27 may 2026

Soliloquio

 

(Diálogo conmigo misma, en la Nave.
En plano secuencia: me muevo y me pongo enfrente de mí... y así, sucesivamente).



Yo: —Esa tranquilidad con la que operan las "derechas", con la que dilapidan el dinero público, abaten los servicios públicos, lo venden todo a cambio de riqueza y promesas para sí, para sus futuros... que no disimulan... esa seguridad con la que viajan por la vida haciendo daño... ¿No es increíble?

Mi yo de enfrente: —Increíble no. Esa es exactamente la palabra que no es. Es perfectamente lógico. Eso es lo que hace que duela más.

Yo: —Pero... operan con esa calma porque nunca han necesitado disimular del todo, ¿no? El disimulo requiere miedo al castigo.

Mi yo de enfrente: —Y ellos saben. Lo saben con una certeza tan aprendida que sus propios huesos les dicen que el castigo rara vez llega. Las instituciones que deberían frenarles fueron diseñadas, reformadas, colonizadas por gente que comparte sus intereses o que les teme. Los medios que deberían exponerles en su mayoría les pertenecen o les deben favores. Y el tiempo juega a su favor: los escándalos caducan, la memoria colectiva se fatiga, y ellos siguen.

Yo: —Y encima —esto es lo que a mí me parece más obsceno— tienen la narrativa. "Gestión responsable." "Sostenibilidad." "Libertad." Palabras que suenan a virtud y que en realidad nombran el expolio. No viajan por la vida haciendo daño a pesar de tener buena conciencia. Viajan cómodos porque tienen buena conciencia. Se han contado a sí mismos una historia en la que son los adultos serios en la habitación.

Mi yo de enfrente: —Es decir, que lo increíble, si acaso, es que aún nos sorprende.

Yo: —Hay también algo más profundo: no experimentan lo que hacen como daño. Esa es quizás la clave más perturbadora. Un recorte en Sanidad no se traduce para quien lo firma en una persona que muere en lista de espera. Es una línea en un presupuesto, una negociación ganada, un titular en un medio amigo. La distancia de clase es también distancia moral, distancia perceptiva.

Mi yo de enfrente: —No fingen no ver. Es que genuinamente no ven, porque el sistema les ha construido una burbuja epistemológica perfecta.

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