Desde un análisis de la integridad ética, lo que estamos presenciando es la erosión de las "reglas del juego". La democracia requiere que el perdedor (sería Sánchez) acepte la derrota y que el ganador (sería Feijóo) acepte la alternancia.
Pero si la oposición juega a "matar" al rival y el sistema judicial se convierte en cómplice y campo de batalla, la democracia deja de ser un pacto de convivencia para convertirse en un estado de guerra permanente.En este escenario, el líder queda atrapado en una paradoja: para sobrevivir, debe resistir la ofensiva; pero al resistir, alimenta la narrativa de la oposición de que está "atrincherado", lo que justifica nuevas ofensivas. Es un círculo vicioso de deslegitimación.
Por lo tanto, estamos asistiendo a la transición de la política como competencia, a la política como guerra de aniquilación.
Porque cuando un sector político deja de ver el poder como una responsabilidad temporal delegada por el ciudadano y empieza a verlo como un derecho de propiedad, -repito: como una propiedad- el juego cambia radicalmente.
Si el poder es "mío", perderlo no es una derrota democrática, es una pérdida de existencia. Y en esa lógica, cualquier medio para evitar la pérdida -o para destruir al rival que la ha obtenido- se vuelve "legítimo".
Feijóo se está convirtiendo en el nuevo Bolsonaro. Y cuando todo se aclare -que sucederá- espero que acabe igual que él: 27 años de prisión, sin poder salir de su casa, con un localizador en el tobillo y gagá perdido.
#política basura #Bolsonaro #Feijóo
Imagen: Uso Libre
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