12 jul. 2009

Un alma saludable


Fotografía:Web

En un libro de recopilación de textos he encontrado un fragmento precioso y conmovedor de uno de mis filósofos favoritos: Bertrand Russell.


Para qué he vivido

" Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación. He buscado el amor; primero, porque conduce al éxtasis, un éxtasis tan grande, que a menudo hubiera sacrificado el resto de mi existencia por unas horas de este gozo. Lo he buscado, en segundo lugar, porque alivia la soledad, esa terrible soledad en que una conciencia trémula se asoma al borde del mundo para otear el frío e insondable abismo sin vida. Lo he buscado, finalmente, porque en la unión del amor he visto, en una miniatura mística, la visión anticipada del cielo que han imaginado santos y poetas. Esto era lo que buscaba, y, aunque pudiera parecer demasiado bueno para esta vida humana, esto es lo que -al fin- he hallado. Con igual pasión he buscado el conocimiento. He deseado entender el corazón de los hombres. He deseado saber por qué brillan las estrellas. Y he tratado de aprehender el poder pitagórico en virtud del cual el número domina al flujo. Algo de esto he logrado, aunque no mucho. El amor y el conocimiento, en la medida en que ambos eran posibles, me transportaban hacia el cielo. Pero siempre la piedad me hacía volver a la tierra. Resuena en mi corazón el eco de gritos de dolor. Niños hambrientos, víctimas torturadas por opresores, ancianos desvalidos, carga odiosa para sus hijos, y todo un mundo de soledad, pobreza y dolor convierten en una burla lo que debería ser la existencia humana. Deseo ardientemente aliviar el mal, pero no puedo, y yo también sufro. Ésta ha sido mi vida. La he hallado digna de vivirse, y con gusto volvería a vivirla si se me ofreciese la oportunidad ."


Bertrand Russell

Autobiografía, 1967.

4 jul. 2009

Ceniza amarga


Tanto tiempo llevándose puesto, que a veces le costaba verse como algo nuevo. Había momentos en los que sentía el dominio de los hábitos civilizados, aunque, no por mucho rato: el tedio, como una ola que golpea esos fondos enquistados, hacía crujir su postizo armazón cultural. La flojera del hambre -qué frágil diseño- le creaba obligaciones; también, la colmena, con su gordinflona reina, sus zánganos y su música de reconocimientos: sobre sus pompas habrían de caer -y herir- sus deseos. Intentaba concentrarse y se esforzaba hacia la existencia; pero sin agregar tutelas ni préstamos, ¡imposible! No se habían editado las palabras que pusieran a la suya un nombre exacto. Su casa, donde diariamente surgían el alba y el ocaso, como dos latidos distintos de una misma lumbre; donde más él había. Tanto tiempo consigo y vivió solo, junto a los residuos de un sueño.