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29 nov 2009

El Teléfono



¡Rig, ring, ring!...  (va derramándose el sonido por la mesa de estudio). ¿Diga?  Buenas tardes Doña, ¿puedo hacerle unas preguntas? (Los Carolingios bailando por los salones de la cabeza). Bueno... depende del tipo de preguntas me reservaré el aceptarlas, ¿le parece? Sí, sí, de acuerdo Doña. Del uno al diez, ¿qué nota daría usted al presidente del Gobierno? (Las nueve de la noche, vaya horitas de llamar). Un cero patatero porque rima y me salgo del rango que me propone. Ja,ja,ja. Bien, ¿y al jefe de la oposición? Otro cero le doy, por los mismos motivos. ¿Y a Fulanito? Pues no sé quién es. Bien. ¿Y a Zutanito? Pues, ni idea de quien es. Bien, bien. Y, ¿a Menganita? (Al otro lado, el bolígrafo rasca a la vez que gruñe el papel de la encuesta). Pues tampoco, ya lo siento. Jajajaja, sí, no se preocupe, no pasa nada. ¿Hay alguno que le haga tilín? Pues no, me producen bastante alergia, por no decir algo peor. Sí, ya; hay mucha gente que también dice que le pasa... eso mismo que usted dice. Muy bien, Doña. ¿Qué le parece la gestión llavada a cabo en su Comunidad en los ultimos años? (Vuelven a bailar los Carolos.) ¿A qué se refiere? ¿Ha notado usted algún cambio? Bueno, pues han mejorado mucho las carreteras. Sí, ya, me refiero en general.... Pues... no sé, la gente de por aquí no ha cambiado, es la misma, se comporta igual... Solo he notado lo de las carreteras como le digo, ya no son calzadas romanas. Ah, bien, bien, de acuerdo. ¿A quién votó usted en las elecciones del 2007? ¿Hubo elecciones en el 2007? Sí, sí. Bueno, ¿y en las del 2008? ¿Hubo elecciones en el 2008?  Una última pregunta. ¿Es usted de un partido de derecha o de izquierda? Bueno, yo soy partidaria del pensamiento y del conocimiento, nunca me he planteado si se inclinan a derecha o izquierda y tampoco me ha merecido la pena bajar a tocar tierra para comprobarlo. Ah! Comprendo, es usted una idealista... ¿...? Gracias, Doña. Buenas noches. Nohaydequé. ("...Pipino el Breve, en el año 744 ordenó...") ¡Clic!




Los Payasos Líricos


"Estoy resuelto a defender mi derecho a ser débil, y sólo mi amor a la debilidad puede hacer un héroe de mí. Esto es una contradicción, desde luego. Pero entendedlo bien: estoy dispuesto a dar mi vida por mis contradicciones. Todo lo referente a la presencia del hombre en la tierra es contradictorio, y el hombre es una contradicción que no permitiré que nadie destruya.
(...) Tal vez nos volvemos incapaces de amar, de vivir, y todo lo que tenemos en las manos y en el corazón se convierte en idea, en sistema, en abstracción.
(...) Y todo lo que puedo hacer es defender un mundo, un estilo de vida que respete mis contradicciones, mis aproximaciones, mis dudas, mis inciertas y cambiantes verdades y mis fraternales errores. Existe a nuestro alrededor, entre el error y la verdad, un margen piadoso de relatividad que nos salvará siempre, tanto de nuestros errores como de nuestras verdades. Nuestra pequeñez hará que escapemos a todos los cálculos; el hombre es algo que ninguna ley puede capturar ni contener.
(...) Solo tengo que tocarte, mi amor, para saber lo que es humano y lo que no lo es. El progreso es el derecho a la debilidad, penosamente conquistado, y penosamente conservado. Pero sólo se puede ser débil entre los que creen en la debilidad y la respetan. Y mientras tanto, mientras espero que el hombre prevalezca, debo aceptar la derrota, que será tremenda. Debo dejarte y plantarme ante aquellos que creen en el hierro y en la fuerza. Debo dejarte y esperar pacientemente hasta que ellos sean como nosotros -hasta que triunfen-, hasta que sean débiles. Debo ayudarles a debilitarse, a triunfar.
(...) Deja que se lancen de cabeza con su entusiasta certidumbre: caerán directamente en brazos de la duda. Deja que florezcan en la confianza de sí mismos: la duda llegará a ellos como una corona de espinas que será una realización.
(...) El hombre raramente fracasa cuando se propone mostrarse como tal."


Romain Gary





Fragmento: Los Colores del Día. 1960
Cuadro: Dalí. "Soledad"

Fotografía: "en la cuerda floja" de Google Imágenes


5 oct 2008

La Angustia del Rey Salomón.

Desde Venus

Hace un par de días me llevé una grata sorpresa: encontré recién editada la última obra escrita por Emile Ajar, el pseudónimo de Romain Gary, uno de mis autores favoritos.
Como de costumbre, no me resistí a la tentación de comprarla.
La lectura del libro va a ser compartida con un buen amigo que vive a casi mil kilómetros de aquí, quien ha tenido que encargar su ejemplar por no encontrarlo todavía disponible. De modo que no puedo empezar a leer el libro. Reconozco que he hecho un poco de trampa, y anoche leí hasta la página treinta y cinco.
Pero fue una lectura muy rápida, quizá no se note...
La Angustia del Rey Salomón, escrita en 1979, es una historia de amor y soledad.
La novela, centrada en la figura de un anciano -Salomón- de más de ochenta años, muestra el combate de un hombre ante las percepciones de su cercano final. Es un hombre que nunca ha perdido a nadie y, por ello, Salomón colecciona vidas.
El narrador es un joven e inocente taxista que, al conocer casualmente al anciano, se verá implicado en el debate con el que inevitablemente se manifiesta la existencia.
No faltarán los guiños del autor a sus propios compromisos y luchas personales con la naturaleza, la ciencia, la historia o la injusticia, sazonándolo todo con unas dosis de humor.
Creo que Gary debió de estar muy atento a las clases de la vida. Me produce calma, por esto me gusta tanto. Transmite una paz soñada; la que, pese a todo lo que nos afecta y acecha, no debemos perder nunca.
Como no puedo seguir leyendo, tampoco puedo decir mucho más. Bueno, sí; si puedo decir algo: Gary es, en efecto, un autor de contrarios. Analiza y expone la tragedia sin hundir al lector en la desesperación. Introduce en las inquietudes y es un hábil transmisor de entusiasmo.

10 jun 2007

La Redención de la Naturaleza


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Fotografía: Galatea


No me gusta leer noticias y nunca lo hago. Pero, por casualidad, he encontrado ésta:
Bush aborta el posible pacto para fijar límites a la emisión de gases de efecto invernadero.

Y, también, ésta otra:
Cientos de millones de personas se verán afectadas por el deshielo y la disminución de glaciares y cubiertas de nieve como consecuencia del cambio climático, según ha advertido el Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUMA) en un nuevo informe.

La Naturaleza se nos muere.

Huir de las noticias es muy difícil, porque de lo malo siempre te acabas enterando. Hoy me he desanimado y he empezado a pensar. No he conocido el mundo sin guerras, conflictos o problemas. Encima la Historia ilustra de lo lindo: entran unas ganas de dejar de leer… Pero no es posible, al menos para mí.
Nací el año en que se murió Einstein. Fui uno de esos cachorros con patas largas y pies grandes que no produjo cambios a su alrededor, exceptuando el volumen desalojado en el espacio y las consecuencias normales de su existencia. Lo recuerdo todo en color sepia: luz a ciento veinticinco voltios, televisión con transformador y con la casa de Pepito íaaa, íaaa, hoó, dentro. Casi todas las personas con las que hablo, que son de la misma quinta, tienen recuerdos en sepia, como yo. Una época fea y triste. Teníamos poco y nos conformábamos porque no había mucho más. No había otra cosa. Cuando al crecer fui comprendiendo un poco soñé con un futuro más luminoso y alegre. Estrenábamos la palabra libertad. El futuro consistió en abordar una transición personal que viajaba con más rapidez que el río que nos llevaba, el cual, a su vez, también estaba mutando. La situación, pese a la lucha y las esperanzas que lograba concebir, era agotadora, incómoda. Un día se desvanecieron las esperanzas. Así, de golpe. Tendría ya unos treinta y pico. Por primera vez presenciaba conscientemente desatarse una guerra, desde el principio. La Guerra del Golfo. No como antes, que cuando tenía conocimiento de ella llevaba tiempo el conflicto. La esperanza pasó entonces a ser un acto de fe, una plegaria, cualquier cosa, irreal. Dejé de usarla.
Ahora resulta que el planeta se está muriendo desde hace mucho tiempo. En definitiva, que no he tenido tiempo para apreciar las bondades del mundo. Si las ha habido han estado dispersas, han sido pequeñas o han permanecido ocultas por los desmanes humanos. A veces parece que vivir es como ascender por una duna; tras la dificultad, en la cima se cierne la gran amenaza: nos quedamos sin planeta, sin casa.
Coincidiendo con las manifestaciones del cambio climático, mi jardín ha experimentado un crecimiento espectacular, alarmante por lo rápido y raro. Me da pena. Porque, cada vez que lo miro me doy perfecta cuenta de lo que está sucediendo. He nacido en un mundo hostil e incómodo, donde me siento echando las últimas miradas; porque la belleza que hoy observo, quizá no volveré a verla nunca más. Al contemplar lo que queda siempre pido el mismo deseo: que la memoria me acompañe hasta el final.

El escritor lituano, Romain Gary, (1914-1980) a través de su novela Las Raíces del Cielo denunció que “el cielo ha plantado en la Tierra unas raíces que nadie tiene derecho a arrancar.”
Y antes, el florentino, Giovanni Papini, (1881-1956) en la Redención de la Naturaleza escribió:
“La Naturaleza espera y gime esperando la imposible redención, la reconquista de la reluciente belleza del principio.
Esperan en aquella fúnebre paz los tallos floridos, esperan los manantiales polvorientos, esperan el fruto escarchado y el animal herido, esperan las minas de los cerros, los vedes caminos de los ríos, los áspides de los pedregales, las palomas asombradas, las vacas tumbadas en los establos, esperan todos los animales creados y humillados, los que han caído junto al hombre, por culpa del hombre, y que esperan del hombre reintegración y alivio.
La Naturaleza anhela y espera en esa sumisa estagnación su perdón y su triunfo”.

Ya sé que la escasez de sol produce melancolía. Pero llevamos ya varios días teniendo unas horas de sol. Quizá quede una dulce resaca. O quizá solo esté intentando consolarme de los malas noticias y los oscuros presagios echando la culpa a la ausencia de luz, porque se acostumbra la sangre al cortejo de su música.