Uso libre
A los los "añoradores" y "nostalgicones"; ahí van estas preguntas:
¿Estarían dispuestos como nostálgicos que son a firmar, hoy, un contrato que les quitase el divorcio, limitase la libertad de expresión y subordinase derechos individuales a una moral oficial? ¿Aceptarían que su hija necesitase el permiso de su marido para trabajar?Si la respuesta es no, entonces lo que añoran no es el sistema, sino una fantasía selectiva del mismo.
Para nuestra vergüenza, España estuvo aislada tras la Segunda Guerra Mundial por su afinidad con las potencias fascistas. La "normalización" internacional llegó por interés geopolítico en la Guerra Fría, de la mano -siempre sin escrúpulos en ética y justicia- de un EEUU que hablaba de Derechos Humanos que no cumplía. No llegó por homologación democrática.
La realidad fue pragmatismo geopolítico puro: bases militares a cambio de legitimidad. Franco no se "moderó"; el contexto internacional lo necesitaba como aliado anticomunista. EE.UU. cerró los ojos ante la dictadura mientras predicaba libertad en otros foros internacionales. Y una Europa deudora tragó. El mundo nos aceptó porque éramos el tonto útil de esa historia.
La nostalgia no es un archivo histórico; es un montaje cinematográfico que funciona con tres trucos psicológicos:
-Confunde orden con justicia: el silencio parece paz cuando no eres quien está siendo silenciado. El nostálgico confunde su comodidad -no enterarse de la injusticia- con el bien común.
-Recuerda la juventud y se la atribuye al régimen opresor; y esa energía vital la traducen como “aquello funcionaba”. Es una falacia afectiva.
-Reduce la complejidad. La democracia es ruidosa. La dictadura simplifica. Y la simplificación tiene un extraño atractivo: convierte a la persistente incertidumbre en obediencia. Es el atractivo estético y emocional del autoritarismo. La democracia es incómoda y la dictadura ofrece una narrativa de imposición del "orden".
La memoria histórica no es venganza ni propaganda; no es un ajuste de cuentas, es seguridad vial. Es caminar con mapa; lo contrario es ir a ciegas, lo que puede resultar romántico… hasta que uno cae por un precipicio que estaba bien marcado y señalizado. Es decir: el nostálgico te acusa de "remover el pasado" justo cuando se han puesto las señales para no estrellarnos de nuevo.
Porque el peligro de la nostalgia no es sólo inventar un pasado, es que nos hace vulnerables a la repetición de los mismos errores.
En definitiva: no se intenta juzgar a quienes vivieron entonces con las categorías de ahora. Se trata de preguntar a quienes, con toda la información disponible, hoy eligen pintar la dictadura como un orden virtuoso. Y eso no es memoria, es militancia.
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