Uso libre
Suelo recordar con frecuencia este pasaje del escritor Romain Gary en su obra "Las raíces del cielo", donde plasma la libertad indestructible en su protagonista, Morel, un prisionero de guerra junto con sus compañeros en un campo de concentración nazi.
Los cautivos, mientras trabajaban forzados en aquel campo, se mantenían cuerdos entre las crueldades que sufrían con ejercicios de libertad y compasión: mientras trabajaban ayudaban a volar a abejas atrapadas en el barro.Pero sus guardianes, al darse cuenta de lo que hacían, para quebrantar todavía más su espíritu pisoteaban a las abejas.
Acabada la jornada y de vuelta en el pabellón, a uno de los prisioneros se le ocurrió evocar una imagen de sí mismo cuando estuvo en África: durante la puesta de sol, se deleitaba mirando a los elefantes caminando pausadamente, sus figuras recortadas a contraluz sobre una colina...
Y esa imagen, los soldados nazis no podían triturarla como hacían con las abejas.
De todo el grupo que practicaba el ejercicio de evocar la libertad con los Elefantes, el "dueño" de la imagen no sobrevivió, murió enfermo y desnutrido. Pero Morel y los otros compañeros sí sobrevivieron.
Al ser liberados, Morel marchó a África a defender de los cazadores furtivos la vida de los Elefantes que le habían mantenido lúcido, a salvo, vivo y libre.
Este pasaje tiene especial relevancia para mi, por la huida hacia la libertad.
La libertad no es solo un asunto humano; se aprende, se practica, se contagia en la relación con lo vivo: elefantes, caballos, nubes, el mar, un faro que se enciende y se apaga en mitad de la noche. La vida la insuflas tú.
Por eso los regímenes totalitarios siempre han querido colonizar el tiempo interior: llenarlo de consignas, de ruido, de miedo, y que no quede espacio vacío donde pueda germinar otra cosa. La propaganda no busca solo convencer, busca ocupar la mente para que no haya sitio para lo propio.
La imaginación es el único territorio sin muros. Los soldados nazis no pudieron luchar contra los Elefantes de Morel. Sabían que algo distinto estaba pasando y les apretaron aún más. Puedes cercar ciudades, controlar fronteras, espiar comunicaciones... pero no puedes poner un vigilante dentro de cada sueño, no puedes censurar el recuerdo de un elefante caminando por el alto de una colina y a contraluz.
La libertad no es solo un derecho, es un organismo vivo que necesita ser alimentado con imágenes, gestos, memoria y comunidad. Como el grupo de Morel en el campo de concentración. Y como todo organismo, o se cultiva, o se atrofia.
Los verdugos no sólo matan cuerpos: intentan matar la imaginación, la ternura, la capacidad de asombro.
Porque saben que un pueblo que aún puede evocar Elefantes en libertad es un pueblo que aún puede reconocer su propia dignidad.
Buenas tardes, tripulantes.
#palestinalibreysoberana
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