22 abr 2026

El Arte de vivir sin hacer daño

 

Uso Libre

Vivir sin hacer daño es una de esas aspiraciones que te atrapan en cuanto las pronuncias, como un lazo que se aprieta al tirar. Imposible desde el primer aliento, y sin embargo, la única brújula que vale la pena llevar.

Las religiones te ofrecen el confesionario. Los estados te ofrecen la multa.
Las organizaciones -incluso las más nobles- te ofrecen la absolución colectiva: paga tu cuota, asiste a la reunión, vota bien y queda limpio. Hay algo obscenamente cómodo en eso.
Un mercado de indulgencias para laicos, ricos y famosos, que funciona exactamente igual que un trámite administrativo.

Hiciste daño, das una disculpa obligado, la cual sale en ciertos medios de comunicación, seguramente, interesados. Es decir: pasas por ventanilla, te ponen el sello, te dan el recibo y sales limpio. La conciencia queda archivada como un expediente cerrado.

La ironía es que algo tan profundo como el daño que causas a otra persona se gestione con la misma mecánica que una multa de tráfico pagada o una declaración de la renta en la que te pillaron, te tocó pagar y santas pascuas.

Como ha dicho Ramoncín: "puestos a decir tonterías.... lo mejor es no decirlas".

Un mercado de indulgencias para laicos, ricos y famosos, que funciona exactamente igual que un trámite administrativo.

Hiciste daño, das una disculpa obligado, la cual sale en ciertos medios de comunicación, seguramente, interesados. Es decir: pasas por ventanilla, te ponen el sello, te dan el recibo y sales limpio. La conciencia queda archivada como un expediente cerrado.

La ironía es que algo tan profundo como el daño que causas a otra persona se gestione con la misma mecánica que una multa de tráfico pagada o una declaración de la renta en la que te pillaron, te tocó pagar y santas pascuas.

Como ha dicho Ramoncín: "puestos a decir tonterías.... lo mejor es no decirlas".


#CarlosBaute #DerechosHumanos

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