Cuando España expresa su no, está diciendo
NO: a ceder su suelo para una guerra ajena.
NO: a doblar la rodilla ante quien exige obediencia, como si el derecho internacional fuera una pequeña cláusula en un insignificante contrato inmobiliario.
Trump, el amenazador en serie. Y Europa se ha partido.
La Unión Europea pide "respeto al derecho internacional" con una tibieza que no engaña a nadie. Cuando los analistas hablan de "pérdida de influencia", olvidan lo esencial: la influencia no se pierde por no tener ejército, se pierde por no tener voz propia.
Alemania, Francia y Reino Unido apoyan la ofensiva; unos con entusiasmo y otros con matices que no ocultan el fondo. Bélgica y Portugal dicen no al ataque, pero condenan un régimen, el mismo que tienen muchos países de la región con los que tienen tratos estrechos sin problemas. Y España dice NO; no me canso de repetirlo. Punto pelota. Sin matices, sin dobleces. Le ha echado arrestos ante las exigencias de un anciano niñato loco y muy peligroso. Estoy orgullosa. Cívicamente orgullosa.
En medio de todo eso, ha quedado al descubierto una verdad incómoda: las bases militares nunca son sólo infraestructuras. Esas bases nos hacen preguntarnos cada poco, y en silencio, acerca quién manda realmente en casa.Porque hay momentos en que la soberanía no tiene ideología: o se defiende o se entrega. Quiero que conste que no soy seguidora de Sánchez, ni de nadie. Soy independiente -del 15M-, de esa manera en que la lucha contra mis prejuicios y mi ignorancia de las cosas me permiten serlo.
Si algo aprendí de pequeña con Star Trek es que la auténtica unidad no exige sumisión. Exige algo que en la realidad actual parece ser muy difícil: principios comunes defendidos en libertad. Unos principios muy valiosos que hoy, tristemente, están ausentes.#palestinalibreysoberana
1 comentario:
Estoy fundamentalmente de acuerdo con tu escrito. Y, por ello, me gustaría plantear algunas observaciones:
1. España NO es algo monolítico (ya nos jode cuando las mayorías son de otra ideología... no tropecemos en la misma piedra). Por lo tanto (y desde mi punto de vista de forma penosa) no TODA España dice NO: sólo una parte. Y cuando la posición oficial fue un "Sí" a la invasión de Irak en contra de una (creo) mayoría popular que defendía el "No a la guerra", decíamos que no era España, "sólo el gobierno".
2. Tratar de "ajena" a esta guerra me parece más débil moralmente que tratarla de lo que me parece: "hipócrita", porque, en lo esencial (y como dices en tu escrito), los países del Golfo Pérsico están constituidos por sociedades que limitan gravemente los derechos fundamentales (al igual que otras dictaduras, teocracias y autocracias). Y sólo el interés geopolítico permite (in)explicar que a algunas se las bombardee y a otras se las considere aliadas (¿de Occidente?).
3. La influencia también se pierde por no tener suficiente ejército leal al pueblo (II República Española, Mosaddeq, Lumumba, Allende y un largo etcétera ["Por el bien del imperio" de Josep Fontana]).
4. Las alianzas militares DEFENSIVAS (también las económicas), me parecen cada vez más necesarias para las potencias medias respetuosas con el derecho internacional (como expuso, con una honestidad cada vez más residual, Mark Carney). Por eso no estoy en contra de bases militares conjuntas (aunque preferiría con mucha diferencia que fueran entre países europeos).
Y eso es todo.
Seguiré leyéndote.
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