Estoy pensando que los grupos que critican el poder desde
fuera, cuando obtienen una parcela de él, suelen reproducir los mismos vicios
que denunciaban. Imagino que debe de ser por una especie de termodinámica
social: la energía necesaria para mantener la cohesión del grupo exige
simplificar el mensaje.
¿Y la simplificación no es ya una primera forma de
deshonestidad?
Hay en el grupo pequeño una percepción de inocencia respecto
a sí mismo: se cree que su reducido tamaño lo protege de la degradación. Pero
el poder no es una cuestión de escala; es cuestión de relación. Ocurre incluso
con tres personas.
Para mantener al grupo unido hay que decir lo que los demás
quieren oír. Eso significa matizar menos, afirmar más; hace falta convertir las
dudas en certezas y éstas en consignas.
La complejidad es demasiado incómoda de arrastrar, tanto que la mayoría
prefiere consignas cómodas.
Quizá la deshonestidad es eso: un lubricante
social.
Pero cuando solo te rodeas de quienes piensan como tú,
cualquier discrepancia se vive como traición. Se activa un mecanismo que llamo
"eco de grupo", una especie de resonancia confirmatoria. Entonces,
para evitar la traición, se adelanta la expulsión del discrepante y el círculo
se cierra.
Y aparece una herida en la virtud: cuanto más se proclama la
solidez de los principios, más se ocultan las renuncias que se han hecho para
mantener el poder. Es una herida que sangra deshonestidad hacia dentro. El
poder tiene sus propias leyes; una de ellas es que la autopercepción virtuosa
es el mejor escudo contra la autocrítica.
En román paladino: mentirse a uno
mismo sobre lo que se ha sacrificado.
Imagen propia. Uso libre.
#PalestinaLibre
#NoALaGuerra
#poder #traicion #virtud
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