26 mar 2026

Ensoñación

 

Uso libre

En los registros de la Flota Estelar (permitidme la ensoñación) me he encontrado con la película de 1992, de Gabriele Salvatores: "Mediterráneo".

No puedo dejar de sonreír al recordarla. Tiene todo aquello con lo que sueño: naturaleza, paz; y, como en el Faro, el mar con su brisa... y un Sol capaz de fecundar hasta las palabras más vacías.

Conocéis el argumento. Supongo. Segunda Guerra Mundial: un grupo de soldados italianos quedan aislados en una isla griega y descubren que la guerra, con toda su violencia y su retórica, es irrelevante frente a la realidad simple de la vida, la belleza y la conexión humana.
Preciosa isla. Maravillosa Basilisa. Y hay un final cortado a mi medida, con una dedicatoria: "A los que están huyendo".

Acabada la guerra, los soldados regresan a Italia; les mueve el entusiasmo de que pueden cambiar el sistema que produjo el fascismo. Se llevan la isla dentro, como yo mi Faro al partir. Pasan décadas intentando cambiar las cosas. Y fracasan. No porque ellos no fueran valiosos, sino porque el sistema -ese entramado de problemas fabricados, de juegos de poder, de hipocresía- es más grande que cualquier individuo.
En todo existir humano hay un ciclo de la esperanza y el desencanto.

Derrotados por esa selva de ladrillo, piedra y asfalto regresan, "se devuelven" a la Isla, al lugar donde la guerra no significó nada; donde el viento, el mar, las cabras y las personas sencillas les mostraron una realidad más auténtica que cualquier política "verdadera". Porque, como el Faro que yo viví, la Isla no era un lugar geográfico, era un estado del ser.

"A los que están huyendo"... Dedicada a los que buscan, a los que dan el primer paso para llevarse "algo" puesto de algún lugar de las sensaciones humanas.
Los soldados de Mediterráneo no cambiaron Italia. Pero la Isla les dio algo que ningún sistema político podría darles nunca: un marco de referencia que no dependía de su país ni de ninguna otra cosa que no fuera una Isla. O un Faro.

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