Extremestiza. El nombrecito ya se las trae.
Nacho Cano dice que "México existe porque está Cortés". Uff... Tanta estupidez —bien pagada— me abruma.Por su parte, Guardiola utiliza la ignorancia como método; en esto, en nada se diferencia de su homóloga madrileña. Dice que la historia "no puede ser un ajuste de cuentas" y que cada época tiene "sus grandezas y sus contradicciones". Frase cómoda, de esas que suenan a ecuanimidad y sirven para no decir nada. Porque no se trata de ajustar cuentas: se trata de medir con la misma vara. Y esa vara, en el relato de ese Instituto, es pequeña, mediocre y está empapada de una ignorancia que no es inocente.
El disparate no es solo político, es epistemológico: la vieja costumbre de confundir "lo que yo conozco" con "lo que existe", y "lo que yo valoro" con "lo que tiene valor". Una costumbre que ha justificado genocidios, expolios y siglos de dominación, y que hoy, con el mismo mecanismo, pretende venderse como "celebración de la diversidad".
Un Instituto del Mestizaje que no sea capaz de sentarse ante las civilizaciones americanas con humildad y rigor —sin el condicionante de que el resultado final sea el elogio de quien llegó con las espadas— no es un instituto: es un espejo cóncavo. Solo devuelve, agrandada, la imagen de quien lo financia.
Pero la historia no es un espejo cóncavo. Es un espejo de mar que refleja el cielo; un cielo que ha sido testigo de un hecho inapelable: Tenochtitlán existía cuando Cortés llegó. Y existían los mayas, con su escritura y astronomía. Y los incas, con su red de caminos. Existían lenguas, medicinas, arquitecturas, sistemas de escritura. Todo eso existía antes con tal complejidad, que las varas de la ignorancia y de la mala fe no son capaces de medir.
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Imagen: Uso Libre
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