25 mar 2026

Serie: Fauna Humana III

 


Homo vitrinae activista


"Homo activista". Imagen: uso libre.

Homo vitrinae soberanus lleva sus galones en la solapa. Homo vitrinae veritatis se envuelve en la jerga como si fuera una túnica. Pero el activista de vitrina —tercera subespecie de este género— no necesita ni galones ni jerga. Necesita un escenario. Y lo encuentra donde hay una causa justa, un proyecto colectivo, un movimiento social con energía vital y gente dispuesta a poner el cuerpo.

Llega como quien llega a un decorado ya montado. No le interesa la causa, sino el reflejo que la causa proyecta sobre él. Las fotos en manifestaciones, las siglas en el perfil, las intervenciones en público, las palabras grandilocuentes sobre justicia y emancipación… todo es material para su vitrina. Habla con pasión de los oprimidos, pero nunca ha compartido su precariedad. Denuncia las injusticias, pero siempre desde una posición que las reproduce. Aprovecha los proyectos colectivos para obtener lustre, y cuando el brillo disminuye o la causa exige esfuerzos que no puede retransmitir en redes, desaparece sin dejar rastro. No es que abandone: es que la función ha terminado y él no estaba allí para construir el decorado, sino para lucirse en él.

Su hábitat son los márgenes que han dejado quienes, agotados, se han retirado. Entra en un grupo activista como quien entra en un salón vacío: se instala, decora con su presencia, y pronto ha olvidado que otros pusieron los cimientos. Su estrategia es la ocupación suave: no impone, se ofrece. "Yo puedo encargarme", dice, y nadie se lo ha pedido. "Tengo contactos", añade, y los contactos nunca aparecen. "Habría que hacer algo", sentencia, y el algo siempre lo hacen los demás.

Su plumaje es cambiante. Un día viste la camiseta de la lucha contra el racismo; al siguiente, la pancarta por la vivienda; al otro, la pegatina del feminismo. No hay contradicción en su itinerario porque no hay profundidad. La coherencia no le preocupa: solo le preocupa que el escaparate esté bien surtido. Su canto es el de la indignación impostada, ese tono que sube de volumen justo cuando llega la audiencia y baja cuando se retira. En sus rituales de cortejo se presenta como "alguien que siempre ha estado en las luchas", aunque nadie le recuerde en las primeras filas cuando las filas dolían.

Su historia natural es la del arribista emocional. Llega a los movimientos sociales cuando ya están consolidados, cuando el riesgo ha sido asumido por otros, cuando la causa tiene prestigio social. No funda, se afilia. No arriesga, se beneficia. Y con el tiempo, acaba confundiendo su propia conveniencia con la causa: cree sinceramente que defender sus intereses es defender los intereses colectivos. Esa confusión, esa buena conciencia del oportunista, es quizás su rasgo más inquietante: porque el oportunista que sabe que lo es aún puede provocar vergüenza ajena; el que se cree auténtico ya no tiene remedio.

El riesgo que introduce en el ecosistema es la erosión de la confianza. Su presencia desgasta a quienes realmente sostienen el proyecto. Porque mientras ellos ponen horas, energía, dinero, él pone posturas. Mientras ellos resuelven problemas, él colecciona fotografías. Y cuando el proyecto se tambalea, cuando la causa deja de dar lustre, él ya está en otro lado, con otra camiseta, con otra indignación recién estrenada. El movimiento no ha perdido un militante: ha perdido un escenario.

La contra-estrategia es la memoria. Registrar quién estaba cuando había que poner los pilares y quién llegó cuando ya estaban puestos. Nombrar la diferencia entre compromiso y escaparate. Y, sobre todo, no confundir la presencia en las fotos con la presencia en las trincheras. La solidaridad que se exhibe no es solidaridad: es consumo.

Homo vitrinae activista. Clasificado, como sus parientes el Soberano y el Poseedor de la Verdad, no por crueldad sino por necesidad. Porque lo que se nombra deja de pasar por compromiso. Deja de pasar por militancia. Y se convierte, también, en un espécimen de museo. Aunque este, eso sí, intentaría poner la vitrina en medio de una manifestación y convencer a los demás de que él fue quien organizó la marcha.


Esta serie, Fauna Humana, es un ejercicio de observación antropológica aplicada a los espacios que habitamos. Ningún espécimen ha sido dañado durante su estudio. 

 

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