Uso libre
“Los cambios llegan en incrementos insoportablemente pequeños para aquellos que los buscan.”
Lo dijo el presidente Bartlet en "El ala oeste de la Casa Blanca." Y hay una verdad, incómoda y poderosa, en esa frase. Una verdad que la política quizá prefiere no pronunciar en voz alta: los pueblos no cambian cuando alguien lo decide, sino cuando han tenido tiempo suficiente para dejar de tener miedo.El miedo es lento para irse. Más lento que cualquier programa electoral, más lento que cualquier mayoría parlamentaria. Más lento, incluso, que el olvido.
Los pueblos lo saben, aunque no siempre lo recuerden.
España también lo ha sabido. Hubo un momento -breve, luminoso, frágil como todo lo luminoso- en que una generación creyó (creímos) que bastaba con nombrar las cosas para transformarlas. Que la pedagogía era armadura suficiente. Que la indignación era programa.
No lo era, aunque durante un tiempo lo pareciera con una convicción admirable. La indignación es la chispa, no el fuego. Y una chispa sin hoguera solo alumbra el instante en que se apaga.
El sistema establecido es como ese animal viejo y paciente que ha aprendido a sobrevivirse. No necesitó destruir aquel impulso; le bastó con esperar y aprovechar el momento para alimentar el miedo en la masa, justo donde el miedo vive más cómodo: disuelto en millones de ignorancias individuales que se suman, sin rostro, sin responsable al que señalar.
Los que vinieron a sembrar ilusión olvidaron que un campo sin cercado es una invitación, creyendo que las ideas se defendían ellas solas por ser buenas. Pero las plagas no leen programas, y reconocen cualquier puerta entreabierta. Porque el mundo, que surgió del caos, hacia el caos se inclina… aunque en ocasiones adopte formas armónicas, como si el desorden tropezara, sin quererlo, con la probidad.
Quizá por eso vale la pena rehabilitar la paciencia más allá de la resignación. Como estrategia. Con el merecido respeto a los tiempos de lo humano.
Y con la certeza de que las raíces más profundas son las que más tardan en brotar.
No se trata de soñar un mundo ideal ni de imaginar paraísos lejanos.
Quiero reivindicar el mundo merecido de los principios, ese lugar donde el valor de lo humano no necesita justificación, porque negarlo sería, en el fondo, renunciar a reconocernos.
#palestinalibreysoberana #DerechosHumanos #HaciaLasEstrellas
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