22 may 2026

Las células equivocadas: la ética como anomalía

 


El organismo funciona. Eso es lo primero que hay que entender, y lo más difícil de aceptar: el organismo —la sociedad, la civilización, el conjunto vasto y ruidoso de lo humano— funciona precisamente porque la mayoría no ve. Porque ver duele. Y el dolor sin salida no es virtud. Es tormento. El organismo ha aprendido a no mirar lo que no puede cambiar sin romperse.

Y entonces aparecen las células equivocadas. No el tejido sano; el tejido sano es el cinismo bien educado; la costumbre que se llama prudencia; la seguridad que se llama madurez.
Las células equivocadas son otra cosa; son las que insisten en preguntar cuando el organismo lleva siglos habituado a las respuestas. Las que sienten la contradicción como una herida cuando el resto la ha convertido en paisaje. Las que, contra toda lógica de supervivencia, se reproducen despacio, contra corriente. Y sin garantías. Son eso que llamamos ética. Y conviene no romantizarlo demasiado.

El que ve lúcidamente no recibe medalla. Las medallas son para los que miran hacia otro lado con elegancia.

Camus lo supo cuando aún escucharle no estaba de moda: la lucidez no es heroísmo, es una forma de intemperie. El que ve no queda iluminado sobre una colina; queda expuesto. Incómodo para los demás e incómodo para sí mismo, porque ver sin poder remediar del todo es una condena.
El organismo expulsa al lúcido por instinto. Por la misma razón que el cuerpo ataca a las células que no reconoce; no es que sean enemigas, sino que no encajan en el patrón que lo mantiene vivo.

Y Gary, -querido Romain Gary-, con esa ternura suya que nunca es blanda porque nunca mira hacia otro lado, diría de las células raras que son "ternura". Que es más difícil, porque implica comprender también al organismo que las expulsa. Implica sostener al mismo tiempo la rabia y la compasión, el juicio y el amor, la denuncia y el abrazo.

Mi La Patrulla Perdida, que es la Humanidad, camina ciega. Y esa ceguera necesita, para seguir marchando, las dos cosas: ser nombrada en su contradicción y ser querida dentro de ella.

Porque la ceguera no es sólo política ni sólo moral.
Es también la que construimos sobre colecciones de seguridades para no vivir en la intemperie de la duda.
La ceguera. La que llamamos amor cuando es necesidad.
La que llamamos convicción cuando es miedo a revisar.
La que el temperamento natural negocia cada día con el carácter que la cultura nos fue bordando encima.

La ética, en ese contexto, no es la norma. Es la anomalía que pregunta si la norma vale la pena, y lo hace con la única herramienta de quien sabe que no sabe: la duda.
La incertidumbre esculpe en tanto que la seguridad fosiliza. Porque la duda nos esculpe.

Las células equivocadas no van a salvar al organismo. Pero son las únicas que saben que está enfermo.

#palestinalibreysoberana #duda #Gary #anomalía
#DerechosHumanos #ética #Romain Gary
#HaciaLasEstrellas #Camus #Humanidad

Imagen: Uso Libre

No hay comentarios: