15 oct 2026

Descubrir la trampa para no caer en ella


La Humanidad es una patrulla perdida



Somos una especie que parece buscar su autodestrucción, cada cierto tiempo. Analizando nuestra historia, desde la antigüedad hasta la era nuclear y la crisis climática actual, se vislumbra un patrón recurrente donde nuestros mayores avances tecnológicos y organizativos terminan generando los medios para nuestra propia ruina.

Y conscientes del peligro, a diferencia de las dinámicas autodestructivas puramente instintivas, la humanidad tiene una capacidad única para la autoconciencia y la corrección de rumbo; para ello hemos creado instituciones internacionales, tratados de desarme, diplomacia y movimientos globales de preservación, precisamente, porque reconocemos ese peligro cíclico.

Aunque se ha hecho trampa: son instituciones diseñadas con "puertas traseras". Son frágiles por haberlas dotado muy convenientemente con vetos, vacíos legales y débiles mecanismos de cumplimiento. Y es que, a menudo, quienes manejan el poder diseñan las reglas del juego, asegurándose de que, si la estructura llegase a frenar sus intereses geopolíticos y económicos, exista un mecanismo para ignorarla o soslayarla. Es la paradoja de intentar contener el poder utilizando instrumentos creados por ese mismo poder.

Cuando afirmo que la Humanidad es una patrulla perdida, pienso que no voy desencaminada. Y si somos así ante lo pequeño y familiar, ¿cómo no vamos a ser igual de mezquinos ante lo grande? Justo ahora, en España, en pequeño, estamos asistiendo a la autodestrucción de grupos de la izquierda en uno de los momentos más amenazantes y peligrosos desde hace un siglo con el surgimiento del fascismo en Europa, que tuvo las fatales consecuencias que la mayoría conocemos. Hay una resistencia que carece de honestidad. Es un juego donde unos y otros hacen trampa consigo mismos: cinismos y falsedades dichas en voz baja y muy estudiadas, vetos y una debilidad estructural que, al final, condena a la insignificancia. El mismo desgarro que parte a las grandes familias. Aunque quienes manejan algún poder redactan ad hoc las reglas del juego para asegurarse el derecho a la excepción. El modelo se repite en todas las escalas. Lo que ocurre en España no es una anomalía: es una manifestación local de un patrón universal.

Conocemos el peligro y, en un acto de rebelión contra nuestro propio destino, realizamos un esfuerzo desesperado para imponer orden y justicia sobre el caos que nosotros mismos generamos; y mayores logros, que debían liberarnos, terminan construyendo los muros de nuestra propia prisión.

Porque la civilización hizo algo más que darnos herramientas para engañar. Nos dio la posibilidad de engañarnos a nosotros mismos: construimos mundos inventados, mapas que no corresponden al territorio, realidades paralelas donde la trampa es una forma de vida y no un error.

Es la contradicción de nuestra condición: el mismo ingenio creador que erradica el dolor, inventa el arte o desafía al cosmos, es el que perfecciona el crimen masivo y fractura el equilibrio del planeta.

Y en el fondo de todo arde el drama del alma humana: la impotencia ante la autodestrucción y la desolación ante la traición de la propia razó

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#HaciaLasEstrellas

Imagen: uso libre

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