Carta para la oficial terrestre Elara Xylar
Estación Estelar del Planeta Keleris-----------------------------------------------------
Querida Elara:
Te escribo desde el lugar que los humanos llamáis Europa, aunque, permíteme, el nombre suena más a promesa que a descripción. Como sabes, es la extensión de tierra donde el cielo se enturbia de humo y de retórica casi en igual medida, y donde esta semana ha ocurrido algo que no sé muy bien cómo contarte sin que parezca un error de traducción.
Han celebrado lo que llaman el G7. Siete países representados por siete personas —cinco hombres y dos mujeres, dato que ellos mismos anotan con cierto orgullo, como quien señala que ha dejado de llover durante el funeral—.
Hablaron de seguridad durante horas. En Lucidán no tenemos una palabra exacta para eso; lo más cercano sería "vantrak", que significa algo así como decreto que se dicta a sí mismo. La seguridad como incantación. Como si nombrarla con suficiente solemnidad la convocara.
Lo que acordaron, querida colega, fue construir campamentos de contención para quienes huyen del calor, de la guerra, del hambre. Del calor que ellos mismos, en reuniones anteriores muy parecidas a esta, contribuyeron a producir. No sé si en tus estudios sobre civilizaciones tipo III has encontrado algo equivalente. Yo no. O quizá sí, pero en los archivos clasificados que a los alumnos de primer ciclo no nos dejaban consultar.
En Lucidán, cuando el norte se volvió inhabitable, los del sur no preguntaron ¿por qué vienen? Preguntaron: ¿QUÉ NECESITAN?
Hubo reuniones también. Largas, incómodas, con gente que gritaba. Pero la pregunta de partida era distinta, y eso, al final, lo cambió todo.
Aquí la pregunta es otra.
Me resulta difícil explicarte la lógica. He visto una de vuestras películas proféticas —mediocre, pero honesta en su torpeza—, titulada "El día de mañana". En ella, los habitantes del norte, congelados por una transformación climática descomunal, son rescatados por quienes habían despreciado previamente.
El Presidente, que había negado durante años lo evidente, pronuncia un discurso de redención ante las cámaras. La sala aplaude. Fin.
Y pienso: ¿será que el cine les resulta más tolerable que la vida porque en el cine la vergüenza dura apenas dos horas?
Lo que me desconcierta, Elara —y esto no sé cómo formularlo sin que suene a ingenuidad de recién llegada— es que no entiendo el olvido. No el olvido de los datos; esos, también. Sino el olvido de algo más antiguo: que estáis mezclados desde siempre. Que vuestro ADN es un palimpsesto de migraciones, de préstamos genéticos, de encuentros y que os hicieron posibles.
En Lucidán decimos que el mestizaje es la memoria del Universo.
Y aquí en tu planeta parece que esa memoria se archiva en algún cajón y se abre solo en los documentales de divulgación.
En la Cumbre, Francia estuvo vacilando y al final permitió que el lenguaje cruel se instalara en el comunicado sin demasiada resistencia.
No lo digo con indignación —ya sabes que eso no es mi estilo—. Lo digo con esa extraña tristeza que se siente cuando alguien que podría hacerlo mejor elige, con toda deliberación, no hacerlo.
Pero hay aquí personas que sí perciben la fragilidad. Que leen las señales que manda el Planeta con algo parecido a lo que nosotros llamaríamos escucha. No son mayoría en los comunicados, pero existen.
Me pregunto si es cuestión de perspicacia o simplemente de haber estado alguna vez en el lugar equivocado en el momento equivocado, que es a veces la única escuela que realmente enseña.
Sigo observando. Te mando más notas la semana que viene si la conexión lo permite.
Un abrazo desde este rincón de tu peculiar Planeta.
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Oficial de estudio Kael Vandor
Misión de observación terrestre, sector Europa occidental
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