Nadie los buscaba. Así suele funcionar la ciencia, y también la conciencia: uno va detrás de una certeza y tropieza con algo que no tiene nombre todavía, algo que obliga a reescribir las notas desde el principio.
Son transambulantes, criaturas de tránsito, hechas de historia sedimentada, de guerras digeridas y ternuras fosilizadas, de todo lo que la especie fue acumulando en su larga marcha sin destino claro. No tienen sexo porque llevan todos los sexos, o ninguno ya importa. Son lo que queda cuando se retiran las categorías que usamos para dividirnos. Materia viva recompuesta. Escombro con voluntad.Existen caminos que todavía no se ven pero trazan la única dirección que siempre tuvo un sentido. Ahora y sin remedio, la niebla no es un obstáculo. Quizá es el siguiente estado de la materia.
Lo desconocido nunca fue amenaza sino una promesa sin garantías: la única promesa honesta.
Falta el aire y no falta, o algo intermedio que la ciencia no tardará en desentrañar. Al fin y al cabo, somos criaturas sembradas desde el Espacio. Llevamos en el cuerpo una memoria anterior a cualquier guerra, anterior a cualquier frontera. Anterior, incluso, a la crueldad.
El único misterio que vale la pena descifrar es saber de qué retazos de historia estamos hechos. Porque la historia no se hereda sólo en los libros. Se hereda en el cuerpo. En el modo en que apretamos la mandíbula cuando vemos una injusticia y no podemos hacer nada. En la náusea específica de saber y no poder.
Somos un compendio genético que absorbe información sin pedirla, que porta memorias que no vivió, que lleva en los huesos guerras que terminaron antes de que naciéramos y guerras que están ocurriendo ahora mismo mientras escribimos esto.
Mientras escribimos esto...
Nos auto-inmolamos despacio, con método, con acuerdos rubricados en salones bien iluminados. Y en esa hoguera administrada arrastramos a los que no eligieron el fuego. A los que no tienen casco. A los que ni siquiera tienen playa.
Y sin embargo, la naturaleza se cura. No nos espera. Rodea nuestros desastres con musgo, con silencio, con tiempo. Los mutambulantes siguen caminando. No han sido convocados. Nadie los diseñó.
Aparecieron porque la casualidad, que es la forma más honesta de la inteligencia, los necesitaba.
Son el accidente en mitad de la niebla.
Son lo que la especie produce cuando ya no sabe qué más producir.
Son los inesperados.
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Imagen: uso libre
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