Todavía recuerdo cómo dijo Rajoy "hasta aquí hemos llegado" cuando Pedro Sánchez le acusó de indecencia por haber ocultado la corrupción en su partido: Bárcenas, Rato…
Sin embargo, algo ha cambiado. Y no precisamente a mejor.
Ya se insultaba a los gobernantes en la prensa del siglo XIX con una crudeza que hoy escandalizaría. Pero se trabajaba sobre todo con la caricatura, la alusión y la ironía; y el insulto crudo y directo costaba caro: un duelo, un proceso por injurias, un periódico secuestrado. El que insultaba se jugaba algo.
La crítica dura, incluso la sátira feroz, es parte sana de la vida pública. La tradición de burlarse del poder es antiquísima y necesaria. Otra cosa muy distinta es el insulto gratuito, que no argumenta nada, solo humilla y degrada. Y deshumaniza.
Ha cambiado el escenario: el insulto ya no reside en la barra del bar, sino que se premia con audiencia, y los platós han descubierto que el escándalo da más que el debate.
También ha cambiado la estructura de costes.
Es decir, que lo nuevo no es solo el insulto, sino su amplificación y normalización inmediata, pues no pasa nada. Es muy peligroso, porque se predica violencia verbal y física que, en no pocos casos, termina impune, avalada por el juego político partidista.
No hace falta compartir ideología con un representante público para sentir que algo se rompe cuando el cargo se trata como un saco de boxeo en horario de máxima audiencia.
El deterioro del comportamiento social es escandaloso y vergonzante: tiene su reflejo en la vida cotidiana, en las calles y en las instituciones.
Hoy el insulto sale gratis, se emite en directo y se produce en serie, sin escatimar en temas delicados o sensibles.
No me avergüenza únicamente la grosería pública y pagada por todos, sino que muy rara vez alguien parece sentir que debe responder por ella. Porque el insulto que sale gratis no solo degrada a quien lo lanza. Degrada el espacio común donde deberíamos poder discutir. Y mientras nadie responda por ello, el insulto seguirá siendo rentable... y por eso, porque es rentable, se reproduce.
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