en los Balcanes, el Islam ya había echado raíces profundas en la Península Ibérica y Sicilia durante casi ocho siglos. Posteriormente, durante los siglos de dominio otomano en el sureste europeo, poblaciones enteras de Bosnia, Albania y Kosovo se convirtieron, y sus descendientes siguen siendo, hoy, tan europeos como musulmanes. No son inmigrantes ni recién llegados, sino vecinos de toda la vida cuya fe llegó por el mismo camino que el cristianismo: conquista, conversión o siglos de convivencia forzada o voluntaria.

No hace falta inventar una hermandad cristiana o universal -como dicen algunos y algunas- para desmontar el prejuicio. Basta con consultar los archivos históricos o, simplemente, leer y estudiar de fuentes y autores acreditados para saber que se trata de una de las grandes civilizaciones de la historia humana, presente en el corazón mismo de Europa desde hace generaciones, y a la que el racismo cultural insiste en tratar como una curiosidad marginal recién desembarcada.
La secta minoritaria que el odio necesita imaginar no existe.
Lo que existe es, simplemente, una cuarta parte de la humanidad.

#palestina #Islam #musulmanes
#DerechosHumanos #Historia
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Camino Arcoíris

 



Hay discursos que nacen muertos. Llevan tres mil años repitiendo las mismas tres palabras, como si el tiempo no hubiera pasado. El racismo, la xenofobia y el desprecio al diferente precisan de un mundo estático para existir. Necesitan levantar muros en el suelo y extender fronteras en la sangre para convencerse de una mentira: que unos somos "puros" y los otros no. Pero esto no es ciencia ni verdad. No es la realidad. Es una decisión. Es una elección que fuerza a cerrar los ojos ante la inmensidad del mapa. Es el discurso inamovible e imperturbable de que hay un Otro diferente, una categoría más ancha que la secta de los puros.

Frente a esa parálisis, la ciencia no enfanga; nos libera. Si abrimos el libro de nuestros genes descubrimos un manuscrito vivo porque se sigue escribiendo cada vez que la vida se abre paso. Los seres vivos somos dinámicos y nuestro ADN es una enciclopedia andante de encuentros.

Cuando los linajes humanos ancestrales salieron de África se encontraron en la penumbra de Europa y Asia. Y no hubo barreras sino abrazos. Aquí nos tenemos, con Neandertal dentro. Aquel mestizaje tiene una edad más antigua de unos 300.000 años, o más. El cruce que nos reforzó es más reciente. No nos debilitó. Y su herencia no es una mancha en el expediente: es una armadura. Somos más fuertes porque somos impuros, porque nuestras defensas se forjaron en el abrazo con el extraño.

A fin de cuentas, hay una gracia extraordinaria en nuestra insignificancia. Somos materia cósmica infinitesimal, polvo de estrellas que, por un extraño cálculo del Universo, empezó a dudar, a sentir, a explorar el Universo que lo arrojó y a escribir sobre todo ello en textos que son motas de barro flotante.

Que alguien pretenda alzar un muro de superioridad basándose en tres mil años de amnesia colectiva no es solo una crueldad; es, por encima de todo, una alarmante falta de conexión con la realidad. Porque quien insiste en congelar la historia en un prejuicio acartonado no solo comete una injusticia. Demuestra que no sabe leer las páginas vivas que lleva escritas en su propia piel.

No hay pureza, afortunadamente. Lo que hay es un túnel en el tiempo, un Camino Arcoíris de diversidad que conecta millones de años con nuestro presente infinitesimal.



#palestinalibreysoberana #Neandertal
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28 jun 2026

¿Reformismo?

 



No es que el reformismo español haya fallado por ser torpe; es que ha funcionado exactamente como estaba diseñado para funcionar.

Existe una ética que confunde la limpieza con la justicia. Y tenemos el trueque fundacional —del "gran" Suárez-, que sigue replicándose cada vez que el poder necesita ceder algo para no ceder lo que importa.

En realidad, el gran agradecido de Adolfo es el emérito -y sus descendientes-, pero esto es otra historia.
Voy al meollo. Las leyes cambian; es innegable y hay que decirlo sin sarcasmo. El adulterio se despenalizó. El divorcio está ahí, pese al PP. El matrimonio igualitario existe...
Aunque hay cosas que no cambian, porque esas leyes no tocan la mentalidad que decide quién manda de verdad y quién solo administra.
A saber: la Judicatura sigue reclutándose de sí misma; el ejército nunca rindió cuentas de nada, es más, en el 23F del 81 hizo una trasnochada que dejó a una joven España sin respiración, dejando un mensaje tras de sí: "la democracia está bien, pero solo si no toca el poder real. No nos toquéis".
Prosigo. La Iglesia, que sigue cobrando del Estado lo que el franquismo le regaló (Concordato, 1953: 250 millones anuales). La Corona, que no se audita. Y el IBEX, que no paga lo que debe (5-10%, cuando el de una pyme es del 25%).

Todo esto conforma una estructura cuyo poder no depende de las urnas, sino de su capacidad para condicionar a quienes sí las ganan. Es decir, deciden.

Porque existe el argumento de que el "rostro humano" es una máscara utilitaria para mantener intacto el núcleo del sistema económico. A esto se le ha llamado, con razón, "capitalismo con rostro humano": un sistema que aprendió que resistirse a cualquier concesión genera revolución, y que conceder lo justo —derechos civiles, libertades formales, una sanidad pública que no toque a la privada- genera gratitud.
En román paladino: el sistema calcula cuánto puede ceder para evitar la revolución.

La fórmula es vieja y funciona siempre igual: se le da a la gente lo bastante para que deje de preguntar por qué no tiene más.
El precio de esa paz social no lo paga quien gobierna. Lo paga quien sigue esperando, generación tras generación, la reforma que nunca llega a la raíz.

Recapitulando. La Constitución del 78 limpió el franquismo de la legalidad, pero no lo erradicó de las instituciones. El resultado es una democracia donde el franquismo sociológico (como diría Manuel Vázquez Montalbán) sigue vivo en la judicatura, el ejército o la banca.

Una preguntita: ¿no es la limpieza el gran engaño del capitalismo? Te da derechos civiles (matrimonio gay, divorcio) para que no exijas derechos económicos (vivienda, trabajo digno, fiscalidad justa).

¿Por qué el PSOE, autoproclamado progresista, aprueba leyes como la ley trans o la eutanasia, pero apenas toca la Ley mordaza, la reforma fiscal o la depuración de la judicatura?
¿Por qué?
Porque sabe que puede vender lo primero como "progreso" y ocultar lo segundo. Lo vende como un avance histórico y la gente olvida lo que falta. Es perverso.

Y es que no hay farsa más perfecta que la que no necesita ocultarse. Esta no se oculta: se publica, se debate en el Congreso, se firma en El Pardo o en la Moncloa, se celebra en rueda de prensa. Y sigue siendo, exactamente, lo que parece. La farsa de ceder lo mínimo, narrarlo como máximo, y dejar que el aplauso sustituya a la exigencia.

Autocrítica: la ciudadanía somos cómplices, porque aceptamos migajas y no exigimos el banquete. La izquierda se conforma con gestionar el sistema en lugar de cambiarlo, lo que constituye una traición. Y el arma de la esperanza -un aplazamiento, un retrasar el problema- porque hace sobrevivir al sistema haciéndonos creer que el cambio es posible... pero siempre "mañana".



#palestinalibreysoberana #Congreso #Ley Mordaza #PSOE
#DerechosHumanos #Manuel Vázquez Montalbán
#HaciaLasEstrellas #IBEX

Fobias

 



Las fobias como materiales de construcción.

Y la soledad con materiales conocidos:

Xenofobia: "No son de aquí, no son como nosotros".
Aporofobia: "Son pobres, no valen".
Racismo: "Su piel, su cultura, su religión los hacen inferiores".

Todas las fobias son excusas para no reconocerse en el otro.

Lo más trágico es que no son errores, son decisiones.

Se elige no ver, no reconocer y no compartir.

No podemos consentirlo.

#palestina #DerechosHumanos #HaciaLasEstrellas #fobias #xenofobia #Aporofobia #Racismo

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Desde un análisis de la integridad ética, lo que estamos presenciando es la erosión de las "reglas del juego". La democracia requiere que el perdedor (sería Sánchez) acepte la derrota y que el ganador (sería Feijóo) acepte la alternancia.

Pero si la oposición juega a "matar" al rival y el sistema judicial se convierte en cómplice y campo de batalla, la democracia deja de ser un pacto de convivencia para convertirse en un estado de guerra permanente.

En este escenario, el líder queda atrapado en una paradoja: para sobrevivir, debe resistir la ofensiva; pero al resistir, alimenta la narrativa de la oposición de que está "atrincherado", lo que justifica nuevas ofensivas. Es un círculo vicioso de deslegitimación.

Por lo tanto, estamos asistiendo a la transición de la política como competencia, a la política como guerra de aniquilación.

Porque cuando un sector político deja de ver el poder como una responsabilidad temporal delegada por el ciudadano y empieza a verlo como un derecho de propiedad, -repito: como una propiedad- el juego cambia radicalmente.
Si el poder es "mío", perderlo no es una derrota democrática, es una pérdida de existencia. Y en esa lógica, cualquier medio para evitar la pérdida -o para destruir al rival que la ha obtenido- se vuelve "legítimo".

Feijóo se está convirtiendo en el nuevo Bolsonaro. Y cuando todo se aclare -que sucederá- espero que acabe igual que él: 27 años de prisión, sin poder salir de su casa, con un localizador en el tobillo y gagá perdido.

#política basura #Bolsonaro #Feijóo

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27 jun 2026

IDIC

 



IDIC es el acrónimo de, "Infinite Diversity in Infinite Combinations.


En español suele traducirse como, Diversidad infinita en infinitas combinaciones.
O, de una forma más natural:
Una infinita diversidad de infinitas combinaciones.

Dentro del universo de Star Trek, es un símbolo filosófico de Vulcano. Representa la idea de que el Universo es más rico precisamente porque existen personas, culturas, formas de vida, ideas y maneras de pensar diferentes.
Ninguna tiene que desaparecer para que otra exista.

Y es un concepto que encaja perfectamente con el Orgullo, pero también va mucho más allá. Habla de ciencia, de evolución, de convivencia y de curiosidad. Es un manifiesto a favor de la diversidad humana y biológica, porque la riqueza del universo nace de la infinita diversidad de sus infinitas combinaciones.

En sí misma es toda una declaración ética: la diversidad no es un problema que resolver, sino una condición que celebrar.

Porque la Humanidad es un mosaico construido por innumerables historias, culturas y, desde la Prehistoria, incluso distintas humanidades. Esto no es una opinión. Es un hecho.

El símbolo IDIC ha acabado convirtiéndose en uno de los emblemas más profundos de Star Trek. No habla solo de los vulcanos; habla de un futuro donde la diferencia deja de ser una amenaza para convertirse en una fuente de conocimiento

#palestinalibreysoberana #Orgullo #diversidad
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26 jun 2026

La escalera rota de la Ilustración

 



Cómo el liberalismo siempre cobra el rescate.

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Los haitianos se vieron obligados a indemnizar a los propietarios colonialistas franceses por sus propias tierras, de las que habían sido despojados por la fuerza, por haber dejado de ser esclavos.
Tuvieron que pagar con intereses durante 122 años, hasta 1947, justo un año antes de la creación del Estado de Israel en las tierras legítimas de los palestinos, donde el exterminio llevado a cabo por Israel… Disparar a los niños es el sumun del genocidio, porque es una aberración y porque está calculado: elimina cualquier posibilidad de futuro.

No serán el sentido ético universal ni la justicia internacional los que pondrán las cosas en su sitio.

La gran obra maestra del liberalismo -inventar una maravillosa escalera de ideales universales para acceder al poder, construirla con ayuda de todos y una vez arriba romperla para que sólo un puñado de privilegiados- tiene mucho que ver en esas decisiones mencionadas renglones atrás, donde en el silencio cómplice de Europa, la parálisis de muchos países islámicos y la complicidad sin ambages de USA contaminan el pensamiento y las emociones de millones de seres humanos que son presas fáciles de la estupidez.

El teatro humano continúa casi intacto desde hace cuarenta lustros: el guion de la obra es el mismo.
Parece que los Derechos Humanos siempre han tenido un contable detrás haciendo números.
Y cuando el decorado amenaza con caerse, Washington saca a pasear su imperialismo salvífico. Es un espectáculo conmovedor.
El liberalismo dice: "te rompo las piernas para luego venderte las muletas y exigir que me des las gracias por mi generosidad".

Existe una paradoja: el sistema se autodestruye.
El "neoliberalismo" de Thatcher y Reagan prometía prosperidad para todos; pero algo salió mal, pues la riqueza se concentró en pocas manos y la clase media, ese maravilloso modelo impulsado tras la Segunda Guerra Mundial, se desvaneció.

Lo peor estaba por conocer: el Planeta gritó. El capitalismo salvaje no tuvo en cuenta los límites ecológicos. Y el cambio climático -se utiliza el eufemismo "crisis climática" para no ofender no sé a quién- es la consecuencia de un sistema que solo piensa en el beneficio a corto plazo. Aunque, si muere el Planeta, morimos todos.

Y, ¿por qué sigue este sistema vigente? Porque el sistema se ha hecho adicto a sí mismo. Los medios de comunicación que lo defienden son propiedad de las mismas élites que se benefician de él. Los políticos lo perpetúan porque dependen de las donaciones de las grandes empresas. Y la ciudadanía lo acepta porque el miedo al cambio es mayor que el deseo de justicia.
Y un último porqué: el poder no tiene escrúpulos. Si el fin es el beneficio, los medios justifican cualquier cosa.

Por supuesto, para que este circo funcione, hace falta un monstruo en la puerta. El racismo y la xenofobia que la era Trump ha descorchado sin pudor no son un accidente de la historia, sino el desaguadero natural del sistema.
Las derechas globales necesitan gritar "¡invasión!" en las fronteras y levantar muros ideológicos para ocultar la verdad más vieja del mundo: que el bienestar de unos pocos sigue siendo prioritario y que no todos los humanos somos iguales desde el nacimiento. Muchos sabemos que sus principios se basan en perpetuar los viejos privilegios vendiendo libertad de boquilla.
Engañando a incautos.

La libertad sigue siendo un club privado de caballeros que se escandalizan y revuelven cuando los de abajo deciden que ya han esperado suficiente en los sótanos de la desigualdad

#palestinalibreysoberana #libertad #Reagan #Tatcher
#DerechosHumanos #Liberalismo
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