30 oct 2026

Palabras

 


Es complicado intentar expresar lo inexplicable con las mismas palabras con las que expresamos la vida y la poesía, o la verdad y la mentira.

Encuentro una preciosa paradoja en usar el lenguaje —la herramienta de lo concreto— para intentar atrapar lo inefable. ¿Quizá es como pretender volcar el océano en un vaso de cristal?

Las palabras son a la vez el límite y el puente. Nos fallan cuando intentamos describir el asombro ante el Universo o la emoción de un atardecer, pero son ese mismo hilo frágil que nos permite compartir, aunque sea de forma imperfecta, lo que sentimos.
Con este descubrimiento —el más impresionante de los inventos—, los humanos hemos creado el reino más rico del mundo: el pensamiento.
Pero en el silencio, en lo no dicho, a veces reside lo más profundo. Porque el intento en sí —ese tanteo con las palabras— ya es un acto de amor.

Como escribir poesía: sabes que nunca dirá exactamente lo que quieres, pero confías en que, de algún modo, alguien más sentirá el eco de tus palabras.
Y ahí está el hechizo. En la tensión entre lo que se puede decir y lo que sólo se intuye. En que, a pesar de todo, seguimos intentándolo. Como los San, que con sus historias orales guardaban el mundo en la memoria. O como los neandertales, que quizá pintaban en las paredes no para explicar, sino para compartir el misterio.

Ya no recuerdo cuántas veces, en algún momento, he sentido que el lenguaje casi lo lograba, pues hay una tormenta de ideas que parece no caber en el mundo de las palabras. Excepto cuando encadenamos frases que cada una avanza un paso más hacia el concepto que intentamos expresar. Imagino que así debió nacer la literatura. Es como si cada palabra fuera un paso en la oscuridad, y solo al encadenarlas —tropezando y avanzando— lográsemos vislumbrar la forma de lo que buscamos. La literatura, la filosofía, incluso la ciencia nacen de ese impulso: la necesidad de rodear con lenguaje lo que no tiene nombre.

Y hay algo profundamente humano en eso. No es casualidad que las primeras obras escritas surgieran de la exigencia de dar forma a lo inmenso: la muerte, el amor, el caos del mundo. Porque no explicaban; invocaban. Y porque cuando intento describir el sabor del mar o el peso de un recuerdo, no puedo definirlos y, al hablarlo, logro hacerlo presente para otro.

En la tormenta de ideas, el lenguaje no es un recipiente, sino un relámpago que ilumina en instantes. Y en esos destellos —en cada frase se acerca un poco más— está la esencia de crear.

Tengo la impresión de que, en el fondo, todos somos un poco como aquel ser humano ancestral que, mucho antes de los fanatismos y frente al fuego en la cueva, intentó contar una historia —o una hazaña de caza— a su grupo, para no sentirse solo con sus recuerdos; y no lo hizo para huir de las heridas acumuladas por la experiencia, sino para hacerlas conocimiento.


#PalestinaLibreSoberana #neandertales #literatura
#DerechosHumanos #San #pensamiento
#HaciaLasEstrellas #palabras

No hay comentarios: