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Un periodista preguntó en una ocasión a Richard. P Feynman qué explicación encontraba para los problemas del mundo. El Profesor le respondió: "estudie Física; encontrará respuestas a su pregunta".
Si el Profesor Feynman estuviese vivo, le preguntaría: ¿podemos aprender de nuestra propia biología a ser menos estúpidos políticamente?
Los humanos tenemos una tendencia recurrente al esencialismo en cuanto a diferencias se refiere, y a construir purezas imaginarias como mecanismo de cohesión interna. Y de exclusión, aunque la evidencia -genética, histórica, política- demuestre que somos, y siempre hemos sido, producto del encuentro y la mezcla. No somos sapiens puros, somos pura mezcla. Híbridos. Tenemos neandertales dentro... y otros linajes anteriores.
Esta tendencia al esencialismo debe ser un rasgo estructural de nuestro pensamiento social, que se activa cada vez que un grupo necesita definirse a sí mismo, y lo hace contra otro.
Pienso que es preciso activar una mirada que conecte, y que sea capaz de ver que existe el mismo patrón en el trato que profesamos a los nativos allí donde el sapiens blanco tuvo colonias, a los inmigrantes de hoy o en las peleas de la izquierda actuales. Hay una conexión. Más cercana de lo que pensamos. Ya he dicho antes que es estructural.
Esa forma de ver y entender el mundo, a la que apelo, se da cuenta de que la denigración del otro no es un error del pasado, sino una tentación permanente. El valor de esa mirada es enorme, porque desactiva la coartada del progreso: ya no podremos decir "eso era antes, ahora somos mejores".
La pureza que se defiende ya no es genética. Es ideológica. Es programática. Es identitaria. Pero la estructura es la misma: hay que expulsar al impuro para que el grupo se mantenga puro.
Si este análisis es correcto, es decir, si la tendencia a mantener la "esencia" y a excluir es estructural, entonces nadie es inmune. Ni siquiera tú o yo. Y debo preguntarme: ¿yo también caigo en esto y construyo purezas imaginarias?
La lucidez no se aplica sólo a los demás; también, a una misma. La autocrítica es una herramienta de supervivencia.
La realidad grita, ¡la unión no es derrota!, sobre todo si es temporal. Es colaboración. Es cooperacion. Es cuidado. Como llevamos haciendo desde la Prehistoria. Pero en política se vive como una traición, o como un rendición. El miedo que provoca se debe a la confusión entre identidad y programa, entre el "soy esto y no otra cosa", y el "quiero esto y para conseguirlo estoy en disposición de cambiar de forma, eventualmente". Es estrategia.
Pensando en futuro: quizá sobrevivir políticamente no sea mantener la sigla. Quizá sea dejar rastro en quienes vienen después. Dejar huellas fosilizadas bien visibles, como las de nuestros hermanos neandertales de Doñana. Y quizá las ideas -genes políticos- se incorporen a un cuerpo más grande, más diverso, más capaz de enfrentar lo que viene. La fusión no fue el final de neandertal, fue su persistencia.
Porque no se sobrevive como se quiere o como se imagina, sino como se puede.
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