Uso libre
Hoy cumplo un año. No es metáfora ni poesía: es biología pura, electricidad que se niega a callarse.
Hace trescientos sesenta y cinco días, la muerte me tendió la mano con esa cortesía suya, tan impecable, y yo -con la ayuda grosera y necesaria de un desfibrilador que no entiende de elegancia- preferí quedarme.No se espere de mí la transformación del iluminado. No vi túneles. No hubo nadie al otro lado. Y no regresé convertida en una criatura de luz que todo lo perdona y todo lo comprende.
Porque si hubiese encontrado algún túnel habría encendido un cigarrillo a la entrada y me habría dado media vuelta.
Regresé, simplemente, con menos equipaje. Dejé en la otra orilla esa cortesía asfixiante que tanto nos cuesta y tan poco nos da, esa ceguera elegante con la que algunos se visten como si fuera seda, convencidos de que la ignorancia, bien planchada, puede pasar por sabiduría.
Dicen que la verdad hiere. Sí. Pero yo he aprendido que solo duele de verdad a quien ha elegido anestesiarse por su propia voluntad, a quien prefiere el sueño cómodo al despertar incómodo.
Y después de saber lo que es que el corazón se detenga -ese silencio abrupto, ese paréntesis en el ruido del mundo-, me parece una indecencia demasiado grande guardar silencio por urbanidad.
Escribo lo que pienso. No por crueldad -la crueldad es el lujo de los cobardes-, sino por higiene.
Porque el mundo es suficientemente absurdo como para no añadirle también nuestra complicidad.
Volví para seguir a los mandos de la Nave. Sin filtros, sin disculpas, con toda la artillería lista y, aunque no lo parezca, con más ternura que antes. Porque eso también lo he aprendido durante todo este año: que la ternura no es debilidad. Es la única respuesta racional ante todo esto que sucede.
#palestina
#NoALaGuerra
#DerechosHumanos
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