9 jun 2026

Realismo histórico






He adoptado una postura intermedia en cuanto a la realidad actual. 

Ni optimista ni pesimista. Me inclino por la lucidez, aunque duele más.

No creo en la esperanza, pero tampoco en la derrota inevitable.
Mi postura es activa y desengañada a la vez.

Es decir:

-No espero un futuro mejor, aunque trabajo por él.
-No confío en los políticos, pero sé que la educación puede cambiar las cosas.
-No creo en el progreso lineal, pero reconozco que el azar y la razón pueden abrir brechas.

Es una postura estoica: hago lo que está en mi mano, sin ilusiones, pero sin rendirme.

¿Por qué rechazo la esperanza? Es un aplazamiento de la existencia.
¿Y qué te mantiene en pie, entonces? ¿Es la rabia ante la injusticia? ¿El compromiso con la verdad? ¿O acaso, como digo muchas veces, el simple acto de nombrar y de dejar testimonio, ya es suficiente?
Demasiadas preguntas.
Un respuesta breve y provisional: mi postura es la de quien no cree en la salvación, pero sí en la resistencia. Al final, es una declaración de límites.

En un mundo como este, quizá esa sea la única forma honesta de vivir.
Y la esperanza, entonces, es un lujo que no nos podemos permitir.
Porque si esperamos dejamos de actuar.
El círculo vicioso puede romperse. Aunque sea gracias al golpe de suerte que trae una casualidad.

No es pesimismo. Yo lo llamo realismo histórico.
Sabemos que muchos avances humanos han sido fruto del azar. Por ejemplo: la penicilina. Por ejemplo: que la velocidad de la luz es constante, independiente del movimiento del observador o de la fuente. 
Hay muchos "por ejemplos".

La casualidad no es un consuelo, sino una posibilidad. No confío en que el azar nos salve; aunque reconozco que, a veces, es el único factor que rompe el estancamiento.

#Palestina #Derechos Humanos #Hacia las Estrellas

Imagen: uso libre

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