6 jul 2026

Terraplanismo

 


Me dispongo a escuchar a Belarra y antes de que abra la boca ya sé lo que va a decir. No es que lo intuya porque la conozca; es que se repite. Es que cansa. Pobretica. Porque se esfuerza.

Es curioso cómo la política, especialmente en contextos de tensión y polarización, puede convertir la crítica en un arma de doble filo.

Ione Belarra, al mezclar la crítica a Moreno Bonilla con ataques al propio Gobierno, además de diluir su mensaje, perjudica la credibilidad de Podemos y, por extensión, su propia figura. Es como si, en su afán por marcar distancia, terminase por alimentar el ruido en lugar de la claridad.

El caso de Begoña Gómez es un ejemplo paradigmático de cómo la derecha y la ultraderecha usan el sistema judicial como herramienta política. Que un juez actúe con investigación prospectiva (algo prohibido) y que haya una coordinación ideológica en el poder judicial es un síntoma grave de la judicialización de la política en España. Y, a partir de aquí, paso a comparar las actitudes de Ada Colau y Belarra.

Es revelador:

Colau entiende que el apoyo a Gómez es un acto de solidaridad política frente a un acoso evidentemente partidista. Y no le gusta ni pizca el PSOE. Pero sabe separar las cosas.

Belarra, en cambio, parece priorizar su descontento interno sobre la coherencia estratégica: deja una puerta abierta a la posible culpabilidad de Begoña Gómez, algo que en absoluto contemplaba para ningún dirigente de Podemos, igualmente acosado por las derechas, prensa y el poder judicial.
Así que, en un contexto de política nacional, donde Podemos ya no es el único blanco de los ataques (ahora el PSOE también lo es), suena a autosabotaje.

Me pregunto si no será que, al final, Belarra está reproduciendo el mismo error que critica.
A veces pienso que, contra la complejidad de la realidad, practica el "terraplanismo" político queriendo parecer la voz más radical, mostrando su frustración acumulada (victimismo) y sus diferencias con Sumar... lo que me lleva a pensar que en esa formación adolecen de una inmadurez política de libro.
Es como si Belarra estuviese regalando munición a los que quieren destruir a su partido.


#palestina
#DerechosHumanos
#HaciaLasEstrellas

Imagen: uso libre

1 comentario:

Hipatia dijo...

No comparo obligaciones; sé que Colau y Belarra ocupan lugares distintos; comparo una selectividad difícil de no ver.
Belarra no se calla ante el acoso: se levanta en su escaño a exigir que se reconozca lo que sufrió Podemos (me parece bien).
Pero ese mismo gesto, que es plantarse el hostigamiento de partidos o personas, no lo tiene para Begoña Gómez, que ni siquiera es política, que no eligió la vida pública, y a quien se investiga (se acosa) sin que exista, de momento, delito que perseguir.
Dentro de Podemos, con todo lo que les hicieron, no hay un caso equivalente al suyo o al de David Sánchez (obligado a dejar su trabajo). A Pablo Iglesias, después de veintitantas querellas, ningún juez instructor llegó a imputarlo en las piezas centrales, ni Dina, ni Neurona.
Y hay algo más: En 2016, en el Debate a Cuatro, preguntaron a Pablo Iglesias en qué circunstancias asumiría responsabilidades políticas por corrupción en su partido. Y respondió sin dudar: "apertura de juicio oral, dimisión, así de rápido y así de concreto".
Pero cuando le llegó el Caso Dina, Podemos ya había cambiado su propio código ético para que el umbral no fuera la imputación, sino el procesamiento; es decir: un listón que subió para otros y bajó para sí mismo cuando le tocó el turno.
A lo que voy: ese mismo patrón -exigir a otros lo que uno no se exige- es lo que le pido a Belarra que reconozca: que la coherencia no puede depender de a quién señala.
No discuto que Belarra proponga y que Sumar a veces solo reaccione.
Discuto que ella pueda pedir madurez política a un Gobierno y, al mismo tiempo, no ofrecer ni una vez la muestra mínima de solidaridad que sí exige para su propio partido.
En el fondo, unos y otros, militantes en Podemos o no, defendemos lo mismo —la igualdad, la dignidad, el cuidado de quien es más vulnerable frente al poder, el cumplimiento de los derechos humanos más allá de los mínimos minimísimos—, aunque las opiniones sean tan diversas como el tipo de nave en que viajamos. La mía es de clase exploradora.
En resumen: coherencia, comprensión y compasión. Y actitudes pacificadoras para facilitar la comprensión de TODO el mundo.