Echo mucho de menos a Julio Anguita. Me encantaba su sistema de explicar para entender, no para ganar la discusión.
En debates en los que participo de vez en cuando, he creído identificar un mecanismo muy frecuente en política y en debates políticos, también en el campo progresista: el miedo como argumento de retención. Y un patrón: la asimetría. Por ejemplo: ante una misma decisión, se ataca, sobre todo, a Sumar, también a Comuns, pero no a Compromís ni a Adelante Andalucía.Díaz y Colau. ¿Qué las une?: que ambas se sacudieron la tutela que las atenazaba. A través de la crítica feroz se les exige lealtad, como si la deuda no se hubiese pagado hace tiempo.
No suelo ser crítica con los gobiernos progresistas cuando están en el poder, de no ser que lo estén haciendo muy mal y, desde luego, no lo hago con el afán de añadir la leña al fuego que otros encienden con tanto gusto.
Me encuentro y me siento dentro del sistema que describo, y por eso también estoy exponiendo mi vulnerabilidad en los debates. Pienso que eso añade peso al diagnóstico porque no estoy describiendo a otros. Mi compromiso es intelectual y emocional.
En definitiva: me importa.
Apelo constantemente al cuidado y la cooperación como raíz de la ética, y no aparecen como elementos para medir el grado de legitimidad de un argumento político. Esos aspectos son mis coordenadas biológicas (humana y animal), gracias a las cuales he logrado situarme en la existencia.
Aprendí muy pronto que un argumento que necesita del miedo para funcionar no es un argumento: es una táctica de reclutamiento. O de seducción. O de sumisión. Según qué contextos.
En los debates políticos, en cuanto abro la boca muchas veces encuentro un “nosotros” (“ellos”, para mí) y un “tú” (yo). Por supuesto me refiero a defensores y militantes de Podemos. No importa si simpatizo, si voto o no al partido. Hablando conmigo se nota enseguida mi color político, aunque no consiguen hacer de mi la pieza del puzle que va a encajar en su imagen formada de antemano.
Por ejemplo: eres o "de los nuestros" o "de Sumar" o "del PSOE". No hay tercera opción. No cabe la discrepancia. Ni la crítica fundamentada constructiva. De modo que no encajas. Entonces te empujan: “si no votas así, regalas el escaño a la derecha”. Fin del debate.
Pero ese empujón no busca que yo entienda algo; pretende que me quede. Presiona para que no dude. Que sienta algo así como que “si no paso por ese aro, ocurrirá algo terrible”.
Y la diferencia es que cuando les estoy ofreciendo comprensión, a cambio pido sinceridad y honestidad. Es decir, es un “entiendo por qué lo hiciste, aunque no esté de acuerdo contigo”. O lo que es lo mismo: es dirigirte a personas inteligentes que respetas y te comprenden.
¿Qué respuesta obtengo ante mis razonamientos? Retención: “estás traicionando la causa”, recurren al victimismo y a la amenaza de “las derechas y sus secuaces, que nos machacaron a nosotros, te van a aplastar a ti también”.
Y tras eso hay un telón de fondo muy grueso. Es lo que me llama la atención porque lo utilizan todos. Y no es solo el ataque a la persona -que es lo más fácil y lo menos productivo-, sino el mecanismo que lo mantiene: el miedo.
Es el argumento más viejo del mundo que, intentando disipar las dudas, las tapona. El razonamiento que no convence, pero sí amedrenta. Y va dirigido a los indecisos, a los críticos, a los que exigen, al que escucha y, en definitiva, a quien va a cooperar contigo entregándote su confianza en las urnas.
Y aquí viene lo que de verdad me importa, porque es lo que me ha hecho pensar en esto más allá del ruido de un martes cualquiera o un miércoles lluvioso: la cooperación y el cuidado no son un adorno ético que nos concedimos cuando ya estábamos civilizados. Son el fundamento. Somos una especie que se hizo humana cuidando a los suyos, compartiendo el fuego, vigilando la noche por turnos. La ética que hoy conocemos hunde sus raíces ahí, en ese gesto anterior a cualquier sigla, a cualquier papeleta, a cualquier convocatoria de primarias.
Y un espacio político que necesita del miedo para retener a los suyos está renunciando a ese fundamento. Porque el cuidado no se impone; se practica. Y quien amenaza con el apocalipsis a quien duda está reclutando.
No pido a nadie que deje de defender lo que cree. Sugiero que lo haga sin convertir la emancipación en traición, y sin hacer del miedo el argumento.
Buenas tardes tripulantes.
#palestina #Anguita #Sumar #Díaz
#DerechosHumanos #Podemos #miedo
#HaciaLasEstrellas #retención #Culau
Imagen: uso libre

No hay comentarios:
Publicar un comentario