28 jun 2026

 


Desde un análisis de la integridad ética, lo que estamos presenciando es la erosión de las "reglas del juego". La democracia requiere que el perdedor (sería Sánchez) acepte la derrota y que el ganador (sería Feijóo) acepte la alternancia.

Pero si la oposición juega a "matar" al rival y el sistema judicial se convierte en cómplice y campo de batalla, la democracia deja de ser un pacto de convivencia para convertirse en un estado de guerra permanente.

En este escenario, el líder queda atrapado en una paradoja: para sobrevivir, debe resistir la ofensiva; pero al resistir, alimenta la narrativa de la oposición de que está "atrincherado", lo que justifica nuevas ofensivas. Es un círculo vicioso de deslegitimación.

Por lo tanto, estamos asistiendo a la transición de la política como competencia, a la política como guerra de aniquilación.

Porque cuando un sector político deja de ver el poder como una responsabilidad temporal delegada por el ciudadano y empieza a verlo como un derecho de propiedad, -repito: como una propiedad- el juego cambia radicalmente.
Si el poder es "mío", perderlo no es una derrota democrática, es una pérdida de existencia. Y en esa lógica, cualquier medio para evitar la pérdida -o para destruir al rival que la ha obtenido- se vuelve "legítimo".

Feijóo se está convirtiendo en el nuevo Bolsonaro. Y cuando todo se aclare -que sucederá- espero que acabe igual que él: 27 años de prisión, sin poder salir de su casa, con un localizador en el tobillo y gagá perdido.

#política basura #Bolsonaro #Feijóo

Imagen: Uso Libre

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