Me pregunto si el individualismo instalado en la sociedad ha propiciado y profundizado una soledad que hace preciso volcarse en las redes sociales para paliar sus efectos. Hay que mostrarse. A toda costa y como sea. Y me doy cuenta de que la pregunta lleva dentro su propia respuesta. O casi.
El individualismo no solo produce soledad, así, en genérico; sino que la produce de un tipo específico, que es la peor: la soledad en presencia. Es esa soledad monumento, sin nombre, de nuevo cuño, creada en la era de la hiper-conexión.
Así que "estar solo" mientras todo el mundo está "conectado" se percibe como un fracaso personal, no como un síntoma estructural. Se percibe, repito, y se asemeja a estar caminando apresuradamente por un pasillo repleto de puertas, sintiendo la persecución del que huye para olvidar que la vida insiste tanto como lo hacen las olas al respirar sobre la arena, para después desaparecer en ella dejando un tenue rastro de espuma. Es el olor a soledad.
Las redes sociales no palían esa soledad: la administran. La gestionan sin curarla, como un analgésico que además alimenta el dolor a largo plazo. Porque el mecanismo de "mostrarse" no rompe el individualismo —lo profundiza. Me muestro yo, mi vida, mi criterio, mi marca. La lógica del escaparate es la lógica del mercado aplicada a la identidad. Y el mercado no sabe hacer comunidad; sabe hacer competencia.
Hay algo más retorcido todavía: el individualismo vende la soledad como libertad. Nadie te debe nada, tú no le debes nada a nadie. Y cuando esa libertad duele —porque duele— las redes ofrecen la ilusión de remedio sin tocar la causa. Millones de personas solas juntos, mirándose las pantallas, mostrándose, esperando que alguien les devuelva la mirada de verdad.
Pienso que hemos confundido el valor de uso con el valor de cambio, también en las relaciones. Nos relacionamos para producir algo —imagen, validación, capital social— en lugar de relacionarnos porque el otro existe y eso basta.
La pregunta que me hago es si hay salida individual a un problema estructural, o la única respuesta honesta es colectiva, y por eso incomoda tanto.
#palestinalibreysoberana #soledad
#DerechosHumanos #huida
#HaciaLasEstrellas #libertad
Las redes sociales no palían esa soledad: la administran. La gestionan sin curarla, como un analgésico que además alimenta el dolor a largo plazo. Porque el mecanismo de "mostrarse" no rompe el individualismo —lo profundiza. Me muestro yo, mi vida, mi criterio, mi marca. La lógica del escaparate es la lógica del mercado aplicada a la identidad. Y el mercado no sabe hacer comunidad; sabe hacer competencia.
Hay algo más retorcido todavía: el individualismo vende la soledad como libertad. Nadie te debe nada, tú no le debes nada a nadie. Y cuando esa libertad duele —porque duele— las redes ofrecen la ilusión de remedio sin tocar la causa. Millones de personas solas juntos, mirándose las pantallas, mostrándose, esperando que alguien les devuelva la mirada de verdad.
Pienso que hemos confundido el valor de uso con el valor de cambio, también en las relaciones. Nos relacionamos para producir algo —imagen, validación, capital social— en lugar de relacionarnos porque el otro existe y eso basta.
La pregunta que me hago es si hay salida individual a un problema estructural, o la única respuesta honesta es colectiva, y por eso incomoda tanto.
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Imagen: uso libre
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